La guerra de Corea es el primer conflicto de gran intensidad enmarcado en la denominada Guerra Fría: el periodo de confrontación política, e ideológica, entre los EE. UU., y la URSS, que se desarrolló, a nivel mundial, entre 1945 y 1991. El conflicto en la Península de Corea se originó a raíz de la separación artificial del territorio en dos nuevos países con ideologías antagónicas: Corea del Norte, dominada por la ideología comunista y Corea del Sur, de ideología liberal. El intento norcoreano de reunificar ambas Coreas en un solo país, por la vía militar, ocasionó una sangrienta guerra civil que devastó el país y provocó miles de muertos y heridos. Además de esto, la guerra de Corea significó el primer gran fracaso para la ONU, como organización internacional encargada de preservar la paz mundial, y, también, el primer revés militar de EE. UU. en el siglo XX, tras la entrada de China en el conflicto. Por desgracia, hoy en día Corea sigue dividida en dos bandos enfrentados, como si la Guerra Fría no hubiera finalizado. Una situación que es especialmente grave en Corea del Norte, un país que sigue bajo el yugo de un despótico régimen comunista.

Civiles coreanos huyendo de la guerra
Civiles coreanos huyendo de la guerra

Corea era un antiguo reino asiático que fue ocupado y anexionado por Japón en 1910. El 8 de agosto de 1945, durante los últimos momentos de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), las tropas de la URSS entraron en Corea para liberar el país de la ocupación japonesa. Dos días después, el 10 de agosto, ante el temor de que los soviéticos convirtieran Corea en un estado comunista dependiente de Moscú, las tropas de Estados Unidos desembarcaron en el sur del país, con el mismo pretexto de liberar Corea. Días después, el 15 de agosto de 1945, Japón se rendía incondicionalmente y la Segunda Guerra Mundial llegaba a su fin.

Pero, en Corea, el fin de la guerra significó también la división del país en dos zonas de ocupación distintas, y separadas artificialmente por el paralelo 38º. Al norte del paralelo 38º se estacionaron las tropas de ocupación soviéticas y, al sur, los norteamericanos. Para poner fin a esta extraña situación, los aliados acordaron unificar de nuevo Corea en un solo país, celebrando para ello elecciones democráticas en 1948. Sin embargo, el estallido de la “Guerra Fría” entre EE. UU. y la URSS, y las tensiones políticas entre los comunistas del norte del país y los pro-occidentales del sur impidieron dicha reunificación y en 1948 Corea acabó finalmente dividida en dos estados independientes y soberanos cuyas respectivas fronteras seguían la antigua demarcación del paralelo 38º.

Al norte del paralelo 38º surgió la República Democrática Popular de Corea, (denominada también simplemente como Corea del Norte), una dictadura comunista dirigida por el tenaz líder Kim Il Sung: un antiguo guerrillero comunista que había combatido a los japoneses en China y que era un firme aliado del líder soviético; Joseph Stalin.

Al sur del paralelo 38º, se creó el estado nacionalista, y pro-occidental, de la República de Corea (conocida también como “Corea del Sur”), un estado que pretendía ser democrático, pero en al que, el triunfador de las elecciones de 1948; el nacionalista cristiano Syngman Rhee, acabó convirtiendo una dictadura de corte nacionalista, con el beneplácito de EE. UU.

La división de Corea en dos duros estados dictatoriales de ideologías opuestas ocasionó la división de las familias coreanas y la pérdida de su antigua identidad e idiosincrasia convirtiéndose, al igual que Alemania en Europa, en un frente de la “Guerra Fría” entre EE. UU. y la URSS, en una pieza de la partida de ajedrez que jugaban a nivel mundial ambas superpotencias.

Mapa Corea
Mapa, en inglés, del conflicto

El 1 de octubre de 1949, el partido comunista chino, liderado por Mao Tse Tung, culminó su movimiento revolucionario, y tomaba el poder en China, ocasionando que los nacionalistas chinos se tuviesen que refugiar en la isla de Taiwán, y que el equilibrio de potencias asiático se decantara a favor del bloque comunista. Tras estos acontecimientos, EEUU se mostró decidido a frenar la expansión del comunismo por Asia y por ello decidió mantener a sus tropas en Corea del Sur para apoyar al presidente Syngman Rhee en su dura y sangrienta represión del comunismo. Por su parte, Kim Il Sung, el líder de Corea del Norte, pretendía reunificar Corea en un único país gobernado por el Partido Comunista. Para lograr sus fines, Kim Il Sung solicitó a Stalin que la URSS les prestara apoyo armamentístico y financiero con el cual iniciar una campaña militar contra Corea del Sur. Stalin deseaba mantener la influencia del comunismo soviético en el sudeste de Asia, sobre todo ahora que el comunismo chino comenzaba a rivalizar con la URSS, y de paso averiguar hasta donde estaba dispuesto a llegar EE. UU. en su respuesta militar. Por todo ello, Stalin se comprometió a apoyar a Corea del Norte en su invasión de Corea del Sur. Tras conseguir el apoyo de la URSS, Kim Il Sung soltó a los perros de la guerra y se inició una contienda que bañaría en sangre a toda Corea.

