El Diluvio Universal

El Diluvio Universal es un relato mitológico en el que se cuenta como la tierra sufrió una gran inundación por castigo de Dios. Solo un elegido, o un grupo de elegidos, fue capaz de sobrevivir a esta tragedia, y reconstruir, posteriormente, la civilización. Este famoso relato, que conocemos principalmente porque está recogido en el libro Génesis de la Biblia, es en realidad mucho más antiguo y, además, no es exclusivo del judaísmo, o el cristianismo, sino que aparece en culturas muy diferentes: los sumerios, los egipcios, los incas, los hindúes, los antiguos griegos. ¿Cómo es posible, entonces, que culturas tan alejadas geográfica, y cronológicamente, nos cuenten el mismo suceso? ¿Ocurrió realmente una inundación a gran escala o el diluvio es simplemente una metáfora de los procesos de cambio en las distintas civilizaciones? En este artículo, trataré de arrojar algo de luz sobre un tema tan complejo.

The Deluge
The Deluge, por Francis Danby, 1840.

1 – El Diluvio en los relatos religiosos, y mitológicos.

«Y he aquí que yo traigo un diluvio de aguas sobre la tierra, para destruir toda carne en que haya espíritu de vida debajo del cielo; todo lo que hay en la tierra morirá.» Génesis 6:17

La narración bíblica sobre el Diluvio Universal es quizás la más conocida sobre el tema, ya que como mencioné en la introducción, aparece ya en el Génesis de la Biblia, un libro que se cree que fue escrito entre el 500 y el 400 a.C. El problema sobre esta narración es que existen diferentes versiones sobre la misma. En la versión canónica, Yahveh (Dios) estalla de ira por la maldad en que incurre el ser humano y decide castigarlo mediante una gran inundación que sumerge por completo la Tierra, matando a todos los seres vivos excepto a un puñado de elegidos que bajo el inspirado mando de Noé logran sobrevivir a la tragedia al embarcarse en un barco construido por él mismo: el Arca.

Finalmente, tras varias semanas navegando a la deriva, el Arca llegó a tierra firme: la cima de una montaña que, tradicionalmente, ha sido identificada con el Monte Ararat, en Turquía. Allí, Noe, y los suyos, pudieron vivir a salvo mientras las aguas bajaban de nivel. Al cabo de un año, ya no quedaba rastro de la inundación y Noé pudo regresar a su hogar para empezar una nueva vida. De esta manera, y según la interpretación religiosa judeocristiana, se logró conservar la vida sobre la Tierra.

Otra versión de estos mismos hechos, es la que recoge el Libro de Enoc, un famoso texto hebreo, escrito entre el 300 y el 200 a.C., que la tradición religiosa atribuyó a Enoc, el bisabuelo de Noé, y que, aunque es considerado como un libro apócrifo y, por tanto, ha sido excluido en la mayoría de las versiones judeo cristianas de la Biblia, desde el punto de vista histórico se reconoce su autenticidad y su importancia.

Según Enoc, el diluvio fue provocado por Dios para destruir a los Nefilim: perversos gigantes híbridos producto de la funesta unión sexual entre mujeres humanas y los Grigori; seres divinos (ángeles caídos) encargados de vigilar, y guiar, a los humanos. Solo Noé, un ser humano puro, es decir: sin mezcla de sangre, y otros como él, estaba destinado a salvarse de esta destrucción, y refundar una humanidad libre de las funestas enseñanzas de los Grigori; como era el arte de la guerra, y los conocimientos para construir armas poderosas. Sin embargo, y pese a los esfuerzos divinos por exterminar a estos seres híbridos, algunos de ellos sobrevivieron al diluvio, ya que el Génesis cuenta que los Anakim (o hijos de Anak, uno de estos gigantes), habitaban Canaán en la época de Moisés. Así pues, de esta curiosa versión del Diluvio, se puede deducir que la inundación no fue universal, o cuanto menos, que no sólo Noé, y los suyos, lograron salvarse.

Otro relato sobre el diluvio, mucho más antiguo, aparece en el Poema de Gilgamesh, escrito, sobre el año 1.400 a.C., por el sacerdote y escriba Sîn-lēqi-unninni. Esta famosa obra, de la literatura asirio-babilónica, cuenta la epopeya de Gilgamesh, un sacerdote-rey sumerio que gobernó la ciudad de Uruk en torno al año 2.700 a.C. (según los textos más antiguos encontrados). En la segunda parte del poema, se cuenta como Gilgamesh parte en busca del secreto de la inmortalidad y acude ante el sabio rey Utnapishtim, para pedir su consejo. Dicho Utnapishtim (al que los acadios denominan Atrahasis), fue, junto con su esposa, el único superviviente del Diluvio y, por ello, fue recompensando por los dioses con la inmortalidad.

