Sturmtruppen: tropas de asalto alemanas 1914-1918

sturmtruppen-2Las naciones imperialistas europeas entraron alegremente en la Primera Guerra Mundial, 1914-1919, buscando obtener mediante el peso numérico de sus intrincadas alianzas una rápida victoria sobre sus rivales. Pensaban en una repetición de las tácticas usadas durante las Guerras Napoleónicas: destructores bombardeos de artillería, cargas de caballería y audaces movimientos de flanqueo. Pero a los pocos meses de estallar la guerra, las cargas de caballería se toparon con el alambre de espino y el mortífero fuego de ametralladora. La Primera Guerra Mundial, lejos de ser una guerra de movimiento se convirtió en una feroz guerra de trincheras, similar a las guerras de asedio medievales. Miles y miles de jóvenes eran enviados a la muerte en absurdos ataques masivos contra las trincheras enemigas. Los Sturmtruppen o Tropas de Asalto, nacieron de la necesidad de abrir brecha en las intrincadas defensas enemigas y su génesis revolucionó totalmente la táctica de la época.

La rivalidad económica y política que mantenían las principales naciones imperialistas europeas explosionó en 1914 en un conflicto generalizado que rápidamente se extendió por todo el mundo. Francia, Inglaterra, Rusia y Serbia se enfrentaron al Imperio Austro-Húngaro, Alemania y Turquía. La guerra empezó con grandes movimientos, los alemanes avanzaron rápidamente hacia Francia a través de Bélgica, pero fueron detenidos en la celebre Batalla del Marne. A finales de 1914, ambos bandos se encontraban atrincherados en sendas líneas que se extendían a lo largo de 800 kilómetros, desde Suiza hasta el mar del Norte. La ametralladora y las trincheras impidieron que esta línea apenas se moviera durante los siguientes tres años. Los Sturmtruppen alemanes serán los que en 1918 consigan abrir brecha por primera vez en el frente. Este simple dato nos indica la gran importancia que estas tropas de élite tuvieron en el conflicto.

Desde finales de 1914 el frente estaba formado por numerosas líneas paralelas de trincheras, comunicadas entre si y protegidas por nidos de ametralladoras, alambres de púas y sobre todo por una mortífera artillería instalada a retaguardia del frente. La aparición de estas nuevas “defensas en profundidad” generaba un terrible obstáculo para el soldado de infantería regular. Las tácticas de la época se basaban en asaltos de infantería en orden cerrado, es decir, las tropas avanzaban agrupadas en masa cargando a la bayoneta. El armamento de los infantes se reducía a su fusil reglamentario con su bayoneta correspondiente y posteriormente algunas granadas. Durante el asalto a las trincheras enemigas estas tropas debían atravesar la “tierra de nadie” mientras la artillería enemiga les bombardeaba con un demoledor fuego de metralla, después debían cruzar las alambradas mientras el enemigo les acribillaban con sus ametralladoras y morteros.

Tras llegar a la trinchera enemiga los supervivientes debían “limpiarla” de enemigos, muchas veces al arma blanca. Tras todo eso, los escasos soldados que quedaban con vida debían resistir el inmediato contraataque que las fuerzas enemigas de refresco lanzaban desde las trincheras de retaguardia. Todo esto hacia que el asalto a una trinchera fuera una labor casi imposible para la infantería regular de la época. Para superar este problema los alemanes crearon los Sturmtruppen o tropas de Asalto, unidades de élite encargadas de abrir brechas en las trincheras enemigas y permitir así el avance del resto del ejército. El concepto de Sturmtruppen o Tropas de Asalto fue desarrollado por los alemanes a partir de las tácticas usadas por los Bóers en su guerra contra el Imperio Británico en la denominada guerra anglo-bóer, librada entre 1899 y 1902.