El 25 de junio de 1950, las tropas norcoreanas cruzaron el paralelo 38º y avanzaron arrolladoramente hacia el sur, derrotando fácilmente al ejército surcoreano, gracias a su mejor entrenamiento militar y al armamento soviético brindado por Stalin. La debacle de las fuerzas surcoreanas ocasionó que Seúl, la capital de Corea del Sur, cayera el 27 de junio. Semanas más tarde la mayor parte de Corea del Sur había caído en manos norcoreanas y el frente sólo se logró estabilizar en la zona de la ciudad portuaria de Pusan, gracias a la heroica resistencia de las tropas norteamericanas que había en el país. A finales del verano el ejército de 100.000 hombres de Corea del Sur había visto reducido su número a la mitad, debido al gran número de bajas sufridas en los combates con los tenaces norcoreanos. Los norteamericanos destacados en Corea no estaban preparados para una contienda de ese nivel y sufrieron mucho para resistir en el perímetro de defensa de Pusan, pero gracias a la valentía y la gran preparación militar de los “marines” estadounidenses destacados en la zona y al aprovisionamiento aéreo que les proporcionaba la fuerza aérea de EE. UU., la mezcolanza de tropas norteamericanas del 8º ejército y tropas surcoreanas cercadas en Pusan logró aguantar la embestida norcoreana y resistir.

Mientras las tropas de tierra sufrían tal debacle, el poder aéreo estadounidense, constituido por la “Fuerza Aérea del Lejano Oriente” (FEAF) y la “5ª Fuerza Aérea” con base en Corea, logró obtener decisivas victorias, al destruir rápidamente a gran parte de la fuerza aérea de Corea del Norte, obteniendo con ello la superioridad aérea en la zona y pudiendo así abastecer a las tropas cercadas en Pusan y apoyarlas con bombardeos tácticos. Además del apoyo aéreo cercano que la “5ª Fuerza Aérea” prestaba a las fuerzas terrestres de Pusan, el “Mando de Bombarderos” de la FEAF empezó a bombardear Corea del Norte como represalia. Gracias a las victorias áreas y al valor de los “Marines” el ataque norcoreano fue detenido hasta que llegaron los refuerzos militares de EE. UU. y el frente se estabilizó.

La primera reacción norteamericana ante el ataque de Corea fue de sorpresa, ya que el gobierno no creyó en los informes de la CIA que advertían de un posible ataque norcoreano. Pero tras la sorpresa inicial, el presidente Truman, siguiendo su doctrina de detener el comunismo allá donde se expandiera, decidió apoyar militarmente a Corea del Sur, enviando la 7ª flota a Taiwán y movilizando a las tropas de ocupación que EEUU mantenía en Japón bajo el mando del experimentado general Douglas Mac Arthur, jefe de las fuerzas norteamericanas en el Pacífico y un personaje que clave en la victoria sobre Japón en la Segunda Guerra Mundial. La cercanía entre Japón y Corea permitió que los norteamericanos pudieran mandaran rápidamente refuerzos a Corea.

Las potencias occidentales apoyaron a EEUU en sus medidas militares y llevaron el caso de la agresión norcoreana al Consejo de Seguridad de la Organización de Naciones Unidas (ONU), el cual condenó el ataque norcoreano y mandó tropas de 15 países miembros para que se sumasen a las de EE. UU. y liberaran Corea del Sur de la invasión comunista. A las fuerzas de Mac Arthur se unieron las de Australia, Nueva Zelanda, el Reino Unido, Francia, Canadá, Sudáfrica, Turquía, Tailandia, Grecia, Holanda, Etiopía, Colombia, Filipinas, Bélgica, y Luxemburgo.

