Batalla de Sekigahara, 1600

La batalla de Sekigahara fue la batalla decisiva que acabó con las interminables guerras feudales que devastaron Japón durante el periodo Sengoku, 1467-1600.
En Sekigahara dos inmensos ejércitos samurái, uno encabezado por Ishida Mitsunari en representación de Toyotomi Hideyori, hijo de Toyotomi Hideyoshi, el difunto Shogun (jefe militar que gobernaba Japón), y otro encabezado por Tokugawa Ieyasu, el señor feudal más importante, lucharon épicamente por obtener el control supremo de Japón. La victoria de Ieyasu le permitió instaurar el Shogunato Tokugawa, un gobierno dictatorial que impuso la paz y el orden y que dominaría Japón durante 250 años.

Nota: En el artículo todos los nombres propios de personas están escritos al estilo japonés, es decir con el apellido familiar en primer lugar y el nombre propio en segundo lugar. Por ejemplo Tokugawa Ieyasu en occidente sería Ieyasu Tokugawa.

1 – Preludio:
Oda Nobunaga fue el primer caudillo militar que intentó unificar Japón y poner fin a las guerras feudales, pero cuando ya casi había alcanzando su objetivo fue traicionado por uno de sus generales, Mitsuhide Akechi, y murió en el castillo de Honnoji en 1582.
Será Toyotomi Hideyoshi, uno de los principales lugartenientes de Nobunaga, al igual que Tokugawa Ieyasu, quien consiga culminar la labor de su maestro y unificar Japón acabando con las cruentas guerras feudales. Hideyoshi era de origen muy humilde pero gracias a sus grandes dotes militares y políticas pudo convertirse en el dueño de Japón, pese a que nunca obtuvo formalmente el título de “Shogun” ya que no era noble.

Esta carencia de nobleza reconocida, originó que a su muerte, en 1598, la legitimidad de su joven hijo, Toyotomi Hideyori (1593-1615), como sucesor al cargo de Shogun fuera puesta en duda por algunos señores feudales que deseaban volver a los viejos tiempos en que eran independientes. Hideyoshi, previendo lo que ocurriría tras su muerte, dejo al cargo un consejo de Cinco Regentes que gobernaría Japón hasta que su hijo cumpliera la mayoría de edad. Este consejo estaba formado por los cinco “daimios” o señores feudales más poderosos: Tokugawa Ieyasu, Maeda Toshiie, Uesugi Kagekatsu, Mori Terutomo y Ukita Hideie. Pero sería precisamente uno de estos regentes, Tokugawa Ieyasu quien empezaría a conspirar para hacerse con el poder absoluto.

Ishida Mitsunari, señor de Sawayama y jefe de la administración burocrática de Hideyoshi, se convirtió en el líder de los señores feudales que defendían el derecho al shogunato de Toyotomi Hideyori. El plan de Ishida Mitsunari era asesinar a Tokugawa para descabezar a su facción e imponerse sin necesidad de un conflicto generalizado.
Sin embargo, el complot fue descubierto por los generales de Ieyasu y éstos decidieron devolverle la jugada, ordenando asesinarle para descabezar la facción de los leales al clan Toyotomi. Mitsunari escapó por los pelos al intento de asesinato: disfrazado de mujer y a bordo de un palanquín abandonó el Castillo Osaka (la corte de Hideyoshi) y pidió protección al señor del Castillo Fushimi: el mismísimo Tokugawa. La jugada de Ishida Mitsunari puede parecernos suicida, pues para escapar de los generales de Tokugawa se refugió precisamente en el castillo del líder de esos generales, pero hay que tener en cuenta el sentido del honor del Japón de la época y el enorme desprestigio que hubiera sufrido Ieyasu al matar a un invitado en su casa…

Mitsunari permaneció en el Castillo Fushimi hasta la primavera de 1599, en la cual “fue invitado” a irse a su propio Castillo de Sawayama. Las “prisas” de Tokugawa se debían a que esa misma primavera había fallecido Maeda Toshiie, el más poderoso guardián de Toyotomi Hideyori y su hijo, Maeda Toshinaga, estaba del lado de Tokugawa, con lo cual, era la ocasión perfecta para que Ieyasu se hiciera por fin con el Shogunato.

Sin embargo, uno de los Cinco Regentes leal al clan Toyotomi: Uesugi Kagekatsu decidió oponerse a los planes de Ieyasu y se alzó en armas en la norteña provincia de Aizu, controlada por su clan. Tras varias negociaciones infructuosas, Tokugawa envió a sus lugartenientes a reunir a las tropas. El 24 de julio, Tokugawa Ieyasu abandonó la corte en Osaka para enfrentarse a Kagekatsu.