Los Bóers además de destacar como francotiradores, eran expertos en la guerra de guerrillas; ataques por sorpresa y emboscadas. Durante la guerra, los Bóers se agrupaban en escuadras de tres o cuatro hombres para cruzar las líneas británicas, burlando las extensas redes de alambradas y los blocaos que las protegían. Una vez en territorio enemigo se agrupaban en grupos más numerosos y se dedicaban a atacar las líneas de suministro enemigo, cortando los ferrocarriles e interrumpiendo el telégrafo. Tras sus incursiones escapaban de nuevo en pequeños grupos antes de que llegaran a la zona refuerzos enemigos. Pese a ser finalmente derrotados por el peso numérico del Imperio Británico, los Bóers consiguieron infligir humillantes derrotas al enemigo. Estas espectaculares victorias de los Bóers impactaron en Europa, sobre todo entre los alemanes, “simpatizantes” de los Bóers, los cuales tomaron buena nota de las tácticas empleadas por estos para burlar los sistemas defensivos británicos y sobre los efectos de las incursiones Bóers de largo recorrido en la retaguardia enemiga.

El 2 de marzo de 1915 por orden del Ministerio de la Guerra fue creado dentro del 8º Cuerpo de Ejercito Alemán el Sturmabteilung Calsow, o Destacamento de Asalto Calsow, una unidad al mando del mayor Eugene Calsow y que estaba compuesta por dos compañías de “pioneros” (ingenieros zapadores) y una sección de cañones de asalto Krupp de 37 mm. El objetivo de la unidad era abrirse paso por la tierra de nadie con sus cañones de asalto, para, una vez cerca de las trincheras enemigas, abrir fuego directo de cobertura sobre los bunkers y nidos de ametralladoras enemigos, facilitando así el asalto de la infantería alemana. Sin embargo, la unidad fue utilizada por el mando divisional de forma convencional, siendo encargada de defender con sus cañones una línea de trincheras en Francia. Ésta misión era totalmente contraria a los principios de asalto de trincheras para los que la unidad había sido creada, lo cual ocasionó que para Junio de ese mismo año la unidad hubiera sufrido la perdida de la mitad de sus efectivos de una forma totalmente inútil. El fracaso de la unidad generó que el mayor Calsow fuera relevado del mando, pese a sus protestas (en mi opinión totalmente justificadas) de que la unidad no había sido empleada correctamente.

Tras este primer fracaso la unidad será totalmente reorganizada el 8 de septiembre de 1915 tras la llegada al mando de su nuevo comandante, el experimentando capitán Willy Rohr, quien ya en 1914 había ensayado tácticas de asalto a nivel pelotón. El nuevo Sturmabteilung Rohr o Destacamento de Asalto Rohr estará conformado por las antiguas dos compañías de ingenieros y la sección de cañones de 37 mm mas un nuevo pelotón de ametralladoras con 6 maquinas, una sección de lanzallamas y una escuadra dotada con 4 pequeños morteros. Los viejos cañones de 37 mm no habían resultado ser muy útiles así que Rohr los reemplazó por cañones rusos capturados de 76mm. Así mismo Rohr desechó las corazas y escudos que usaban sus hombres para protegerse en su avance al descubierto, dejando únicamente como dotación el nuevo casco de acero introducido.

Las nuevas tácticas de asalto de trincheras diseñadas por Rohr se basaban en la infiltración tras las líneas enemigas de pequeños grupos de 3 o 4 hombres dotados de granadas y lanzallamas que les permitirían acabar con los nidos de ametralladoras enemigos y abrir así camino al resto de tropas atacantes. El primer hombre avanzaba en cabeza cortando los alambres de espino con un cortaalambres grande, los siguientes hombres avanzaban detrás, preparados para cubrirle con el fuego de sus armas. Después de atravesar las líneas enemigas las Tropas de Asalto destruirían los nidos de resistencia enemiga con granadas y con el mortífero fuego de sus lanzallamas, destruyendo además todos los obstáculos existentes y facilitando así el avance de la infantería de línea. Mientras los Sturmtruppen asaltaban las trincheras enemigas, las secciones de apoyo, dotadas de cañones, morteros y ametralladoras les cubrían con su fuego y disparaban contra los “bunkers” enemigos.

El 12 de octubre de 1915 el capitán Rohr probaría la validez de sus nuevas tácticas en un asalto contra posiciones enemigas en la zona de los Vosgos que él mismo comandaría. Mientras los morteros abrían fuego contra las ametralladoras y artillería enemiga la escuadra de lanzallamas avanzó hasta colocarse a distancia suficiente para usar sus terribles armas contra el enemigo y cubrir el avance del resto de soldados armados con granadas de mano, los cuales limpiaron las trincheras enemigas. Esta demostración práctica fue tan exitosa que a mediados de diciembre de 1915 la mitad de las tropas de Rohr fueron destinadas a labores de entrenamiento para enseñar a otros soldados sus tácticas en breves cursos y permitir así el surgimiento de nuevas compañías de asalto.

