Fernando de Magallanes y la Primera Vuelta al Mundo, 1519-1522

La expedición marítima capitaneada por Fernando de Magallanes y, tras su muerte, por Juan Sebastián Elcano, fue la primera circunnavegación de la Tierra en la historia de la humanidad. Esta expedición, financiada por la Monarquía Hispánica, trataba, al igual que previamente Cristóbal Colón, de encontrar una nueva ruta, por el oeste, hacia las valiosas especias producidas en las famosas “Indias Orientales” (Sudeste Asiático). La hazaña de estos marinos era fruto de una nueva época, en la que los hombres abandonaron los miedos y supersticiones medievales y se lanzaron a la mar, en busca de nuevos recursos y riquezas, para ellos, y para sus naciones. Una época en la que España protagonizó los más importantes descubrimientos geográficos, y, gracias a ello, logró forjar un imperio colonial, en donde no se ponía el sol.  Hombres sin miedo a lo desconocido, y, a su vez, expertos marinos, como Magallanes y Elcano, cambiaron el rumbo de la Historia.

1 – El contexto de la expedición: una época de descubrimientos geográficos.

El 29 de mayo de 1453, tras mes y medio de asedio, Constantinopla caía en manos del poderoso ejército turco. Con su conquista, el Imperio Otomano consolidaba su expansión hacia el sureste de Europa y, además, pasaba a controlar el Estrecho del Bósforo, y, con ello, el acceso al Mar Negro, una de las principales rutas de comercio marítimo entre Europa y Asia. A esto, se sumaba que la expansión turca había cortado también la Ruta de la Seda (ruta de comercio terrestre desde Oriente Medio a China) y el acceso seguro al Mar Rojo. Todo ello provocó que los mercaderes cristianos de Europa Occidental, principalmente genoveses y venecianos perdieran su acceso al lucrativo comercio de productos asiáticos, en especial a especias, como la pimienta negra, que en aquella época eran considerados productos de lujo, muy del gusto de la nobleza europea.

Ante esta situación, los comerciantes necesitaban buscar nuevas rutas marítimas hacia las preciadas “Indias Orientales” (Sureste Asiático), rutas que abocaban a los navegantes a adentrarse en el Atlántico, un vasto océano hasta entonces temido y desconocido.

Portugal y Castilla, serán las naciones europeas pioneras en la navegación atlántica, y, por ello, protagonizarán los principales descubrimientos geográficos que marcan el fin de la Edad Media y la entrada en la Edad Moderna.  En 1488, el portugués Bartolomé Díaz logró recorrer la costa occidental de África hasta doblar el cabo, que posteriormente los portugueses bautizaron como de “Buena Esperanza”, y alcanzar el Océano Índico. Se abría así una nueva ruta, aunque larga y peligrosa, hacia las Indias. Cuatro años después, en 1492, Cristóbal Colón, navegante genovés al servicio de Castilla, partiendo de la base teórica de que la Tierra era una esfera, trató de encontrar una nueva ruta a Asia navegando hacía el oeste del Océano Atlántico. Colón fracasó, no porque su idea no fuese correcta, sino porque en su intento se topó con un continente hasta entonces desconocido para los europeos: América. Seis años después, el portugués Vasco da Gama, será el primer navegante que consiga, doblando la costa de África, llegar a la India, alcanzando Calicut (actual Kozhikode), el 20 de mayo de 1498. Portugal se había adelantado a Castilla en su particular competencia por abrir rutas comerciales hasta Oriente. Sin embargo, y gracias a la exploración del istmo de Panamá y el descubrimiento del “Mar del Sur” (Océano Pacífico), por parte del español Vasco Núñez de Balboa, se abría una nueva posibilidad para Castilla: encontrar una ruta hacía las Indias Orientales a través de América reeditando la idea original de Colón. El principal defensor de esta teoría será el navegante portugués Fernando de Magallanes, el cual, rechazado por la corte del rey portugués, Manuel I, acudió a Castilla en busca de apoyos para organizar y financiar una expedición de exploración que encontrase una ruta de paso a las Indias atravesando América.

 

2 – El artífice de la expedición: Fernando de Magallanes (1480-1521).