La ausencia de Tokugawa fue aprovechada rápidamente por Mitsunari para reunir sus fuerzas. Mitsunari había conseguido formar en secreto una coalición en contra de Tokugawa en la que se encontraban dos de los antiguos regentes: Ukita Hideie y Mori Terutomo y algunos de los más poderosos señores del Oeste de Japón, como Shimazu Yoshihiro, Chosokabe Morichika, Konishi Yukinaga (un daimyo cristiano que encabezó la vanguardia en la invasión de Corea) y Kobayakawa Hideaki. Mitsunari también consiguió convencer a Yoshitsugo Otani, señor de Tsuruga, que en un principio era leal a Tokugawa para que se uniera a su causa.

Tras un reunir un gran ejército, Mitsunari partió de Osaka el 22 de agosto siguiendo los pasos de Tokugawa Ieyasu. Su objetivo era atrapar al ejército de Tokugawa entre sus fuerzas y las de Kagetsugu y entre ambos aniquilarlo. Sin embargo, Tokugawa era un viejo zorro y gracias a sus espías estaba perfectamente informado de la situación en Osaka. Los 50.000 hombres de su ejército avanzaban muy lentamente hacia el este ya que en realidad no tenía la más mínima intención de enfrentarse a Kagekatsu, quien por otro lado estaba perfectamente contenido por los ataques de los señores del noreste aliados con Tokugawa: Date Masamune y Mogami Yoshiakira. La verdadera intención de Tokugawa era atraer a Mitsunari a su terreno, donde en compañía de sus vasallos y aliados del este podría equilibrar las fuerzas y derrotarlo.

El primer movimiento de Mitsunari fue la conquista del estratégico castillo Fushimi, defendido por Torii Mototada. El castillo Fushimi dominaba el acceso hacia el Este del país, con lo cual su conquista era vital para seguir avanzando. Sin embargo, la guarnición, apoyada por 100 guerreros ninja de la provincia de Kaga consiguió resistir valientemente los asaltos de los 40.000 hombres de Mitsunari, hasta que la intervención de un traidor permitió la toma del castillo el día 17 de septiembre. Esta conquista, aunque era vital para los planes de Mitsunari, supuso la pérdida de más de 3.000 hombres, un precio muy alto que nos informa de cuan duramente lucharon los hombres de Mototada.

Mientras Mitsunari se entretenía con la conquista del Castillo Fushimi, el ejército de Tokugawa había regresado sobre sus pasos avanzando hasta la provincia de Edo para reagruparse y prepararse para la batalla final. Varios días después, el 29 de septiembre, Tokugawa Ieyasu envió a su hijo Hidetada a asediar el castillo Ueda de la provincia de Mino, defendido por el clan Sanada, leal a Mitsunari Ishida.También envió a sus principales comandantes: Fukushima Masanori, Kuroda Nagamasa, Honda Tadakatsu, Ii Naomasa y Hosokawa Tadaoki, junto con 31.000 soldados, para asediar el castillo Gifu, una fortaleza ubicada estratégicamente en la ruta de avance de ambos ejércitos rivales, que estaba controlado por el nieto de Nobunaga, Oda Hidenobu, leal al Ejercito del Oeste.

El 7 de octubre Ieyasu partió de Edo con el resto de su ejército para marchar hacia el oeste, hacia la capital Osaka. 10 días después su rápido avance le había permitido reunirse con sus comandantes que para entonces ya habían tomado el castillo Gifu. Mientras Tokugawa hacía su jugada maestra, 13.000 hombres de Mitsunari al mando de Mori Motoyasu pusieron bajo asedio al castillo de Otsu, leal a Tokugawa. Estas tropas no podrían pues enfrentarse al ejército de Tokugawa cuya marcha forzada hacia Osaka había causado una gran sorpresa en Mitsunari, que, alarmado, pidió a Mori Terumoto que trajera a sus 30.000 hombres de inmediato para detener a Tokugawa.

Ambas fuerzas se enfrentarían el 21 de octubre de 1600 en las cercanías del Castillo Oki en un lugar que a partir de entonces pasaría a la historia: Sekigahara.
La noche antes, Shimazu Yoshihiro y Ukita Hideie propusieron a Mitsunari realizar un ataque nocturno contra el campamento enemigo. Pero Mitsunari y el resto de comandantes, considerando esta idea como una cobardía, decidieron enfrentarse al enemigo en una batalla formal al amanecer del día 21.

