La Masacre de Cassinga, 1978

El 4 de mayo de 1978, las fuerzas aerotransportadas del ejército sudafricano atacaron Cassinga, un antiguo pueblo minero de Angola, en el que se encontraba ubicado un campamento de refugiados que acogía a civiles que habían huido del conflicto independentista entre el Ejército Popular de Liberación de Namibia y el régimen del apartheid de Sudáfrica, en el contexto de la conocida como Guerra de la Frontera de Sudáfrica (1966-1990). El ataque indiscriminado del ejército sudafricano contra el campo de refugiados se saldó con la muerte de 624 civiles, en su mayoría mujeres y niños, y con 611 heridos de diversa gravedad. Esta masacre contra civiles, que constituye un grave crimen de guerra, fue negada en su momento por el gobierno de Sudáfrica, considerando las muertes como daños colaterales en el ataque contra un campamento militar y tildando las acusaciones, de haber perpetrado una masacre, de “propaganda comunista”. Una versión que, pese a las evidencias en contra, aún mantienen hoy en día algunos historiadores anglosajones. Lamentablemente, Cassinga, como tantas otras matanzas acontecidas en el contexto de conflictos bélicos, pasó al olvido sin que los responsables pagasen por sus actos. Los únicos que nunca olvidaron lo acontecido fueron los que lo sufrieron en sus carnes.

1 – Contexto de los hechos: el conflicto por la independencia de Namibia (1966-1990).

Chozas del Campamento de Cassinga en llamas.Fuente Reddit.com

El territorio de la actual Namibia, habitado tradicionalmente por el pueblo nama (nàmáqua), fue colonizado por Alemania en 1840, siendo bautizado con el pomposo nombre de África del Sudoeste Alemana. Tras la Primera Guerra Mundial (1914-1919), la colonia alemana fue ocupada militarmente por la Unión Sudafricana. Una ocupación que, en 1920, fue respaldada por la Sociedad de Naciones, otorgando a Sudáfrica un mandato temporal para la administración del territorio. Dicho mandato temporal pasó a ser permanente en 1946, cuando Sudáfrica decidió convertir el territorio en una más de sus provincias, pese a la oposición de la ONU.

Dos años después, en 1948, el pastor protestante Daniel François Malan, líder del Partido Nacional (un partido nacionalista que defendía los intereses de los afrikáners, los pobladores blancos descendientes de los colonos holandeses), accede al poder en Sudáfrica e instaura un nuevo tipo de régimen basado en la política del apartheid (separación), es decir la segregación racial contra los pobladores de raza negra, a los que se comenzó a desplazar forzosamente, expulsandolos de las ciudades para concentrarlos en “reservas tribales” o bantustanes, es decir guetos rurales en los que concentrar a la población que no era blanca.  Obviamente, esta política racista provocó un gran malestar entre los pobladores de raza negra, pero, sus protestas fueron violentamente reprimidas por el régimen, dando lugar a episodios como la Matanza de Sharpeville, Transvaal, el 21 de marzo de 1960, en la que la policía sudafricana abrió fuego contra una manifestación contra el gobierno, matando a 69 personas e hiriendo a 180.

 En el territorio de Namibia, la actuación del régimen del apartheid avivó los deseos de independencia de muchos de sus pobladores, dando origen a la creación, el 19 de abril de 1960, de la Organización del Pueblo de África del Sudoeste (South West Africa People’s Organisation o SWAPO) un movimiento político de ideología marxista-leninista (desde 2017 reconvertido en socialdemócrata) dedicado a la lucha por la independencia de Namibia. Seis años después, que el 18 de julio de 1966, el SWAPO comenzó la lucha armada contra el gobierno de Sudáfrica, iniciándose la conocida como Guerra de la Frontera (1966-1990), un conflicto que se agravaría al interconectarse con la intervención de Sudáfrica en conflictos de países vecinos, como la Guerra de Independencia de Angola (1961-1975) y la Guerra Civil de Rodesia (Rhodesian Bush War, 1964-1979).