Fernando de Magallanes (Fernão de Magalhães) nació en el norte de Portugal en 1480, en el seno de una familia de hidalgos (la nobleza menor) al servicio del conde de Faro. Gracias a ello, a los 10 años pudo entrar a servir como paje al servicio de la reina Leonor, esposa del rey Juan II de Portugal, criándose por tanto en un floreciente foco cultural que impulsaba los conocimientos astronómicos, matemáticos y geográficos, e impulsaba las expediciones en busca de nuevas tierras y recursos. Impresionado quizás por las noticias de viajes exitosos y nuevos descubrimientos, o, simplemente buscando fortuna y aventuras, a comienzos de 1505 Magallanes se alista como soldado para participar en una expedición de 22 naves y 1.500 hombres, comandada por Francisco de Almeida, que se dirigía hacia la India para establecer allí un dominio portugués. Durante su viaje, Magallanes conoció las costas de África y Asia, y, además, tuvo ocasión de demostrar su valor personal en varios combates: participando en incursiones, como el saqueo de Mombasa, en África el 13 de agosto de 1505 y en combates contra gobernantes indios locales, opuestos a la conquista portuguesa. Entre estos últimos, destaca el Combate naval del puerto de Cannanore, el 16 de marzo de 1506, en el que la flota portuguesa se enfrentó a una flotilla de 200 naves del zamorín (gobernante local) de Calicut, una dura batalla, en la que los portugueses se alzaron victoriosos, asentándose así sus conquistas en la costa del Índico. Aunque, la victoria también fue costosa, los portugueses sufrieron 80 muertos y 200 heridos, entre los que estaba Magallanes. Unos meses después, y ya recuperado, en noviembre de 1506, es destinado a un destacamento naval, comandado por Nuño Vaz Pereira, que se ve obligado a regresar a África para ayudar a la guarnición portuguesa de Sofala, Mozambique, que estaba siendo asediada y atacada por una facción indígena local. Allí, en la costa africana, permanecerá Magallanes hasta marzo de 1509, cuando se enrola en la armada de Diego López de Sequeira, que se dirigía hacia el puerto de Malaca, Malasia, con objeto de comerciar con el sultán local. Sin embargo, la expedición fue un fracaso, ya que los portugueses fueron atacados por sorpresa mientras negociaban con el sultán de Malaca, y se vieron envueltos en un arduo combate, en el que perdieron 70 hombres. Uno de los héroes del día fue Magallanes, que salvó la vida del capitán Francisco Serrano, forjándose desde entonces una gran amistad entre ambos. Un año después, en noviembre de 1510, Magallanes participará en una nueva expedición, en esta ocasión comandada por el nuevo virrey, Alfonso de Albuquerque, que partió a la conquista de la ciudad de Goa. La ciudad fue finalmente tomada el 10 de diciembre de 1510 y pasó a convertirse en la capital de las Indias Portuguesas. Poco tiempo después, en febrero de 1511, Magallanes participará en una nueva expedición de conquista contra el sultanato de Malaca. Para entonces, y gracias a sus méritos en combate y a su inteligencia, ya había ascendido de simple soldado a capitán. La conquista de Malaca le permite obtener un buen botín e incluso un esclavo, Enrique de Sumatra, que a partir de entonces le servirá de intérprete. Contento con las riquezas obtenidas, Magallanes retorna a Portugal en 1511.

De vuelta en Europa, Magallanes continuará la vida militar; en agosto de 1513 se enrola en una gran flota, comandada por Jaime de Braganza, que se dirigía a la ciudad portuaria de Azamor (Azemmour), ubicada en la costa atlántica de Marruecos, con la misión de someter a su gobernador, Muley Zeyam, que se negaba a seguir prestando vasallaje a los portugueses. Una expedición que solo le traerá desgracias. El 1 de septiembre de 1513, durante la conquista de la ciudad, Magallanes fue herido con una lanza en la rodilla, lo que, a partir de entonces, le provocará una cojera permanente. Como compensación y en vista a sus méritos en la batalla, Magallanes fue nombrado cuadrillero mayor, es decir: responsable de custodiar el botín tomado durante la batalla: miles de cabezas de ganado ovino y unos 3.000 caballos y camellos. Sin embargo, su buena posición se ve amenazada cuando, en mayo de 1514, es acusado de corrupción por su nuevo comandante Pedro de Sousa, que lo destituye y le acusa formalmente de malversación y corrupción, supuestamente, por comerciar ilícitamente con los magrebíes, revendiéndoles algunos de los animales capturados. A causa de esto, Magallanes, con su honor en entredicho, regresa a Lisboa para tratar de defenderse ante el rey Manuel I de Portugal. Sin embargo, el rey se niega a escucharle. Finalmente, las acusaciones contra Magallanes se diluyeron, ante la falta de pruebas, y no fue condenado. Sin embargo, su honor continuó en entredicho por el rechazo y animadversión que sufría por parte del rey Manuel I.