En esta versión, de la tradición sumeria-babilónica, Enlil, el dios del cielo y las tormentas, harto del ruido y molestias que le provocaban los humanos, decide destruirlos, abriendo las compuertas del cielo para desatar una enorme inundación. Sin embargo, Enki, el dios de la Tierra, decidió ayudar a los humanos a salvarse, y se presentó ante Utnapishtim para advertirle del peligro inminente, aconsejándole que desmontase su casa para fabricar un barco grande y resistente a las tormentas, en el que debería guardar semillas de las principales plantas, y una pareja de cada especie animal. Gracias a este barco, los humanos, plantas, y animales, pudieron salvarse de la cólera divina.

El relato sobre el Diluvio que aparece en el Poema de Gilgamesh, es el mismo que recoge también el Poema de Atrahasis, escrito en acadio sobre el 1.600 a.C. y, por tanto, es muy probable que ambos procedan de la misma fuente: un relato sumerio, escrito sobre el 2.500 a.C., denominado Sha naqba īmuru (Aquel que vio las profundidades). Además, y dadas las similitudes, se cree que esta tradición sumerio-babilónica fue la que inspiró el relato bíblico sobre Noé. Por tanto, todos estos relatos hacen referencia a un hecho común; el Diluvio, al que sitúan en una época muy remota en el tiempo, ya que Gilgamesh gobernó Uruk alrededor del año 2.700 a.C. y, para entonces, el Diluvio ya había acontecido. Es concreto, fue Utnapishtim, conocido por los sumerios como Ziusudra, quién según el relato mitológico vivió aquellos sucesos en primera persona. Si tenemos en cuenta que Utnapishtim gobernó durante bastante tiempo la ciudad de Shuruppak, y que dicha urbe sufrió, según el registro arqueológico, una importante inundación en el 2.900 a.C., es probable que el Diluvio al que se refieren los textos aconteciese en esa época.

Analizando detenidamente este conjunto de relatos, y la procedencia común de los mismos, podemos deducir que hacen referencia a una época de inundaciones que afectó gravemente a los principales asentamientos humanos establecidos en Oriente Próximo. Sin embargo, los relatos sobre un gran diluvio no se circunscriben exclusivamente a esta zona geográfica.

En la religión del poderoso imperio Inca, en Perú, Sudamérica, también está presente el mito del Diluvio. En este caso, Viracocha (Wiraqucha), el dios supremo, y creador de la tierra, los cielos, y la vida, desató una gran inundación para exterminar a una raza de gigantes que inicialmente había creado para poblar la Tierra, y que osaron desafiarlo y rebelarse contra sus designios. Tras 60 días de intensa lluvia, la Tierra quedó anegada por las aguas y los gigantes se ahogaron y se extinguieron. Después de librarse de su imperfecta creación, Viracocha creó a la raza humana para que habitaran la Tierra, y, una vez satisfecho con su creación decidió viajar por el Mundo para transmitir sus conocimientos. También, en Perú, existe una leyenda sobre unos pastores que, avisados por las estrellas de que era inminente un diluvio, buscaron refugio en el monte Ancasmarca (5.198 metros de altura) hasta que cesaron las lluvias y bajaron las aguas.

Otros pueblos de América que tienen mitos relacionados con el diluvio son los chibchas, los mexicas, los mapuches, los guaraníes, y, también, los más misteriosos: los antiguos mayas. En el libro Popol Vuh (Libro del Consejo), escrito en bilingüe (idioma quiché y español), a mediados del siglo XVI, por un escriba indígena cristianizado, se cuenta como los Dioses, insatisfechos con los hombres de madera, una de sus creaciones, previas a la del ser humano, deciden destruirlos con una inundación desatada por el Corazón del Cielo (Huracán).

En Europa, el mito del Diluvio aparece en la mitología griega. En este caso, Zeus decidió inundar Grecia para exterminar a sus habitantes. Solo una pareja de humanos, Deucalión y Pirra, lograron salvarse tras construir un arca, por consejo de Prometeo. Tras varios días de navegación, lograron llegar a la cima de un monte, en donde aguardaron a que las aguas recuperasen su nivel. Como vemos, es un mito muy similar a los de Noé, y Utnapishtim, así que es muy probable que estuviera basado en estos relatos.

