La Gripe Española, 1918-1919

En 1918, surgió en EE. UU, una gran epidemia de gripe, ocasionada por el virus Influenza, que, al coincidir con los últimos meses de la Primera Guerra Mundial, se propagó rápidamente, por la llegada de soldados norteamericanos infectados a Europa. Tras expandirse por el resto del planeta, el virus llegó a afectar a más de la mitad de la población mundial, generando la primera gran pandemia global de la Historia, y la más mortífera hasta la fecha, ya que causó unos 50.000.000 de muertos entre 1918 y 1919. Tras reaparecer esporádicamente en algunos países en 1920, la enfermedad desapareció para siempre, pero, sus secuelas perduraron en el tiempo, siendo inolvidables para los que vivieron aquellos tiempos de pánico ante el virus desconocido.
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Influenza A, H1N1

1 – Origen.

Pese a haber pasado a la Historia con el nombre de “Gripe Española”, la epidemia surgió oficialmente en el campamento militar de Funston, en Fort Riley, Kansas, EE. UU., el 4 de marzo de 1918, momento en el que se registra la primera víctima mortal a causa de la enfermedad; el cocinero militar Albert Gitchell. Sin embargo, estudios recientes, como los del historiador Santiago Mata en 2017, retrotraen su aparición a finales de 1917, cuando gran parte de los campamentos militares estadounidenses mostraban ya un alto grado de enfermos de gripe. Desde los campamentos militares de Kansas, la epidemia se expandió rápidamente al resto de EE. UU., alcanzado New York el 11 de marzo de 1918, tan sólo una semana después de su primera aparición oficial.

En agosto de 1918, la enfermedad comenzó a expandirse por Francia, tras la llegada, al puerto de Brest, de soldados norteamericanos para combatir a los alemanes en las trincheras de la Primera Guerra Mundial. Y, desde Francia, la enfermedad se propagó al Reino Unido, Italia, Alemania, y España, que, al ser entonces un país neutral en la guerra, no recurrió a la censura sobre la enfermedad como hacían el resto de los países afectados. Esto generó que apareciesen una gran cantidad de noticias sobre la epidemia en la prensa española y que, por ello, se achacase desde el resto de las naciones su origen a España, y se le diese, erróneamente, el nombre de “Gripe Española”. Con EE. UU. y Europa sufriendo los embates de la epidemia, era sólo cuestión de tiempo que alcanzase el resto del Mundo: en abril ya había llegado a México, y un mes después aparecieron los primeros casos en China y Japón. La enfermedad tenía una rápida propagación, que la hizo extenderse por todo el globo en poco tiempo, algo nunca vista hasta entonces, y que era debido en parte a su gran virulencia, y también a las malas condiciones higiénicas, la mala alimentación, y el hacinamiento, que sufrían grandes sectores de la población mundial en la época.

2 – El patógeno.

La Influenza es un virus de la familia de los Orthomyxoviridae, los virus que emplean ácido ribonucleico (ARN) como material genético y que infectan a animales vertebrados. Existen tres tipos de virus de la Influenza que afectan a los humanos: Virus Influenza A, B, y C. De estos tres tipos, el C es el más leve, mientras que los tipos A, y B, generan epidemias estacionales durante todos los inviernos. El tipo A es el más virulento y, por ello, el más proclive a expandirse rápidamente. Según su composición, el tipo A se divide en distintos subtipos, siendo el más famoso el H1N1, cuyas mutaciones fueron causantes no sólo de la gripe española, sino de la, más reciente, gripe A, de 2009. Otro tipo causante de pandemias fue el H5N1, el conocido como virus de la gripe aviar, que afectó a la población mundial, especialmente en Asia, entre 2004 y 2006. En el caso de la variante que dio origen a la gripe española, los científicos barajan diferentes opciones sobre su origen, centrándose, principalmente, en el salto de la enfermedad desde algún animal, como el cerdo doméstico, o aves de corral, al ser humano.

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Barracón Hospital en Camp Funston, Kansas, EE. UU.

3 – Sintomatología y efectos sobre el cuerpo humano.