El despliegue de la ONU y EE. UU. tenía como objetivo liberar Corea del Sur de tropas norcoreanas. La dura presión norcoreana sobre el perímetro de Pusan condenaba a las naciones aliadas a una costosa guerra de trincheras e impedía iniciar una ofensiva de gran envergadura en la zona que permitiera a los soldados aliados obtener la iniciativa en la guerra. Ante ese panorama, el general MacArthur, comandante en jefe de las tropas de la coalición, ideó una brillante estrategia: desembarcar en el puerto de Inchon, en territorio enemigo, para atacar a los norcoreanos por la retaguardia, y destruir su ejército. El plan de MacArthur era muy arriesgado, ya que un fracaso en la operación supondría, como poco, alargar en varios años la guerra, y, como mucho, llegar incluso a perderla. Pero la maestría de MacArthur y su experiencia militar permitieron que las tropas de la ONU tomasen por sorpresa a los norcoreanos, y consiguieron una gran victoria al tomar rápidamente el puerto, pobremente defendido, de Inchon. Después del desembarco de Inchon los norcoreanos se sumieron en un completo caos, al ver cortadas sus líneas de suministro y ser amenazados por las tropas aliadas que tenían a retaguardia, teniendo que abandonar el asedio a Pusan para retirarse rápidamente a Corea del Norte y evitar así ser cercados por las tropas aliadas.

Las tropas de ONU que habían estado encerradas en el “Perímetro de Pusan” avanzaron hacia el norte para enlazar con sus compañeros en Inchon, liberando a su paso Corea del Sur, expulsando a los norcoreanos al norte del paralelo 38º. El objetivo legítimo de liberar Corea del Sur había sido todo un éxito, pero los norteamericanos querían proseguir la guerra invadiendo Corea del Norte y unificar toda Corea bajo el mando del dictador Syngman Rhee. El General Mac Arthur, quizás engreído por su gran éxito, pensaba incluso que a la futura victoria sobre Corea del Norte debía seguir el ataque a la China comunista y liberar Asia del comunismo. A finales del mes de octubre de 1950 las fuerzas de la ONU habían obligado a los norcoreanos a retroceder hasta la frontera norte de Corea del Norte, diezmando sus fuerzas aéreas y terrestres. El 19 de octubre, las tropas de la ONU culminaron su avance y tomaron Pyongyang, la capital de Corea del Norte.

Prisioneros Norcoreanos
Prisioneros Norcoreanos

La aproximación de los aliados a la frontera entre Corea del Norte y China puso en estado de alerta a los comunistas chinos, los cuales habían advertido reiteradas veces que, si las tropas de la ONU sobrepasaban la frontera del río Yalu, ellos se sentirían amenazados y, actuarían en consecuencia. Mao Tse Tung temía que si Corea del Norte caía, EE. UU., pudiese atacar en el futuro a China, con el apoyo de los nacionalistas chinos refugiados en Taiwán. Sintiéndose amenazado, Mao pidió ayuda a Stalin, pero éste era reacio a prestar mucha ayuda a los chinos, ya que temía que China se convirtiera, con su potencial humano, y el armamento soviético, en una potencia capaz de amenazar la frontera que mantenía China con la URSS. Por eso, la ayuda militar soviética se limitó a varios aviones y material antiaéreo, que no obstante de su escaso número fueron muy útiles a los chinos y norcoreanos, ya que los aviones soviéticos MIG-15 acabaron con la abrumante superioridad aérea que mantenían los pilotos de la ONU. La ayuda soviética a China no fue castigada por EE. UU., ya que temía una escalada bélica que pudiera desatar un conflicto nuclear entre ambas superpotencias. Mao Tse Tung sopesó durante mucho tiempo los pros y contras de una intervención militar china en Corea, pero finalmente la caída de Pyongyang le decidió a atacar a las tropas de la ONU antes de que estas ganaran totalmente la guerra.

El 26 de noviembre de 1950, un ejército de 380.000 “voluntarios” chinos al mando del general Peng Dehua arrolló a las tropas de la ONU y las obligó a retirarse hasta el paralelo 38, en esta durísima retirada, acontecida en pleno invierno, los marines estadounidenses se cubrieron de nuevo de gloria al cubrir el repliegue de las acosadas tropas de la ONU. El asalto chino tomó a las tropas estadounidenses por sorpresa, ya que la guerra entre China y los Estados Unidos no había sido declarada. La retirada hacia el sur de las tropas de la ONU continuó todo el año de 1950 El día de año nuevo de 1951 las fuerzas Comunistas de China y del Norte de Corea atacaron a lo largo de todo el frente, colapsando de nuevo a las fuerzas aliadas y capturando Seúl el 4 de enero, expulsando finalmente a los aliados a 40 millas al sur de Seúl. MacArthur, incapaz de detener a las tropas chinas pidió bombardear con armas atómicas la frontera del rió Yalu entre Corea y China. Esta petición de MacArthur escandalizó al presidente Truman, que decidió reemplazarlo por el General Matthew Ridgway. El agotamiento de los chinos y norcoreanos, acosados duramente por la aviación norteamericana, permitió que las fuerzas de la ONU iniciasen una nueva ofensiva, a fines del invierno de 1951, que les permitió recuperar terreno progresivamente, y tomar Seúl, el 15 de marzo de 1951.