2 – La Batalla:

Al amanecer, ambos ejércitos, cuyas fuerzas rondaban los 85.000 hombres por bando, siendo un poco mayor el de Tokugawa, avanzaron para tomar posiciones mientras una espesa niebla se asentaba en el valle de Sekigahara. A las 8:00 la niebla desapareció súbitamente y ambos bandos descubrieron con sorpresa que estaban posicionados a escasos metros unos de otros. Sin pensárselo dos veces, los “diablos rojos”, la caballería de elite comandada por li Naomasa, apodados así por el color rojo de sus armaduras, lanzaron una furiosa carga contra los 17.000 hombres de Ukita Hideie que defendían el centro de la línea formada por el Ejercito del Oeste. Al poco tiempo, Fukushima Masanori avanzó con su infantería para apoyar a Naomasa, realizando sus arcabuceros un demoledor fuego que empezó a sembrar de cadáveres las filas de Hideie. A su izquierda avanzaron también los 8.000 hombres de las divisiones de Kyogoku Takamoto, Todo Takatora y Terazawa Hirotaka que aplastaron a 2.100 hombres de Otani Yoshitsugu y Toda Shigemasa que defendían ese sector de la línea.
Por la derecha 22.000 hombres comandados por Kuroda Nagamasa, Tanaka Yoshimasa, Hosokawa Tadaoki, Kato Yoshiaki y Tsutsui Sadatsugu lanzaron una carga masiva y arrolladora contra la línea defendida con 11.000 hombres por el propio Mitsunari y varios de sus comandantes. La superioridad numérica del ejército del este amenazaba con aplastar a Mitsunari, llegando los soldados enemigos de Kuroda Nagamasa, (que tenía viejas cuentas pendientes con Mitsunari y deseaba matarle en persona), a estar a pocos metros de él.

Los feroces asaltos de los hombres de Tokugawa y el certero disparo de sus arcabuceros estaban a punto de decidir la batalla hasta que Mitsunari puso en posición cinco cañones que poseía y empezó a bombardear al enemigo obligándolo a retirarse. Las tropas del este no conocían demasiado el poder de los cañones ya que no tenían mucho contacto con los mercaderes occidentales y aunque estos eran principalmente armas de asedio que lanzaban proyectiles solidos su poder desmoralizante era bastante alto.

Tras hacer retroceder al enemigo, Mitsunari ordenó contraatacar a Tanaka Yoshimasa, que estaba a su retaguardia, pero las tropas enemigas ya se habían reagrupado y volvieron a la carga obligando a las tropas de Mitsunari a volver a ponerse a la defensiva.

Ademas de continuar los intercambios de disparos de arcabuz y las cargas de infanteria en el centro, Tokugawa envió a los 6.500 soldados de Asano Yukinaga a atacar las tropas de Natsuka Masaie, que junto con los 6.000 hombres de Chosokabe y los 15.000 de Mori Hidemoto estaban posicionados a la derecha de la línea, en las faldas del Monte Nangu, amenazando desde allí el flanco izquierdo de las tropas de Tokugawa.

A las 10:00 de la mañana y tras dos horas de intenso combate, Tokugawa adelanto su puesto de mando para motivar a sus hombres a combatir más duramente, la batalla estaba encarrilada y si seguía así era cuestión de tiempo acabar con Mitsunari, su única preocupación era donde estaba el resto del ejercito del oeste, pues Mitsunari solo contaba para defender su posición con 35.000 hombres de sus más de 80.000 hombres. Esa misma pregunta se hacía Mitsunari, que rápidamente envió a varios mensajeros a buscar al resto de sus tropas y solicitarles que se unieran al combate.

El viejo señor Shimazu Yoshihiro estaba plácidamente sentado observando la batalla sin mover un dedo por intervenir cuando un mensajero de Mitsunari le “invitó” a avanzar. Al no desmontar el mensajero del caballo para entregar el mensaje, el viejo Shimazu se sintió ofendido y rehusó hacer nada. Así pues, el propio Mitsunari tuvo que acudir en persona para invitar al viejo Shimazu a unirse a la batalla. El viejo le respondió que en la batalla cada uno debía atender sus propios asuntos pues no había tiempo para preocuparse por los asuntos de otros, así que Mitsunari tuvo que regresar al combate sin poder contar en sus planes con las tropas de Shimazu. (Cosas que hoy en día pueden parecernos sorprendentes pero así era el Japón feudal, lleno de orgullo y donde las formas eran más importantes que el fondo. En este caso, el Ejército del Oeste era una alianza de altivos señores que compartían un enemigo, todo lo contrario del Ejército de Tokugawa, donde el mando del líder era férreo e incuestionable)

La única esperanza de Mitsunari para obtener la victoria era que las tropas de los clanes Chosokabe y Mori situadas en el Monte Nangu más las tropas de Kobayakawa Hideaki, situadas a la derecha de Otani Yoshitsugu cubriendo el flanco derecho, conseguieran avanzar para envolver al enemigo por el flanco izquierdo y atacar su retaguardia antes de que la línea de Ukita Hideie fuera aplastada por la superioridad numérica del enemigo. Tokugawa por su parte no ideo ninguna estrategia y continuó lanzando ataques frontales contra el enemigo, esperando que en algún envite la línea se desmoronara y conseguir así una victoria total.