Sin dinero, lisiado, y sin el favor de la corte portuguesa, Magallanes decide buscar nuevas oportunidades y se traslada a Sevilla en 1517, por entonces el principal puerto del reino de Castilla y sede de la Casa de Contratación, organismo encargado de la navegación hacía los territorios descubiertos en América. Ante este organismo, Magallanes expuso su idea de buscar una nueva ruta hacía las codiciadas especias orientales. Sin embargo, el organismo rechazó su plan. Magallanes, que no estaba dispuesto a rendirse, decidió exponer su plan ante el propio rey Carlos I de España, al que le entusiasmó la idea y, con la ayuda de algunos importantes amigos; Juan de Aranda, factor de la Casa de Contratación, Juan Rodríguez de Fonseca, obispo de Burgos, y Cristóbal del Haro, un acaudalado mercader y financiero, consigue entrevistarse con el joven Carlos I (tenía 18 años) y exponerle su idea de encontrar una ruta hacía la Indias Orientales por occidente, bordeando la costa americana. Como argumento de peso, y para acabar de convencer al rey Carlos, Magallanes expuso que las islas Molucas, conocidas también como islas de las Especias, estaban dentro del área de exploración reconocida a Castilla por el Tratado de Tordesillas (7 de junio de 1494), el acuerdo por el que Castilla y Portugal se repartieron sus respectivas áreas de exploración y colonización. Por tanto, y pese a que las Molucas habían sido descubiertas por los portugueses en 1512, su exploración y explotación económica correspondían legalmente a Castilla (un argumento convincente para evitar un conflicto oficial con Portugal, pero que en la práctica no sirvió de mucho, ya que, años después, ambas potencias acabarían enfrentadas por su posesión).

Entusiasmado con la idea de sumar las islas de las Especias a sus dominios, el joven rey decide aprobar la expedición, concediéndole a Magallanes hombres y naves con los que realizar su empresa, y, además, garantizándole el cargo de adelantado y gobernador de los territorios descubiertos, el monopolio por 10 años sobre la exploración y los viajes realizados hasta las Molucas, y varias concesiones comerciales y privilegios, como el 20% de beneficios sobre las riquezas obtenidas. El 22 de marzo de 1518, en la ciudad de Valladolid, se firmó el acuerdo oficial, entre Magallanes y la Corona Española.

 

3 – La expedición a las Indias Orientales: el paso del Océano Atlántico.

Mapa de la expedición. Fuente Wikimedia Commons.

Con un presupuesto de 8.034.335 de maravedís, Magallanes pudo organizar una expedición compuesta por cinco naves y por una dotación de 239 hombres. El mando supremo de la expedición, obviamente, lo sustentaría el propio Magallanes, al mando de la nao Trinidad (132 Tn), mientras que la nao San Antonio (la mayor nave de la expedición con 144 toneladas) sería capitaneada por Juan de Cartagena, la nao Concepción (108 Tn) por Gaspar de Quesada, la nao Victoria (102 Tn) por Luis de Mendoza y la carabela Santiago (90 Tn) por Juan Serrano (João Serrão), primo de Francisco Serrano (Francisco Serrão), el gran amigo de Magallanes.

Una vez reunida, la escuadra zarpó del puerto de Sevilla el 10 de agosto de 1519, descendiendo por el Guadalquivir hasta llegar al puerto de Sanlúcar de Barrameda (Cádiz), en donde continúan los avituallamientos para el viaje. Una vez concluidos los preparativos salieron por fin al Atlántico. Tras hacer escala en las islas Canarias, en donde reclutaron algunos hombres para completar la dotación, la flota se dirigió hasta las costas de Sierra Leona, África, con objeto de aprovechar los vientos alisios (soplan, en las latitudes tropicales, de noreste a sudoeste en el hemisferio norte, y en dirección contraría en el hemisferio sur), para desplazarse hasta América de forma rápida y segura, evitando las temidas calmas en mitad del océano. El 13 de diciembre de 1519, alcanzaron la bahía de Santa Lucía (Río de Janeiro), en la costa brasileña, descendiendo por ella hasta llegar a la desembocadura del Río de la Plata el 10 de enero. Allí permanecieron cerca de un mes, explorando el río y buscando, infructuosamente, un paso hacia el “Mar del Sur” (el océano Pacífico).