La infección por el subtipo H1N1 de la Influenza A genera una alta fiebre, dolor de garganta, dolores musculares, tos seca y secreción nasal. Su peligrosidad reside en su capacidad de infectar los pulmones, pudiendo causar neumonía, y un mortal fallo respiratorio, a pacientes mayores de 65 años, con defensas bajas, o a pacientes con otras patologías previas e inmunodeficiencia. Sin embargo, en el caso de la gripe española, la mortandad de la enfermedad afectó principalmente a población joven, de entre 20 y 40 años. Una población teóricamente sana y fuerte que por algún motivo extraño fue más susceptible a contraer neumonía y fallecer. Ante este extraño caso, en el que la población de mayor edad sobrevivía o no se veía apenas afectada, mientras que le virus se cebaba sobre la salud de los jóvenes, el equipo científico del doctor Michael Worobey, de la Universidad de Arizona, en Tucson, Arizona, Estados Unidos, ha desarrollado una teoría según la cual, la población de mayor edad tenía una mayor inmunidad al virus por haber estado sometida, en su infancia, a epidemias similares a la del virus H1N1, mientras que, la población nacida a partir de 1880 soló estaba inmunizada ante una variante diferente, el H3N8. Algo similar habría ocurrido con la más reciente epidemia de H5N1, el virus de origen aviar, que causó una mayor tasa de mortalidad en pacientes jóvenes que en mayores.

Para combatir este tipo de virus, lo más eficaz es desarrollar una vacuna, algo que, en 1918, no fue posible, por la rápida expansión, y desaparición, del virus. En aquella época, los tratamientos se limitaban a medidas higiénicas para evitar el contagio, y a remedios caseros, o, para los más pudientes, la ingesta de sales ácido acetilsalicílico.

4 – Consecuencias de la Gripe Española.

Se desconoce, exactamente, el número de muertos que causó la epidemia de Influenza A, a nivel mundial, aunque, actualmente se estima en unos 50.000.000 de personas, entre el 3% y el 6% de la población mundial. Como siempre, la mortalidad dependía mucho de las condiciones sanitarias de cada país, los hábitos de higiene, la alimentación, etc… Obviamente, los países menos desarrollados sufrieron una mayor cantidad de víctimas. En EE. UU. fallecieron unas 650.000 personas, en Reino Unido unas 250.000, en España unas 200.000, en Francia e Italia unas 400.000 personas…mientras que en China murieron casi 30.000.000. Esta gran mortandad, se sumó a la originada por la tragedia que supuso la Primera Guerra Mundial (1914-1918), que ocasionó la pérdida de más de 10 millones de vidas, y agravó las maltrechas economías de muchos países europeos participantes en dicho conflicto. Por otro lado, las medidas de contención, como las cuarentenas, y el pánico resultante de la generalización de la epidemia, generaron un gran auge del desempleo entre 1918 y 1920, lo que a su vez provocó que los sectores más humildes de la población sufrieran hambre y carencias de productos básicos. Pese a todo, el Mundo se recuperó de la pandemia, y de las tragedias de la guerra, y, tan sólo cuatro años después, comenzó un nuevo ciclo de expansión económica, crecimiento demográfico, mejoras sociales, y optimismo generalizado: los felices años 20. Esa es la lección más importante que nos dejó esta terrible epidemia: el ser humano, con trabajo, esfuerzo, y unidad de propósito, siempre es capaz de sobrevivir y recuperarse.

Hoy en día, escribiendo desde el confinamiento en casa, a causa de una nueva pandemia, ocasionada por la expansión descontrolada del coronavirus COVID-19, no me cabe duda de que la humanidad logrará de nuevo recuperarse y sobrevivir a la pandemia, con unidad y solidaridad. Se han cometido errores políticos a la hora de contener el virus, pero la gente de a pie será la que consiga derrotar al virus respetando estoicamente las medidas de higiene y aislamiento.

Fuentes:
Resuelto el misterio del virus de la gripe “española” de 1918, articulo publicado online por la Organización Colegial de Enfermería.

Un siglo después de la ‘gripe española’: contribución de la Gran Guerra y conocimiento del genoma como herramienta para el control de la influenza, un artículo de Laura Gómez y Luis Alberto Gómez, publicado por la Facultad de Medicina de la Universidad El Bosque, Bogotá, Colombia.2019.

© 2020 – Autor: Marco Antonio Martín García
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Un comentario

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