En esa misma época Rohr modificó el armamento y equipo de sus hombres en base a la experiencia ganada en el campo de batalla. Rohr sustituyó las pesadas botas de infantería de los hombres por calzado más ligero de caña corta, además los uniformes fueron reforzados con parches metálicos en las rodillas y los codos para facilitar a los hombres el arrastrarse bajo las alambradas.

Rohr introdujo en el equipamiento unas grandes bolsas de lona diseñadas específicamente para poder transportar gran número de granadas. El largo e incomodo fusil máuser 98 fue reemplazado por una carabina de caballería y a los portadores de lanzallamas se les doto de pistolas para su protección personal. Además de esto los hombres llevaban cuchillos de trinchera y palas afiladas que usaban como hachas en el combate cuerpo a cuerpo. Posteriormente, en 1918, las compañías de asalto contarán con el eficaz subfusil Bergman MP18 de 9mm, lo cual aumentara enormemente la potencia de fuego de estas tropas.

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Bergman MP18, fuente wikisource

Sin embargo el arma más importante de los Sturmtruppen era el lanzallamas, denominado en alemán “Flammenwerfer” y creado por Richard Fielder. Éste arma era capaz de lanzar a presión un chorro de combustible ardiendo a una distancia de 20 metros. El lanzallamas permitía desde una distancia razonable quemar vivos a los soldados enemigos aunque estos estuvieran protegidos en el interior de una trinchera o refugio. El lanzallamas llegaba allí donde no podía llegar el proyectil, causando verdadero terror en el enemigo. Todo esto hacia que el efecto de éste arma sobre la moral del enemigo fuera enorme y para Rohr era el arma ideal para limpiar trincheras ya que desconcertaba y paralizaba a un enemigo que casi siempre superaba en número a sus hombres.

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Lanzallamas alemán en acción, 1917

El 1 de enero de 1916 el destacamento al completo de Rohr participó en una nueva ofensiva en los Vosgos. Los Sturmtruppen obtuvieron la victoria y abrieron paso a dos regimientos de infantería a través de las líneas enemigas.

El 22 de febrero de 1916 la unidad, junto con las nuevas compañías de asalto recientemente creadas participará en la épica batalla de Verdún. Para lograr abrirse paso por las intrincadas defensas que los franceses tenían en Verdún, los alemanes asignaron una compañía de asalto a cada una de las 9 divisiones del 5º Ejército, encargado de encabezar el ataque. Tras feroces bombardeos de artillería los Sturmtruppen consiguieron abrirse paso por las fortificaciones enemigas en los primeros días de la batalla, llegando la patrulla del sargento Kunze a capturar el fuerte de Douaumont, considerado inexpugnable, pero con una dotación mínima de hombres en la época. Los Sturmtruppen habían cumplido su objetivo, habían capturado las posiciones enemigas, pero el problema para los alemanes fue que el resto de la infantería no estaba a la altura de las tropas de asalto y los furiosos ataques y contraataques hicieron que la batalla quedara en un punto muerto que había generado terribles perdidas humanas en ambos bandos.

Los éxitos de Rohr durante esta dura batalla generaron que el 1 de abril de 1916 su unidad fuera reforzada con dos compañías de infantería, convirtiéndose en el Sturmbataillon Rohr o Batallón de Asalto Rohr. Pero, pese a los esfuerzos de las tropas de asalto y las tácticas de Rohr, hacia falta algo más que conquistar trincheras para ganar la guerra y evitar masacres inútiles como las de Verdún y el Somme. Curiosamente, la respuesta a las carencias estratégicas de los alemanes para sacar provecho a los éxitos tácticos de los Sturmtruppen no vendrían del Frente Occidental, sino del Frente Oriental y de la mano de uno los mejores oficiales jóvenes, Oskar von Hutier.