En un contexto mundial enmarcado por el enfrentamiento entre el Bloque Comunista y Occidente, la célebre Guerra Fría, los conflictos por la descolonización de África era una pieza más de un tablero de ajedrez mundial en el que la URSS y sus satélites apoyaban recurrentemente a las guerrillas independentistas de ideología socialista, y E.E. U.U. hacía lo propio con las potencias coloniales y los movimientos guerrilleros anticomunistas (como UNITA en Angola). Esta circunstancia permitió al régimen racista del apartheid sostenerse en el tiempo, pese a su impopularidad internacional, ya que Sudáfrica era considerada una pieza clave para frenar la expansión del comunismo en África, y que, como parte de su propia supervivencia, el régimen sudafricano no escatimara esfuerzos en combatir las guerrillas comunistas tanto en su territorio, como en el de los países vecinos.

Por otro lado, este mismo contexto de Guerra Fría permitió al Ejército Popular de Liberación de Namibia (People’s Liberation Army of Namibia o PLAN), el brazo armado del SWAPO, abastecerse de armas soviéticas y, tras la independencia de Angola en 1974, contar además con el apoyo del Movimiento Popular de Liberación de Angola (MPLA), y de las tropas cubanas desplegadas en Angola para apoyar al MPLA, para establecer campamentos militares en el sur de Angola, desde los que sus guerrillas realizaban incursiones en Sudáfrica.

A raíz del incremento de las incursiones guerrilleras en su territorio, a comienzos de mayo de 1978, el gobierno sudafricano, encabezado por John Vorster (1915-1983), decidió responder con la Operación Reindeer: el asalto militar a las bases de los guerrilleros del SWAPO en el sur de Angola. Entre estas bases se encontraba el campamento de refugiados de Cassinga, considerado por la inteligencia militar sudafricana como un cuartel general de los mandos regionales del SWAPO desde el que se preparaban los ataques contra Sudáfrica. Además, los servicios de inteligencia creían que, entre dichos mandos, se encontraba el comandante Dimo Hamaambo (1932-2002), jefe militar del PLAN y, por ello, un objetivo prioritario para el ejército sudafricano. Por todo ello se decidió destruir el campamento de Cassinga a cualquier precio.

2 – La Operación Reindeer.

La Operación Reindeer fue diseñada por el teniente general Constand Laubscher Viljoen (1933-2020), comandante en jefe del ejército sudafricano, y por su mano derecha, el mayor general Ian Rimbault Gleeson (nac.1934), Jefe de Operaciones del Estado Mayor del Ejército, y el oficial encargado de dirigir la operación sobre el terreno.

El general Viljoen, era un ardiente partidario de los ataques preventivos en territorio enemigo, y del empleo de paracaidistas para realizar operaciones de “envolvimiento vertical” (emplear medios aéreos para rodear al enemigo) similares a las realizadas por los EE. UU. en Vietnam, por ello, diseñó una operación militar en la que poder demostrar la utilidad de sus tácticas modernas. El plan de Viljoen consistía en emplear grupos de combate altamente móviles y potentemente armados para atacar los complejos de campamentos enemigos designados en clave como Alfa (el Campamento de Cassinga), Bravo (los campamentos ubicados en Chetequera y Dombondola) y Charlie (los campamentos en Omepepa, Namuidi, y Henhombe).

General Constand Viljoen. Fuente Wikimedia Commons

Para ejecutar la Operación Reindeer, el general Gleeson tenía a su disposición a algunas de las mejores tropas disponibles en aquel momento: el ataque sobre el objetivo Alfa sería llevado a cabo por un batallón paracaidista al mando del coronel Jan Breytenbach (nac. 1932), el ataque sobre el objetivo Bravo recaería principalmente sobre un grupo de infantería mecanizada designado como Juliet, al mando del comandante Frank Bestbier (1918-1978) un oficial veterano que ya había combatido en Angola, y, por último, el objetivo Charlie sería atacado por el 32º Batallón de Infantería Ligera, una unidad experta en la contrainsurgencia, al mando del coronel Gert Nel, y compuesta por muchos veteranos del Frente de Liberación Nacional de Angola exiliados en Sudáfrica.