Bombardeo de Napalm en la Reserva de Chosin
Bombardeo de Napalm en la Reserva de Chosin. Instituto Naval EE. UU.

El 22 de abril de 1951, las tropas comunistas iniciaron su “Primera Ofensiva de Primavera”, rompiendo el frente central que guarnecían las tropas de la ONU Y acercándose de nuevo al norte de Seúl. Tras ser detenidos el 30 de abril, los comunistas iniciaron de nuevo el ataque hacia Seúl con su “Segunda Ofensiva de Primavera” el 16 de Mayo de 1951, pero esta vez fueron detenidos rápidamente y las fuerzas de la ONU, decididas a llevar la contienda a Corea del Norte, iniciaron una exitosa ofensiva que empujó a los norcoreanos de nuevo al paralelo 38º. El «empate militar» entre ambos bandos generó que la contienda se convirtiera en una guerra de posiciones alrededor del paralelo 38º. La imposibilidad de una resolución militar del conflicto impulsó las negociaciones de paz entre ambos bandos. Unas negociaciones que fueron respaldadas por unos EE. UU. que estaban ya cansados de tantas bajas infructuosas, y también por la URSS, que temía la expansión de China en la región, y que dieron lugar a una fórmula de status quo, mediante la que se mantendría la coexistencia de ambos sistemas políticos, opuestos, en la península de Corea.

Finalmente, tras la detención y derrota de las últimas ofensivas chinas en marzo de 1953, las negociaciones para un armisticio en la zona concluyeron exitosamente el 27 de julio de 1953, con la firma del “Armisticio de Panmunjong”, acuerdo por el cual se creó una nueva línea de demarcación entre ambas Coreas, creando una “Zona Desmilitarizada” alrededor del paralelo 38º. No se firmó ningún tratado oficial de paz entre ambas naciones, por lo cual, los problemas que generaron la Guerra de Corea perduran hasta hoy en día, siendo aún muy difícil la reunificación de ambas Coreas en un solo país.

La guerra de Corea fue la primera confrontación armada de la Guerra Fría, una especie de test o prueba de fuego mediante la que EE. UU. y la URSS midieron sus fuerzas, sin importarles el daño que su intervención podía ocasionar al pueblo Coreano y Chino y buscando simplemente su beneficio político y propagandístico. El éxito propagandístico de este conflicto, que durante algunos años «calentó» la Guerra Fría, sirvió de precedente para los siguientes enfrentamientos indirectos (a través de terceros países) entre EE. UU. y la URSS. Tras la guerra de Corea, llegará la intervención norteamericana en Indochina, y la ocupación soviética de Afganistán. Además, el conflicto en Corea provocó también un progresivo alejamiento entre la URSS y China, que, a partir de entonces, comenzaron a comportarse más como países rivales que como aliados ideológicos. Por último, cabe destacar que tanto Kim Il Sung, como Syngman Rhee, aprovecharon el conflicto para reafirmar sus poderes dictatoriales y reprimir cruelmente a sus respectivos disidentes políticos.

En definitiva la Guerra de Corea fue la primera gran catástrofe de la Guerra Fría y los juegos de marionetas de las superpotencias. Los peor parados, como casi siempre, fueron los cientos de miles de muertos, sobre todo civiles, que ocasionó el conflicto. Las tropas de la ONU sufrieron unas 84.000 bajas, de las 44.000 eran soldados estadounidenses. Por otro lado, alrededor de 160.000 chinos y norcoreanos murieron también en el conflicto.

Memorial Seul
Memorial de Guerra de Seúl 

Fuentes:
The Korean War, 1950-1953» escrito por Nigel Thomas y publicado por la editorial Osprey.
Corea 1950: Pusan to Chosin«, escrito por Earle Rice JR y publicado por la editorial Chealse House.

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La Batalla de la Reserva de Chosin, 27-11-1950
La Batalla de la colina Pork Chop, 1953

© 2007 – Autor: Marco Antonio Martín García.

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