Cabe mencionar, que, durante este primer tramo del viaje, en noviembre de 1519, el veedor general de la flota (inspector real que velaba por los intereses de Carlos I en la expedición), Juan de Cartagena, fue relevado del mando de la nao San Antonio, y puesto bajo arresto por no respetar el protocolo de saludo al capitán general de la flota, que se realizaba cada atardecer, disparando un cañonazo al aire, y por poner en cuestión las decisiones de Magallanes.  El mando de la San Antonio fue asumido temporalmente por el segundo de Cartagena, Antonio de Coca, hasta que, a fines de año, Magallanes nombró a su primo carnal, Álvaro de Mezquita, como nuevo capitán de dicha nao. Este enfrentamiento no fue intrascendente, porque mostraba a las claras la desconfianza mutua existente entre los oficiales “castellanos”, y los “portugueses” ,que comandaban la flota.

Continuando viaje por el sur de la costa suramericana, el 31 de marzo de 1520 la flota atracó en la que denominaron como “bahía de San Julián”, en la Patagonia de la actual Argentina. Se acercaba el invierno en el hemisferio sur y los hombres comenzaban a desesperar, pensando que no hallarían el paso hacia el Pacífico y las ansiadas islas Molucas. Allí, en el puerto de San Julián, Magallanes y sus hombres pasarán cinco meses, invernando mientras esperaban que mejorase el clima y pudieran continuar viaje. Fueron meses largos, en los que la esperanza menguaba a medida que se consumían las provisiones y arreciaba el frío. Muchos hombres murmuraban contra Magallanes y consideraban una locura continuar viaje, hasta que, finalmente, un grupo de treinta hombres, encabezado por Juan de Cartagena, y apoyado por Gaspar de Quesada, capitán de la Concepción, y por Luis de Mendoza, capitán de la Victoria, se amotinó contra Magallanes. Los amotinados tomaron la nao San Antonio y, tras asesinar al maestre de la nave, Juan de Elorriaga, apresaron a su capitán, Álvaro de Mezquita, el primo de Magallanes. De esta forma quedaban con tres naves frente a dos, lo que les permitía tener una posición de fuerza con la que imponer sus condiciones a Magallanes. Sin embargo, el portugués reaccionó con rapidez y firmeza; envió a su maestre de armas y alguacil de la flota, Gonzalo Gómez de Espinosa junto con seis hombres a entregar un mensaje al capitán de la nao Victoria, Luis de Mendoza, ofreciéndose a parlamentar con él. Aunque, todo era una treta de Magallanes, que, sabiendo que en dicha nave aún tenía muchos partidarios se había propuesto recuperarla. Cuando el capitán Mendoza comenzó a leer el mensaje entregado, fue asesinado por Gómez de Espinosa y sus hombres. Mientras, otro grupo de quince hombres, comandado por otro de sus leales, Duarte Barbosa, y que había salido sigilosamente de la Trinidad en un bote, abordó por sorpresa la Victoria y obligó a su tripulación a rendirse y volver a acatar las ordenes de Magallanes.

Con la recuperación de la nao Victoria, Magallanes volvía a tener superioridad en naves y hombres, y se dispuso a hacer frente al resto de los amotinados, bloqueando el puerto de San Julián para que no pudieran escapar. Desmoralizados, acaban rindiéndose tras un breve combate entre la nave capitana, la Trinidad y el San Antonio. Los oficiales amotinados fueron apresados y como castigo, Magallanes ordenó que el capitán de la Concepción, Gaspar de Quesada, fuera decapitado por alta traición y su cuerpo descuartizado, mientras que el principal instigador, Juan de Cartagena, y Pedro Sánchez de la Reina, un clérigo que se había unido a los amotinados, fueron desterrados y abandonados en tierra, a su suerte. Nunca más se supo de ellos. El resto de los amotinados fueron perdonados (eran necesarios para gobernar las naves y que la expedición pudiera continuar). Curiosamente, entre ellos se encontraba Juan Sebastián Elcano (1476-1526), el futuro protagonista de la expedición, que había sido nombrado por Cartagena capitán provisional del San Antonio, y que, obviamente, fue destituido por Magallanes, que restituyó en el mando a su pariente, Álvaro de Mezquita. Además, nombró a Juan Serrano nuevo capitán de la Santiago y a Duarte Barbosa capitán de la Victoria. Con estos nombramientos, Magallanes se aseguraban de que todas las naves fueran gobernadas por hombres de su plena confianza. Una vez resuelto el amotinamiento de forma favorable para Magallanes, la expedición se dispuso a continuar su aventura.