Al comienzo de la guerra, en 1914, el general de división Oskar von Hutier había comandando una división alemana en el Frente Occidental. Su eficacia en el mando hizo que al año siguiente, 1915, fuera trasladado al Frente Oriental para comandar el 8º Cuerpo de Ejército, perteneciente al 10º Ejército Alemán. Sus reiterados éxitos en los frentes de Lituania y Rusia le granjearon ser ascendido a “General de Ejercito” en 1917. Durante ese tiempo de continuos combates Von Hutier había observado y aprendido las tácticas usadas en ambos frentes, de su experiencia rescató por un lado la eficacia de las patrullas de largo recorrido de los exploradores rusos y por otro lado el desarrollo de los Sturmtruppen en el Frente Occidental, por eso decidió crear sus propios grupos de asalto pero no solo para emplearlos a nivel táctico como arietes contra las trincheras enemigas sino también a nivel estratégico. Von Hutier desarrolló una nueva estrategia basada en una brusca ruptura del frente enemigo seguida de una rápida penetración en profundidad hacia la retaguardia enemiga. El rápido avance en profundidad impediría al enemigo atrincherarse de nuevo y decidiría rápidamente el curso de la guerra.

En aquella época la concepción de Hutier era toda una revolución, ya que los ejércitos siempre avanzaban lentamente, con tropas cubriendo los flancos y ocupando cada palmo de terreno, sin dejar enemigos a sus espaldas. La estrategia de Hutier se basa precisamente en todo lo contrario; sus ejércitos avanzarían sin importarles los flancos, lo cual conllevaba graves riesgos de ser envuelto y destruido en un ataque de flanco. También, en vez de limpiar el terreno palmo a palmo, Hutier quería que sus tropas no entablaran combate en la medida de lo posible y que se dedicaran a avanzar profundamente hacia la retaguardia, eliminando a su paso la artillería y sobre todo los puestos de mando enemigos, un objetivo vital que permitiría desarticular el “cerebro” del enemigo y dejarle sin capacidad de reacción.

El elemento vital para el éxito de la estrategia de von Hutier era la sorpresa y la rapidez. Lo habitual en las batallas de la época era que la artillería machacara durante días las posiciones enemigas, pero pese a que el efecto devastador era enorme, el enemigo tenía tiempo para traer reservas y acumular hombres en la zona, lo cual hacia que en el momento del ataque las tropas se encontraran con un gran numero de enemigos enfrente, lo que generaba terribles bajas en ambos bandos y que el avance no fructificara. El problema era que sin bombardeo artillero no podía haber ruptura del frente. Para resolver el problema, Hutier adoptó a su estrategia una nueva táctica de artillería diseñada por el veterano general alemán Goerg Bruchmuller.

Bruchmuller innovó las tácticas de la artillería, usando concentraciones de fuego a pequeña escala, numerosas piezas de artillería disparaban proyectiles explosivos, de humo y gases, sobre un único sector del frente. Esta concentración de fuego durante un tiempo relativamente corto permitía destruía las defensas enemigas y obligaba a los defensores a refugiarse. Tras el bombardeo la infantería atacaba inmediatamente, antes de que el enemigo pudiera traer refuerzos.

Así pues la táctica de Hutier se basaba en un bombardeo artillero de corta duración pero que concentraba sobre las defensas enemigas un gran número de proyectiles explosivos y de mortífero gas. Aprovechando esta cobertura artillera los Sturmtruppen debían infiltrarse en las trincheras enemigas y avanzar en profundidad, evitando el combate en la medida de lo posible, para poder destruir la artillería y puestos de mando enemigos. Mientras asaltaban las posiciones enemigas, las escuadras de apoyo se encargarían de cubrirles y suprimir las fortificaciones y los nidos de ametralladoras enemigas, usando para ello un gran numero de ametralladoras y morteros de trinchera.

El 1 de septiembre de 1917 Oskar von Hutier demostró el éxito de su nueva estrategia al conseguir tomar la ciudad rusa de Riga. La cual llevaba dos años asediada por el ejercito alemán, resistiendo cualquier intento de asalto.