La designación del coronel Jan Breytenbach como oficial al mando del ataque sobre Cassinga dice mucho sobre la importancia que el alto mando sudafricano concedío a dicha operación. Breytenbach, era un oficial veterano del primer batallón paracaidista, que era experto en operaciones especiales (había realizado el curso de entrenamiento del famoso Special Air Service SAS de Rhodesia y ejecutado diversas operaciones clandestinas en Nigeria, Zambia, Tanzania, Angola, y Mozambique), que ya en 1966, al comienzo de la guerra, había dirigido un asalto helitransportado sobre la base del SWAPO en Ongulumbashe, en el norte de Namibia. A su mando tenía 1.360 soldados paracaidistas, escogidos de los batallones 2º y 3º, que serían lanzados por seis aviones de transporte, C-130 Hércules y C-160 Transall, directamente sobre Cassinga, y, una vez concluido su asalto, extraídos mediante helicópteros Super Frelon y Puma.

Realizar una incursión a 260 Km de distancia, en el interior del territorio enemigo, como la planteada en la Operación Reindeer, conllevaba muchos riesgos. Por eso, para evitar errores, el ejército sudafricano escogió a sus mejores soldados, armamento, y equipo. Sin embargo, y como veremos a continuación, en el caso del asalto al Campamento de Cassinga entraban factores en juego que no estaban correctamente valorados: ¿si era un cuartel general enemigo, porque contaba con unas defensas tan escasas?, y, quizás lo más importante; ¿a qué se debía la importante presencia de civiles en el área?

3 – El asalto a Cassinga, 4 de mayo de 1978.

Tras recibir la imprescindible autorización de su gobierno, el general Viljoen dio orden de comenzar la Operación Reindeer el jueves 4 de mayo de 1978. A las 6:00 de la madrugada los aviones de transporte sudafricanos despegaron, con su carga de paracaidistas, en dirección a Angola. Dos horas después, a las 8:00, cuatro bombarderos English Electric Canberra, comenzaron a dejar caer las 1200 bombas antipersonal que portaban (300 cada avión), sobre el campamento de Cassinga. Las bombas lanzadas fueron del modelo Alpha, un tipo de munición esférica de carcasa de goma diseñada para “rebotar” y estallar 10 metros sobre el nivel del suelo con objeto de que su carga de metralla (240 bolas de acero de 15 mm de diámetro), se esparciera por un área mayor y afectase de una forma más mortífera a los objetivos humanos. Aun contando con que no todas las bombas estallaron correctamente, el área de Cassinga sufrió una mortífera lluvia de cientos de miles de bolas de acero (300 bombas multiplicadas por 240 balines cada una) que segó la vida, o hirió gravemente, a cientos de las 4,098 personas que ocupaban el campamento en ese momento. Tras esa primera oleada de bombarderos, una segunda oleada, compuesta por cuatro aviones Blackburn Buccaneer lanzó sobre el campamento 32 bombas de propósito general (explosión + fragmentación), de 454kg cada una, que destruyeron varios edificios del campamento, entre ellos el hospital, y el almacén de víveres. Por último, dos cazas Dassault Mirage III hicieron varias pasadas sobre el campamento ametrallándolo con sus cañones de 30mm y destruyendo el parque de vehículos.  Tras este contundente ataque aéreo, el campamento era un caos de llamas, polvo, escombros, y victimas, a punto de recibir el ataque de los paracaidistas sudafricanos.

A causa de la inexperiencia de algunos de los pilotos de transporte, y de la tremenda humareda causada por el bombardeo, el desembarco aéreo de los paracaidistas, divididos en cuatro compañías (A, B, C, y D) y dos pelotones independientes (9º y 11º), no fue muy preciso. Las compañías A y B debían aterrizar al oeste, entre el campamento y el río Culonga, pero cayeron dos kilómetros más al sur de lo previsto, la Compañía C aterrizó al este, entre la carretera Cassinga-Techamutete, la compañía D aterrizó al sureste, en un terreno boscoso que les dificultó el movimiento, y, por último, los dos pelotones, 9º y 11º, cayeron, con precisión, al norte del campamento.

Tras reagruparse, las diferentes compañías comenzaron a realizar sus cometidos asignados: la C, cortó una ruta de escape oculta, al este del campamento, la D se dedicó a bloquear las rutas de escape por carretera, al sur del campamento, y a preparar emboscadas para contener a cualquier tropa de refuerzo que pudiera llegar en auxilio de Cassinga, el pelotón 9º asaltó unas casas al norte, en las que se sospechaba que se alojaban oficiales cubanos, sufriendo en el proceso algunos heridos por el “fuego amigo” de sus aviones de apoyo, el 11º pelotón asaltó un pequeño campo de entrenamiento ubicado al noroeste del campamento principal, y, por último, tras una ardua labor para agruparse y orientarse, las compañías A y B, apoyadas por secciones de morteros, y por sus aviones de apoyo Buccaneer, comenzaron el asalto sobre Cassinga.