A comienzos de mayo, Magallanes envío a la carabela Santiago en misión de exploración de la costa sur, en busca del posible paso hacia el Pacífico. El 13 de mayo, la Santiago arribó a la desembocadura del río Santa Cruz (Argentina), en donde hallaron abundante pesca, una buena noticia ya que se acababan las provisiones de la expedición. Sin embargo, pocos días después, el 20 de mayo, cuando la Santiago continuaba su misión de exploración, fue sorprendida por un temporal y naufragó contra las rocas de la costa. La tripulación consiguió llegar a la costa y ponerse a salvo, pero en el naufragio perdió la vida un esclavo a servicio del capitán Serrano. Tras ser rescatados por Magallanes, los tripulantes se repartieron entre el resto de las naves, y a Juan Serrano se le concedió el mando de la Concepción. Ante el mal tiempo, la expedición tuvo que permanecer en la desembocadura del río Santa Cruz hasta el 18 de octubre, a pocos días antes de la llegada de la Primavera (22 septiembre), cuando por fin pudieron zarpar.

Finalmente, el 21 de octubre la expedición descubrió un cabo, al que bautizaron como “Cabo de las Once Mil Vírgenes “, y que estaba situado ante la entrada de una gran bahía, que comenzaron a explorar en los días siguientes la nao San Antonio y la Concepción. Será la San Antonio la que descubra el estrecho que comunicaba el océano Atlántico con el Pacífico, y que bautizaron con el nombre de Todos los Santos en honor a la festividad del 1 de noviembre. Posteriormente, el estrecho se rebautizará con el nombre de Magallanes, en honor a su hazaña. Sin embargo, días después, una desagradable sorpresa vino a enturbiar el dulce momento del descubrimiento. El 8 de noviembre el piloto de la nao San Antonio, Esteban Gómez, se amotinó contra su capitán, Álvaro de Mezquita, y convenció al resto de la tripulación para abandonar la expedición y regresar a España. El 6 de mayo de 1521, los desertores atracaron en Sevilla, siendo encarcelados hasta septiembre de 1522, cuando fueron liberados gracias a la intercesión de Elcano por ellos.

Con la pérdida de la nave más grande de la expedición, Magallanes se veía privado de una gran cantidad de las provisiones, y del agua almacenada, lo que perjudicaría la travesía por el océano Pacífico, al que arribaron, por fin, el día 27 de noviembre de 1521. (Magallanes bautizó como Pacífico a dicho océano por encontrarse en su travesía por éste con un raro periodo de mar en calma y buen tiempo, un nombre que perdura hasta la fecha.)

 

4 – Rumbo a las Indias Orientales.

A comienzos de 1521 la expedición comenzó a surcar la costa chilena en dirección norte, buscando tierras en las que aprovisionarse. Entre finales de enero y comienzos de febrero descubrieron dos islas, una a la que llamaron de San Pablo, y otra que bautizaron como de los Tiburones (islas Fakahina y Flint), en las que buscaron infructuosamente víveres, viéndose obligados a continuar viaje.  El 12 de febrero sobrepasaron la línea del ecuador y pusieron rumbo oeste, logrando llegar al archipiélago de las Marianas el 6 de marzo de 1521. Faltos de víveres, atracaron en la actual isla de Guam para buscar provisiones. A causa de los curiosos nativos que encontraron en la isla, los cuales treparon por sus naves y se llevaron todo lo que les pareció interesante o llamativo, incluso un bote (valorado en casi 4.000 maravedíes), los expedicionarios bautizaron a las islas como “Islas de los Ladrones”.

Magallanes y sus hombres no podían prescindir de las cosas hurtadas por los nativos así que atacaron su aldea para recuperarlas por la fuerza. Los nativos eran pacíficos y no supieron, ni pudieron, defenderse. Tras recuperar sus cosas, y aprovisionar las naves con comida y agua, la expedición zarpó a los tres días para continuar viaje rumbo al oeste.