Para obtener su éxito Hutier lanzó sobre la ciudad una barrera de artillería que combinaba obuses explosivos y obuses de gas. Mientras los proyectiles obligaban a cubrirse al enemigo Hutier lanzó a sus Sturmtruppen en un asalto anfibio sobre el río Dvina. Los Sturmtruppen consiguieron establecer una cabeza de puente que permitió el cruce del río de las divisiones de infantería y el avance de éstas sobre la ciudad. La arriesgada operación le costó a Hutier tan solo 4.200 bajas y además de permitirle tomar la importante ciudad báltica, causo más de 25.000 bajas al ejército ruso.

El extraordinario éxito de Hutier no solo sirvió para que el mismísimo Káiser Guillermo le condecorara con la Medalla al Merito (la famosa Pour le Merite o “Max Azul”), sino que puso de manifiesto la validez de su nueva estrategia de infiltración mediante el uso de barreras de artillería y Sturmtruppen.

La derrota final de Rusia, sellada con el Tratado de Brest-Litovsk en marzo de 1918, permitió a Alemania concentrar todo su esfuerzo en el Frente Occidental. El general Ludendorff, comandante supremo del Frente Occidental, trasladó desde el Este un millón de hombres y 3000 cañones, decidido a romper con estas nuevas tropas el equilibrio estratégico en el Frente Occidental, al contar con un total de 199 divisiones frente a 161 divisiones aliadas. El objetivo de Ludendorff era realizar un ataque en el centro del frente, con el objetivo de separar entre sí al ejército francés del británico.

Una vez separados, Ludendorff pretendía girar hacia el norte para envolver al ejército británico y capturar los puertos de Calais y Dunkerque, privando así de provisiones agrícolas francesas a los ciudadanos británicos, que sufrían terriblemente el asedio económico provocado por la guerra submarina de Alemania. Sin abastecimientos los británicos no podrían continuar la guerra y los alemanes podrían descargar todo su poder contra Francia antes de que llegaran los tan ansiados refuerzos estadounidenses, los cuales eran el mayor peligro para la agotada Alemania.

Ludendorff sabia que la última posibilidad de ganar la Guerra era derrotar rápidamente a los franceses e ingleses, por ello decidió usar las tácticas de su primo, Oskar von Hutier, al cual puso bajo su mando, en una serie de ofensivas que lanzaría en 1918.

El 21 de marzo de 1918, Ludendorff inició la Operación Michel, La estrategia de Ludendorff sería lanzar una ofensiva masiva contra los británicos, con la intención de separarlos de los franceses y empujarlos hacia los puertos del Canal. La ofensiva se inicio con un bombardeo nunca antes visto, 6.000 cañones de diversos calibres lanzaron un ataque combinado de explosivos, metralla y gas letal sobre las líneas aliadas. Tras el bombardeo los Sturmtruppen rompieron el frente y se infiltraron tras las líneas enemigas abriendo paso para el resto del ejercito. En el primer día de la ofensiva los alemanes obtuvieron todo un record, al avanzar 22 kilómetros, una distancia enorme, teniendo en cuenta los avances en metros de los años anteriores.

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Sturmtruppen con manojo de granadas y escudo de metal (en el suelo).

Durante las primeras semanas de combate, los aliados sufrieron muchas bajas, pero la tenaz resistencia británica y la rápida afluencia de refuerzos retrasaron y finalmente detuvieron la ofensiva alemana el 4 de abril. Los objetivos estratégicos de la ofensiva no se habían cumplido, el ejercito británico y el francés seguían en contacto y los puertos del canal aún estaban lejos, pero a nivel táctico la ofensiva alemana había sido todo un éxito que demostró la validez de las tácticas de Oskar von Hutier.

En 1918 el sistema defensivo de trincheras había cambiado, apareciendo la denominada “Defensa en Profundidad”. Ahora las trincheras de primera línea contaban con un número menor de tropas, para evitar así el desgaste que producía la artillería enemiga. Ahora la mayoría de tropas se situaban a retaguardia, dispuestas para reforzar el frente en el momento del ataque. Además, se habían duplicado los campos de minas y el número de posiciones de ametralladoras camufladas. Todo eso hacía muy difícil el avance de las tropas de asalto, pero aun así éstas sorprendieron al mundo por sus rápidos avances y continuos éxitos.