Mientras los paracaidistas perdían un valioso tiempo en reagruparse y alcanzar sus posiciones para rodear el campamento, los 300 defensores del mismo, sumidos en el caos, fueron incapaces de reaccionar coordinadamente. Algunos, al ver descender los paracaídas, trataron de emplear las escasas armas antiaéreas soviéticas de las que disponían (un ZU-23 de dos cañones de 23mm, y dos ZPU-2 de 14.5mm), o de organizarse en grupos de combate y atrincherarse, otros, sin embargo, fueron presa del pánico, y optaron por huir junto a grupos de civiles aterrorizados. Varios de estos últimos no tuvieron suerte y, mientras huían apresuradamente, cayeron abatidos en emboscadas tendidas por los paracaidistas sudafricanos, que bloqueaban las rutas de salida del campamento.

Sobre las 10:00 de la mañana, la compañía A de paracaidistas sudafricanos comenzó a atacar el campamento por la izquierda, mientras la compañía B hacía lo propio por la derecha. Sin embargo, al poco tiempo, la compañía A se topó con el fuego de las ametralladoras antiaéreas rebeldes y su avance fue frenado en seco. La compañía B, por su parte, no encontró resistencia organizada y, avanzando entre numerosos cadáveres de civiles muertos en el bombardeo, comenzó a limpiar de enemigos las viviendas y tiendas campaña, hasta que quedó a su vez inmovilizada por el fuego de un francotirador rebelde, y de un arma antiaérea. Ante esta situación, la compañía D y la sección de morteros tuvieron que acudir al rescate de sus compañeros inmovilizados. Quizás por la tensión de la situación, o porque eran hombres de “gatillo fácil”, los paracaidistas no dudaban en disparar a cualquier enemigo con el que se topaban en su intrincado avance a través de las defensas del campamento, lo que provocó la muerte de muchos civiles.

Finalmente, tras un duro combate de más de dos horas, los paracaidistas lograron silenciar las armas antiaéreas del SWAPO, y acabar con las bolsas de resistencia que encontraron. El campamento era suyo. Según las fuentes sudafricanas, el asalto se saldó con 95 combatientes enemigos muertos, y la pérdida de un paracaidista muerto y tres heridos, entre los que estaba el propio comandante; Jan Breytenbach.

Paracaidistas Sudafricanos. Fuente Reddit.com

Tras el combate, los sudafricanos instalaron su puesto de mando, y un hospital de campaña improvisado, en el antiguo edificio del hospital del campamento (milagrosamente había quedado en pie tras el bombardeo), para atender a sus heridos mientras esperaban la planeada evacuación en helicóptero. En ese intervalo, uno de los oficiales sudafricanos, tuvo la idea de emplear a los civiles capturados: mujeres y niños, como “escudos humanos”, ordenándolos colocarse en torno al edificio del hospital para evitar así el fuego de algunos francotiradores del SWAPO que aún permanecían activos. Una buena muestra de la mentalidad afrikáner y su falta de consideración hacia las vidas de los rebeldes.  Pese a todo, el truco funcionó, y los francotiradores enemigos no osaron actuar, por temor a herir a los civiles.

Poco después, mientras esperaban la extracción, recolectando documentos valiosos, y escogiendo a los prisioneros que se llevarían con ellos para ser interrogados, los paracaidistas sudafricanos recibieron noticias, por parte de su reconocimiento aéreo, de que se aproximaba una columna de soldados cubanos, que habían partido desde su campamento, en Techamutete, para auxiliar a sus aliados del SWAPO en Cassinga. Pese a la alarma que esto suscitó, los oficiales sudafricanos confiaban en disponer de suficiente tiempo para poder abandonar el campamento sin necesidad de combatir contra los cubanos. Poco después, llegó la primera oleada de helicópteros, compuesta por cinco Puma, que evacuó a nueve heridos, y varios paracaidistas, y además, trajo consigo una inesperada visita; la llegada del general Viljoen, que acudió al campamento para pavonearse del éxito de su operación, y sacarse las correspondientes fotos propagandísticas, mientras sus soldados hacían pilas con los enemigos muertos, y las armas incautadas, y procedían a quemar, o a demoler con explosivos los restos del campamento, para impedir su reutilización.