Su siguiente destino serán la isla de Siargao, y de Dinagat, al noreste de Mindanao (en las actuales islas Filipinas), a las que llegaron a mediados de marzo. Una semana después, el día 28 de marzo, arribaron a la isla de Limasawa, ubicada al sur de Leyte, Filipinas. Gracias a que el esclavo de Magallanes, Enrique de Sumatra, conocía el idioma local, los miembros de la expedición fueron recibidos amistosamente por el rajah (rey), que gobernaba la isla, llamado Colambu, que les agasajó con comida y agua con la que reponer sus provisiones. La expedición agradeció su buena suerte celebrando una misa improvisada, que, curiosamente, pasará a la Historia como la primera misa celebrada en Filipinas.

Tras esta agradable estancia, Magallanes continuó buscando las Molucas, recalando una semana después en la isla de Cebú, Filipinas, en donde su rajah, al que las crónicas llaman Humabón, les recibió también amistosamente, e incluso aceptó convertirse al cristianismo y bautizarse con el nombre de Carlos, en honor al monarca español. Asimismo, la reina se bautizó también, recibiendo el nombre de Juana (en honor a la madre de Carlos I), un ejemplo que siguieron otros parientes cercanos, y unos quinientos nativos. Además de promover la conversión de los nativos, Magallanes hizo jurar al rey, ante una talla de la virgen, que sería leal al rey de Castilla. Cebú quedaba de esta manera sometida teóricamente a la autoridad española. La mayoría de los jefes tribales vecinos, también decidieron de buen grado seguir el ejemplo de Humabón, a excepción de uno: Lapulapu (o Çilapulapu), datu, o gobernante, de la isla de Mactán, que rehusó someterse. Ante este desafío, Magallanes decidió subyugarle por la fuerza.

Tras dar un ultimátum al jefe nativo, que éste rechazó, el 27 de abril de 1521, Magallanes, junto con 48 de sus hombres, desembarcó en la isla de Mactán con el fin de someter a Lapulapu. Sin embargo, tras desembarcar de las chalupas y dirigirse al poblado de Mactán, se toparon con una tropa indígena de 1.500 guerreros, agrupados en tres batallones, que los rodearon y atacaron. Tras media hora de combate, en la que los bravos soldados castellanos consiguieron contener al enemigo con sus disparos de mosquete y ballesta, e incendiar el poblado, la enorme superioridad numérica enemiga se impuso finalmente. Magallanes recibió el impacto de una flecha en el muslo y cayó herido, ordenando a sus hombres que se retiraran en orden hacía las chalupas, sin embargo, la mayoría huyó, y Magallanes, que fue herido también en la cabeza por una lanza enemiga, y en el brazo derecho por una cuchillada, quedó acompañado solo por ocho hombres, que lo defendieron hasta el final, cuando recibió un machetazo en el muslo izquierdo, que lo derribó, siendo después rematado en el suelo por la masa de indígenas, sin que sus hombres pudieran salvarle. Su cadáver tampoco pudo ser recuperado. Otros ocho castellanos murieron en la batalla, y la mayoría de supervivientes recibió heridas de diversa consideración. El valiente Magallanes había aguantado una hora de combate contra 1.500 enemigos, muriendo como un héroe, sin poder cumplir su sueño de llegar a las Molucas y alcanzar la riqueza.

Recreación actual de la muerte de Magallanes. Fuente Google Imágenes.

 

Gracias a su victoria, Lapulapu es considerado hoy en día un héroe nacional por los filipinos, al oponerse exitosamente a la colonización europea. Una oposición en todo caso efímera, ya que Filipinas fue colonizada por los españoles años después, a partir de 1565, permaneciendo como parte de su imperio hasta 1898 y la guerra entre España y EE. UU.

5 – El éxito y el retorno de la expedición.

Islas Ternate y Tidore, Molucas. Fuente Google.