Por último, hay que mencionar también la existencia del mito de un gran diluvio en China, en la época de Yu el Grande, fundador de la primera dinastía china, la Dinastía Xia (2070-1600 a.C). Dicho gobernante, trató de contrarrestar las graves inundaciones que provocaba el desbordamiento del Río Amarillo. Tras unir a todas las tribus, Yu el Grande pasó los siguientes 13 años de su vida construyendo canales para encauzar los ríos y que el exceso de agua fuese a parar al mar. Este mito, aparte de que tiene poco de fantasioso, parece estar basado en un hecho real, ya que se han hallado restos sedimentológicos que demuestran la existencia de una gran inundación en China en torno al 1.900 a.C., en la época que gobernaba la Dinastía Xia.

Las explicaciones tradicionales, a todos estos relatos sobre diluvios, se han basado principalmente en descartar la existencia real de los mismos, y en considerar las narraciones, sobre una gran inundación, como una especie de metáforas que hacían referencia a una época de grandes cambios, de muerte de lo antiguo y nacimiento de lo nuevo, y de civilizaciones que surgen sobre los escombros de las anteriores.

Por otro lado, que existan similitudes entre las distintas narraciones sobre el gran diluvio, en territorios geográficamente muy lejanos, como Mesopotamia y América Central, o Perú, no quiere decir que hablen del mismo hecho, o que estas diferentes culturas hubieran tenido relación entre sí en tiempos remotos, sino que son narraciones que, inspiradas o no por acontecimientos reales, fueron articuladas con una misma intención: infundir temor a lo sobrenatural.

El gran poder, político y económico, que habitualmente ostentaba la casta sacerdotal en las sociedades antiguas, se basaba principalmente en la obediencia ciega del pueblo a sus preceptos religiosos. Por eso, las narraciones sobre el Diluvio fueron diseñadas para atemorizar a la población sobre las consecuencias que tendría ofender a las divinidades, o a sus únicos interlocutores válidos: los sacerdotes, en una época en la que cualquier desgracia, como una epidemia, o una catástrofe natural, era interpretada como un castigo divino.

Sin embargo, y pese a la validez de las teorías previamente mencionadas, sería un error descartar de plano la existencia real de un gran Diluvio. Solo hay que fijarse en la geografía del terreno para darse cuenta de que casi todos los relatos sobre el Diluvio aparecen en zonas susceptibles de sufrir inundaciones como son los márgenes de los grandes ríos, y las zonas afectadas por Huracanes, u otros fenómenos meteorológicos, como el Niño en Perú. Por tanto, no es descabellado pensar que dichas inundaciones existieron realmente y que tuvieron un fuerte impacto sobre las poblaciones que las sufrieron. Esto es algo que la Ciencia está tratando de dilucidar en los últimos años y, aunque actualmente no se puede hablar de la existencia probada de un Gran Diluvio Universal, si es muy probable que varios lugares del planeta sufrieran inundaciones catastróficas, de carácter regional, en los albores de sus civilizaciones.

2 – Los indicios científicos.

En 1929, el prestigioso arqueólogo británico, sir Charles Leonard Woolley (1880-1960), descubrió evidencias sedimentológicas de una gran inundación mientras excavaba las “tumbas de la realeza” en la ciudad sumeria de Ur. Un año antes, otro arqueólogo, Stephen Herbert Langdon (1876-1937), había descubierto evidencias similares, aunque de menor escala, y sin tanta repercusión mediática, mientras excavaba las ruinas de la ciudad acadia de Kish. Finalmente, en 1931, un equipo de investigación multidisciplinar, dirigido por Erich Schmidt (1897-1964), halló restos de una inundación en la ciudad de Shuruppak, en donde, como vimos en el capítulo anterior, reinó el mítico Utnapishtim.

La aparición de pruebas de una inundación, en tres ciudades mesopotámicas muy distantes entre sí, fue un hecho que suscitó un gran interés en la época, llegando a ser interpretado por muchos como una prueba de que el diluvio bíblico fue real. Sin embargo, estas inundaciones no son exactamente contemporáneas. La gran inundación sufrida por la ciudad de Ur ocurrió en el 3.600 a. C., varios siglos antes de las sufridas por Shuruppak, 2.950 a. C., y por Kish, que sufrió una primera inundación, de menor escala, en el 3.000 a. C. y otra, de mayor envergadura, en el 2.600 a. C., casi un milenio después.