El problema para el ejército alemán era que el resto de unidades de infantería de línea no podían seguir el ritmo de los Sturmtruppen, eran unidades de reclutas jóvenes, con poca experiencia y baja moral por la escasez de alimentos. Su deficiente entrenamiento, fruto de su apresurada llegada al frente, hacia que sufrieran numerosas bajas haciendo muy costosa la ofensiva de Ludendorff, pero éste, lejos de desanimarse y sabedor de que la llegada masiva de soldados norteamericanos y el agotamiento económico impedirían la victoria de Alemania en la guerra, decidió lanzar inmediatamente un nuevo ataque.

El 9 de abril los alemanes se lanzaron de nuevo a la ofensiva sobre la zona de Ypres, buscando de nuevo separar los ejércitos aliados y tomar los puertos del canal. En tan solo dos horas los Sturmtruppen abrieron en el frente británico una brecha de 15 km de ancho por la que avanzó el grueso del ejército alemán. Esta vez el avance fue tan rápido que los británicos no tuvieron tiempo de traer refuerzos a la zona. Parecía que los alemanes finalmente estaban a punto de lograr sus objetivos, pero el 12 de abril fueron detenidos a las puertas de Amiens por la heroica resistencia de la infantería británica.

Tras costosos e infructuosos asaltos, la ofensiva alemana concluyó el 29 de abril. Los británicos habían sufrido unas 350.000 bajas, pero habían causado al enemigo un número similar de perdidas, sobre todo por el empecinamiento de Ludendorff de seguir ordenando el asalto a las trincheras enemigas cuando ya no había posibilidades de éxito. Lejos de desistir en su objetivo y viendo como aumentaba el deterioro de la situación interna en Alemania por falta de alimentos, Ludendorff lanzó una nueva ofensiva el 9 de junio, esta vez contra los franceses, (en vista de que la tenacidad defensiva británica frustró sus anteriores ataques), conquistando rápidamente la ciudad de Soissons y avanzando sobre Reims, pero la resistencia de la ciudad detuvo la nueva ofensiva alemana.

Tras diez días de intensos e infructuosos combates en Reims, la ofensiva de Ludendorff finalizó. Los alemanes habían llegado a 90 kilómetros de Paris, pero la falta de calidad de las tropas de reserva y el agotamiento de los Sturmtruppen impidió que lograra una victoria decisiva. Alemania estaba agotada, el bloqueo económico la estaba matando de hambre y la población había perdido la voluntad de lucha. Muchas veces los soldados alemanes detenían su avance para saquear reservas de comida, robar prendas de vestir y emborracharse en las bodegas. El pillaje se había convertido en cuestión de supervivencia para el soldado alemán.

La llegada de tropas norteamericanas decantó finalmente la guerra hacia el bando aliado y obligó a Alemania a adoptar una postura defensiva. La iniciativa militar se había perdido, pero aún quedaban esperanzas de alargar la guerra para buscar una paz beneficiosa, sobre todo a raíz de las tremendas perdidas que sufrían a su vez los aliados en sus ofensivas timoratas, (en los bosques de Argonne los norteamericanos sufrieron casi 100.000 bajas). Finalmente, Alemania aceptó la propuesta de paz del presidente Wilson y el armisticio se firmó el 11 de noviembre de 1918. Lo que los alemanes no habían perdido en la guerra lo perderían después cuando los vencedores aprovecharan la convulsa situación interna de Alemania para imponer las draconianas condiciones del Tratado de Versalles, el germen que desembocaría en el estallido de la Segunda Guerra Mundial.

Nota: En algunas publicaciones sobre el tema de las Tropas de Asalto Alemanas se denomina erróneamente a estas tropas: “Stosstruppen” en vez de Sturmtruppen. El termino “Sturmtruppen” significa literalmente Tropas de Asalto, mientras que el término “Stosstruppen” significa Tropas de Choque y era usado indistintamente para todas las tropas alemanas que cumplían esta función. En las publicaciones anglosajonas se usa el término: “Stormtrooper” para referirse a las Tropas de Asalto Alemanas, el cual tampoco me parece correcto ya que es una conversión del termino alemán original al idioma inglés.

 

Fuentes:

Stosstrupptaktik, German Assault Troops of the First World War, por Stephen Bull y editado por   The History Press .

German Stormtrooper, 1914-1918, por Ian Drury y editado por Osprey.

 

© 2008 – Autor: Marco Antonio Martín García
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