A las 11:00 de la mañana, mientras los hombres de Tokugawa atacaban el centro de la linea, Mitsunari ordenó avanzar a los 15.000 hombres de Kobayakawa Hideaki para atacar el flanco y la retaguardia enemiga. Para su sorpresa Hideaki no se movió y respondió con evasivas. Media hora más tarde, Tokugawa decidió enviar a algunos de sus hombres para saber de qué lado estaba Hideaki, como respuesta éste ordenó atacar a sus aliados, traicionando a Mitsunari en el momento decisivo.

Los hombres de Hideaki atacaron a los de Otani Yoshitsugu, los cuales ya estaban desgastados por los sucesivos ataques de los hombres de Tokugawa y no pudieron defenderse. Poco después, con sus hombres en franca desbandada, Otani Yoshitsugu ordenó a uno de sus servidores que le cortara la cabeza y la escondiera para que no cayera en manos enemigas. (Era tradición que tras una batalla los samuráis se llevaran como trofeo las cabezas de sus enemigos para exponerlas en los festejos posteriores)

La ruptura de la línea provocó una desbandada general y li Naomasa se lanzó a la persecución de los hombres que huían con sus diablos rojos. Al poco rato alcanzó las líneas del viejo Shimazu, quien por fin salió de su letargo y tras ver la situación decidió marcharse, emprendiendo sus tropas una retirada en orden a cubierto de tropas de arcabuceros, los cuales consiguieron herir de un disparo a li Naomasa y detener su persecución.

Las tropas de Chosokabe y de Mori que tampoco habían entrado en acción decidieron emprender también la retirada y con ello la batalla acabó. Mitsunari y algunos de sus fieles huyeron a las montañas.

A las 2:00 de la tarde todo había terminado, y mientras sus hombres se dedicaban a recolectar las cabezas de los enemigos muertos Tokugawa Ieyasu proclamó su victoria, había ganado la batalla y con ella la guerra: era el señor de todo Japón.
Pero su victoria no se debió a una estrategia mejor que la de su rival sino a la traición, la cobardía y la desunión de los señores del ejército del oeste, que en el momento decisivo no dudaron en abandonar y traicionar a Mitsunari con tal de salvar su pellejo.

El traidor Kobayakawa Hideaki se encargó poco después de tomar el Castillo de Sawayama, hogar de Mitsunari, para demostrar su lealtad a Tokugawa. Varios días después de la batalla Ishida Mitsunari fue capturado junto con Ankokuji Ekei y Konishi Yukinaga. Condenados a muerte, fueron decapitados en Kioto, la ciudad imperial.

Otro de los más importantes líderes del Oeste, el valiente Ukita Hideie, huyo a las tierras de los Shimazu, hasta que tiempo después estos le vendieron a Tokugawa. Ieyasu sentía un gran respeto por Hideie y decidió perdonarle la vida y condenarlo al exilio a la isla de Hachijō-jima.

Finalmente, en 1603 Ieyasu, tras prometer en matrimonio a su joven hija con Hideyori Toyotomi, fue nombrado oficialmente “Shogun” por el Emperador Go-Yōzei. Comenzaba el largo periodo del gobierno de paz y prosperidad de los Tokugawa.

Fuentes: “Sekigahara 1600; the final struggle for power” del autor Anthony J Bryant y publicado por Osprey en 1995.

Artículos relacionados:
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Hattori Hanzo, 1541-1596

© 2011 – Autor: Marco Antonio Martín García
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Categorías: Historia Militar y Grandes Batallas | 10 comentarios

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10 pensamientos en “Batalla de Sekigahara, 1600

  1. Un gran artículo, como siempre 🙂

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  2. Hola Marco Antonio

    Me ha gustado mucho tu blog, creo que los temas están muy bien escogidos, y artículos como este son muy refrescantes. No todo va a ser Barbarroja y Normandia.

    Saludos.

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  3. nada de mediocre como se expresa una persona, los artículos me parecen interesantes y esclarecedores ,la historia me apasiona, solo muchas gracias por acercarnos a la historia.

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  4. Pingback: Batalla de Sekigahara, 1600

  5. Pues yo quiero ser así de mediocre.

    Recomendaría, muy mucho, la novela de James Clavell Shogun que trata de este periodo. Por si alguien no la conoce. Además hicieron una serie, ahora se llamaría miniserie, de televisión, creo recordar que eran 8 episodios. Muy bien conseguida la ambientación nipona

    Saludos desde el Sur del Sur

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  6. Esta batalla trasladada a un film debe ser la leche. Me ha encantado el artículo.

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  7. Pingback: Batalla de Sekigahara. - Jiu-Jitsu Ryu.

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