La muerte de Magallanes privó a la expedición a las Molucas de su carismático líder, y el motor fundamental que les motivo siempre a seguir adelante, venciendo sus dificultades. Para reemplazar al irremplazable, los capitanes de la expedición eligieron temporalmente al portugués Duarte Barbosa, uno de los fieles de Magallanes. Ante el nuevo comandante acudirá al poco tiempo Enrique de Sumatra, el esclavo de Magallanes, que, herido, había sobrevivido a la batalla de Mactán, y que exigía su manumisión, como le había prometido su dueño, Magallanes, en caso de fallecer antes de poder liberarlo. Barbosa se negó a conceder la libertad al esclavo y le trató con malos modos, lo que provocó que Enrique decidiera acabar con él, urdiendo un complot con el rey de Cebú, Carlos (Humabón), el cual, por otro lado, ya no creía en la invencibilidad de los europeos, y deseaba librarse de ellos. Barbosa y veinticuatro de sus hombres de confianza fueron invitados a un banquete por el rey Humabón, y, mientras comían fueron atcados a traición.  Solo se libró de ser degollado el portugués Juan Serrano (João Serrão), que logró defenderse y escapar hacía la playa, en donde fue avistado por las tripulaciones de los barcos, que, en represalia comienzan a bombardear la aldea con sus cañones. Poco después, los indígenas apresan a Serrano y amenazan con matarlo si los castellanos cesan de disparar contra su poblado, a lo que estos consintieron. Los indígenas ofrecieron intercambiar a Serrano por mercancías, pero el nuevo comandante de la expedición, el portugués Juan López de Carvalho, piloto mayor de la flota, se negó a hacerlo, temiendo que fuera una trampa, y ordenó a las naves abandonar Cebú. Allí quedó Juan Serrano, vendido a su suerte por un compatriota, y también, el esclavo Enrique de Sumatra, que ganó con sangre y traición su ansiada libertad.

Tras su apresurada huida, la flota se dirigió a la isla de Panglao, en la provincia de Bohol, Filipinas. Allí, los 115 supervivientes de la expedición deciden incendiar la nave Concepción, dado el mal estado de esta y la dificultad de tripular tres naves con tan pocos hombres. Además, destituyen a Juan López de Carvalho por su cobardía y eligen a Gonzalo Gómez de Espinosa como nuevo comandante, dándole el mando de la nave capitana, la Trinidad, y, a Juan Sebastián Elcano, el mando de la nao Victoria. Tras estos ajustes, la expedición continuó viaje, llegando a la isla de Borneo, en donde fueron bien recibidos por el rey local y pudieron abastecerse de provisiones.

El 7 de noviembre de 1521 la expedición castellana llegó a la isla de Tidore, una las Molucas, consiguiendo por fin alcanzar su objetivo. Allí, los expedicionarios europeos pudieron comerciar amistosamente con su rey, al que la crónica de la expedición denomina rajah Manzor (Almanzor), intercambiando cuchillos de acero, paños damasquinados, brocados, sedas, y espejos, por clavo, una de las especias más valoradas, logrando llenar con este producto las bodegas de ambas naos, lo que les podría reportar una auténtica fortuna en Europa (en caso de regresar vivos). Además, y curiosamente, según Antonio Pigafetta, el cronista de la expedición, el rey de Tidore les informó de que ocho meses antes, había ordenado envenenar, por venganza, al capitán portugués Francisco Serrano (Francisco Serrão), el amigo de Magallanes, que había prestado apoyo militar al rajah de la isla de Ternate, enemigo del rey de Tidore. De esta forma cruel murió otro de los grandes exploradores y aventureros portugueses.

Una vez cumplida su misión, el 18 de diciembre de 1521 la expedición emprendió el camino de regreso a España, aunque ambas naves partirían por rutas diferentes:  la nao Victoria, con 47 hombres a bordo, seguiría la ruta portuguesa, es decir cruzaría el océano Índico y bordearía África, mientras que la nao Trinidad, que necesitaba reparaciones por su mal estado, trataría de regresar con el resto de la expedición, 59 hombres, por la recién descubierta ruta americana.

Juan Sebastián Elcano, 1476-1526. Fuente Google Imágenes.