4 – El contrataque cubano.

Mientras los sudafricanos evacuaban a sus soldados en sucesivas oleadas de helicópteros, la columna de soldados cubanos, compuesta por unos treinta vehículos, se aproximaba al campamento. Uno de los aviones de apoyo Buccaneer trató de retrasarla, empleando sus últimas reservas de munición para hacer una pasada y atacarla, logrando destruir los tres primeros vehículos antes de tener que replegarse para repostar. Según las fuentes sudafricanas, la columna cubana estaba compuesta por un batallón de infantería mecanizada apoyado por una compañía de carros de combate, en total, unos 400 hombres. Frente a ellos, en el campamento quedaban aún unos 200 paracaidistas, entre los que estaba el pelotón antitanque, armado con RPG-7.

Poco antes de llegar al campamento, los vehículos cubanos; desfasados transportes BTR-152 y tanques T-34/85, se toparon con minas anticarro colocadas en la carretera y con una emboscada que había preparado el pelotón antitanque sudafricano, perdiendo a causa de ello un tanque, cuatro transportes de personal, y sufriendo unos 40 muertos (según las fuentes sudafricanas, que, como es habitual en todas partes, siempre exageran las perdidas enemigas y minimizan las propias). Tras la llegada de nuevos enemigos, el pelotón sudafricano, se replegó al campamento de Cassinga para unirse a sus compañeros en la defensa del mismo.

Ante el ataque de un contingente mecanizado, los paracaidistas, que solo disponían de armamento ligero, solo podían optar por emplear su pelotón antitanque, y sus morteros, defender la zona de aterrizaje de los helicópteros, y esperar una rápida evacuación, antes de verse sobrepasados. A la tensión del momento, se unía el temor ante la posibilidad de que su comandante en jefe, el general Viljoen, pudiera ser alcanzando por el fuego enemigo, o capturado, con las consecuencias políticas y propagandistas que un hecho así podía desencadenar. Felizmente para ellos, acudió al rescate su apoyo aéreo, un bombardero Buccaneer y dos cazas Mirage, que causaron estragos en la columna blindada cubana, destruyendo seis transportes y dos tanques. Gracias a esto, los helicópteros pudieron llegar a tiempo para comenzar la evacuación del resto de paracaidistas.

Pese a todo, los soldados cubanos no se dieron por vencidos y persistieron en su ataque, comenzando a bombardear con morteros la zona de aterrizaje, y efectuando disparos con sus armas de mano contra los helicópteros, lo que provocó el caos en la evacuación de los paracaidistas. Muchos de ellos perdieron la disciplina y comenzaron a correr para subirse a los helicópteros a cualquier precio, llegando incluso a pelearse por entrar en ellos, en un vergonzoso “sálvese quien pueda”.  Finalmente, y pese a todo, la evacuación pudo completarse, y los paracaidistas se salvaron. Aunque, probablemente los más afortunados fueron unos 75 prisioneros del SWAPO, capturados en el campamento, que, dadas las prisas de sus captores, fueron abandonados a su suerte, siendo liberados por los soldados cubanos. En este hecho, hay también que destacar que uno de los oficiales sudafricanos, el brigadier Hannes Botha, preguntó al general Viljoen si debía ejecutar a los cautivos, dada la imposibilidad de trasladarlOs en helicóptero para ser interrogados. Un crimen de guerra que, felizmente, Viljoen no consintió.

Finalmente, sobre las 15:00 horas, los últimos paracaidistas fueron evacuados de Cassinga y, media hora después, la aviación sudafricana realizó nuevos ataques contra el campamento, infringiendo nuevas bajas entre las tropas cubanas. Posteriormente, una columna blindada de soldados angoleños llegó al lugar para reforzar a sus aliados e investigar lo acontecido.

Restos del Campamento. Fuente Reddit.com

5 – Balance de daños y conclusiones.