Juan Sebastián Elcano (1476-1526) atravesó el Índico con la nao Victoria, siguiendo los vientos monzónicos, que le permitían desplazarse velozmente, mientras trataba de evitar las costas de la India en donde los portugueses tenían presencia (Elcano temía que estos apresaran su nave). El tratar de esquivar a los portugueses le impidió reaprovisionar la nave, y, para cuando llegaron a la costa oriental de África las provisiones y el agua estaban muy mermadas, y los marineros comenzaron a enfermar de escorbuto y estuvieron a punto de amotinarse para forzar a Elcano a reabastecerse en Mozambique. Sin embargo, el tozudo marino logró imponer su voluntad y continuaron viaje. El 6 de mayo de 1522 doblaron el cabo de Buena Esperanza y comenzaron a surcar la costa occidental africana, rumbo al norte. Una travesía llena de adversidades: calor, hambre, sed, y enfermedades, en la que la tripulación sufrió muchas bajas. El 15 de julio de 1522 la nave llegó al archipiélago de Cabo Verde, una posesión portuguesa en la que intentaron reabastecerse, sin embargo, los doce hombres que desembarcaron en la isla de Santiago, para comprar provisiones y abastecerse de agua, fueron capturados por los portugueses y Elcano se vio obligado a zarpar apresuradamente para evitar el mismo destino. Finalmente, el 6 de septiembre de 1522, la nao Victoria consiguió llegar a Sanlúcar de Barrameda, Cádiz, España. A bordo, solo quedaban Elcano y dieciocho supervivientes, que fueron recibidos como héroes por la población. Habían logrado su objetivo, habían descubierto la ruta hacía las especias, y de paso, habían completado la hazaña de dar la vuelta al Mundo por primera vez en la Historia, recorriendo 85.700 kilómetros durante 1084 días.

La Trinidad, capitaneada por Gonzalo Gómez de Espinosa, tuvo peor suerte, tras ser reparada inició el viaje hacia América el 6 de abril de 1522, pero, los fuertes temporales volvieron a dañar la nave, que comenzó a hacer agua. Ante esto, Espinosa tuvo que pedir ayuda a una nave portuguesa, que los apresó, llevándolos a las instalaciones portuguesas en la isla de Ternate (Molucas). De allí fueron siendo trasladados por diversas factorías portuguesas hasta llegar finalmente a Lisboa. Permanecieron en prisión hasta 1527, cuando el rey Carlos I consiguió que el rey Juan III de Portugal los liberase. El capitán Gonzalo Gómez de Espinosa (1479-1540) recibió mercedes similares a las de Elcano, es decir título de caballero y pensión vitalicia, y pasó a trabajar para la Casa de Contratación de Sevilla durante el resto de su vida.

Réplica de la nao Victoria. Fuente Wikimedia Commons.

Consecuencias:

Años vendrán en el transcurso de los tiempos, en los cuales el océano aflojará los lazos de las cosas y aparecerá el mundo en toda su grandeza. Tetis descubrirá nuevos orbes y ya no será Tule la última tierra…” Medea, Séneca.

La expedición de Magallanes, completada por Elcano, fue toda una hazaña para la historia de la navegación: habían conseguido dar la vuelta al Mundo, demostrando la esfericidad del planeta (y que la teoría de Colón era correcta), y descubriendo nuevas rutas de navegación, nuevos ejemplos de flora y fauna, y tierras hasta entonces desconocidas, como eran los territorios de países actuales como Uruguay, Argentina, Chile, las Marianas o las Filipinas. Una hazaña que muchos de sus protagonistas, como Magallanes, no pudieron ver completada, muriendo gran parte de ellos en los viajes o en lucha contra los nativos. Pese a todo, una nueva ruta hacía las especias quedaba abierta, Castilla y Portugal continuarían disputándose la posesión de las Molucas. Una lucha en la que los portugueses consiguieron imponerse. En 1529, Carlos I y Juan III firmaron el tratado de Zaragoza mediante el que España renunciaba a sus derechos sobre las Molucas a cambio del pago de 350.000 ducados de oro. España se resarciría con la colonización de las Filipinas, iniciada por la expedición de Miguel López de Legazpi, acontecida entre 1563 y 1565.

Portugueses y españoles habían ampliado las tierras conocidas por Europa, cambiando para siempre la Historia. En poco tiempo, el resto de grandes potencias europeas; Inglaterra, Francia y Holanda, seguiría sus pasos, y a lo largo de los siglos XVI y XVII los europeos, buscando materias primas y nuevas rutas comerciales, colonizarían grandes extensiones de terreno en América, África y Asia. Por desgracia, los habitantes indígenas de estos territorios pagaron el alto precio del progreso tras ser “descubiertos”.

 

Fuentes:

  • Primer Viaje Alrededor del Globo (1524), una obra de Antonio Pigafetta (1480-1534). Crónica oficial realizada por el veneciano Antonio Pigafetta, uno de los miembros de la expedición que sobrevivió a la misma.
  • Magallanes, el hombre y su gesta (1937), por Stefan Zweig. Greenbooks editore, 2016.

 

© 2019 – Autor: Marco Antonio Martín García
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