El asalto al campamento de refugiados de Cassinga fue considerado por el gobierno sudafricano como todo un éxito. Se había destruido una base enemiga, y causado fuertes bajas a los rebeldes del SWAPO y, también, a los soldados cubanos desplegados en Angola, que, según las fuentes sudafricanas, sufrieron la perdida de cuatro tanques T-34/85, diecisiete transportes blindados BTR 152, siete camiones, cuatro cañones antiaéreos, y la de 16 soldados muertos y 64 heridos (algunas fuentes elevan la cifra de muertos a más de 100). El precio de esta victoria había sido de tres muertos, once heridos, y un desaparecido (probablemente algún paracaidista que sufrió algún accidente al descender, o cayó al río y su cadáver no apareció). Sin embargo, las fuentes del SWAPO ponen en duda estas cifras oficiales y estiman que los paracaidistas sudafricanos sufrieron unos 25 muertos, y 100 heridos, en la operación.

Si en lo militar la operación fue un éxito para Sudáfrica, cabe preguntarse cual fue el precio moral de la misma una vez se conoció el número de civiles muertos. El balance oficial, realizado por el Gobierno de Angola tras recuperar los cadáveres, cifra estas pérdidas en 624 muertos (159 hombres, 167 mujeres, y 298 niños y adolescentes), y en 611 heridos. Unos daños colaterales inaceptables, e indefendibles por cualquier historiador que se considere un demócrata. Quizás por ello, y para curarse en salud, muchos escritores anglosajones pro-sudáfricanos, tilda a los muertos civiles de “combatientes enemigos” y la masacre como “propaganda”. Sin embargo, la verdad es bastante sencilla: el asalto a Cassinga fue un error militar que provocó la muerte innecesaria de cientos de civiles desarmados.

Lo que para el gobierno sudafricano era un importante campamento enemigo, era en realidad un simple campamento de refugiados, en el que se acogía a los civiles huidos de Namibia y se les prestaba atención sanitaria. Por ello, estaba pobremente defendido por unos cientos de guerrilleros y tres armas antiaéreas. Es cierto que los rebeldes del SWAPO utilizaban el campamento para otros fines, como almacenar munición, o para reclutar jóvenes que luego eran adiestrados en campos de entrenamiento cercanos, pero poco más. Y, ante esto, cabe preguntarse si fue un fallo de identificación por parte de la inteligencia sudafricana, ya que ninguno de sus objetivos prioritarios: el comandante en jefe del PLAN, Dimo Hamaamboo, y el comisario politico, Greenwell Matongoh, estaban allí, o si, por el contrario, sabían perfectamente que tipo de instalación era y lo que pretendieron simplemente fue obtener una victoria fácil que pudiera ser aprovechada con fines propagandísticos en un conflicto que estaban perdiendo. Esto último, explicaría la extraña, y arriesgada, presencia del comandante Viljoen en el campamento para sacarse fotos celebrando el éxito de la operación.

Sea como fuera, su victoria militar se convirtió en un escándalo internacional tras publicarse las primeras fotos de la masacre. Dos días después, el 6 de mayo de 1978, el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas aprobó una resolución condenando a Sudáfrica por la invasión armada realizada contra Angola y por la ocupación de Namibia, además, envió un equipo al lugar para atestiguar los hechos. Esto, supuso toda una derrota política para el régimen del Apartheid, que, pese a todo, continuó empleando la misma estrategia; realizar ataques preventivos en territorio enemigo, hasta que, tras la derrota sufrida en la Batalla de Cuito Cannavale (23/03/1988) el régimen sudafricano tuvo que ceder y abandonar Namibia. Un año después, se celebraron las primeras elecciones en Namibia, siendo elegido como presidente el líder del SWAPO, Sam Nujoma, y, el 21 de marzo de 1990, Namibia se convirtió en una república independiente. Cuatro años después, en 1994, el régimen del apartheid caía, y Nelson Mandela era elegido presidente de Sudáfrica.

Los militares implicados en la Masacre de Cassinga nunca respondieron por sus actos.

Fosa común de Cassinga. Fuente diario Granma

 Fuentes:

– Amukwaya Shigwedha, V.: Enduring Suffering: The Cassinga Massacre of Namibian Exiles in 1978 and the conclicts between survivors memories and testimonies. Universidad del Cabo Occidental. Ciudad del Cabo, 2011.

– McGill Alexander E.G.: The Cassinga Raid, Universidad de Sudáfrica. Pretoria, 2013.

© 2021 – Autor: Marco Antonio Martín García
Todos los derechos reservados.Prohibido su uso comercial y la reproducción parcial o total de este texto sin consentimiento previo del autor.
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