Por tanto, y aunque las inundaciones de Shuruppak y Kish, en torno al 3.000 a. C., pudieron estar relacionadas, y dar origen a los relatos míticos sobre el Diluvio, no parece que ocurriera un evento catastrófico a gran escala, sino varios episodios de inundaciones locales que fueron originadas por causas diferentes. Una teoría que se vería respaldada por el hecho de que, hasta la fecha, no se han hallado pruebas de inundación en otras grandes ciudades como Eridu, Nippur, Sippar, o Bad-Tibira, que, según los sumerios, ya existían antes del diluvio.

Ciudades Sumerias. Fuente Wikimedia Commons.
Ciudades Sumerias. Fuente Wikimedia Commons.

En cuanto a las causas de estas devastadoras inundaciones, hay que destacar que, en 1954, Leonard Woolley atribuyó la gran inundación de Ur a un cambio en el curso del río Éufrates, una teoría que parece correcta ya que la ciudad de Ur estaba ubicada en el entorno de una marisma aluvial, formada por la confluencia entre los ríos Tigris, Éufrates, y Karún, que unen sus cursos antes de desembocar en el Golfo Pérsico. Según Woolley, esta inundación, de carácter local, abarcó una extensión de unos 650 Km de largo, y 150 Km de ancho, y dejó una capa de sedimentos de barro de 2 metros y medio, es decir: cualquier construcción humana de una altura inferior, como las chozas en las que vivía la mayoría de la población, quedó sumergida por las aguas.

Un estudio más reciente, realizado en 2006 por el geólogo sueco Nils-Axel Mörner (1938-2020), ha atribuido la reordenación del curso de los ríos Tigris y Éufrates, y la subsiguiente inundación de Ur, a un aumento del nivel del mar, de +0,3 m, en torno al 5.000 AP (antes del presente), una fecha aproximada al 3.000 a. C. que nos da la datación estratigráfica. Esta teoría serviría para explicar por qué algunas ciudades sumerias se vieron afectadas por las inundaciones, y otras no.

Otra corriente de investigación, sobre el Gran Diluvio, fue desarrollada, en 1997, por los geólogos William Ryan, y Walter Pitman, de la Universidad de Columbia. Estos científicos, formularon la hipótesis de que el Diluvio pudo ser en realidad una gran inundación, que ocurrió durante el proceso de formación del Mar Negro. Según esta teoría, el Mar Negro era un lago de agua dulce hasta que sufrió un gran aporte de agua salada, hace 7.550 años, ocasionado por el aumento del nivel del agua en el mar Mediterráneo, y su posterior desbordamiento, por el valle del Bósforo. Esta gran inundación afectó enormemente a los pobladores neolíticos de la zona, que tuvieron que emigrar a Europa Oriental, y Próximo Oriente. La tradición oral de estos grupos de pobladores sería la que posteriormente daría origen a las narraciones escritas sobre el Gran Diluvio.

Sin embargo, esta teoría ha sido puesta en duda con el argumento de que el proceso de formación del Mar Negro fue gradual, a lo largo de un gran periodo de tiempo (entre 10 y 200 años) y, por tanto, no fue catastrófico. Además, estudios más recientes, de 2011-2012, han demostrado que no hay evidencias de asentamientos prehistóricos sumergidos, ni evidencias de inundaciones catastróficas en el área del Mar Negro.

Otra teoría, muy interesante, fue desarrollada por los científicos; María Teresa Pareschi, y Massimiliano Favalli, del Instituto Nacional de Geofísica y Vulcanología de Italia, y por Enzo Boschi, profesor de geofísica de la Universidad de Bolonia. Según estos expertos en geofísica el Diluvio fue en realidad un enorme tsunami, causado por la erupción del volcán Etna, de Sicilia, en el 6.000 a. C., que ocasionó una auténtica devastación en las costas del Mediterráneo Oriental. Una prueba de este suceso fue la desaparición del poblado neolítico de Atlit-Yam, en Israel, que quedó anegado por las aguas. La principal duda, sobre esta teoría, es hasta qué punto el Tsunami afectó Próximo Oriente, algo que solo con nuevos estudios y más investigación, se podrá dilucidar.

Por último, y cambiando de área geográfica, hay que destacar el hallazgo, en China, de evidencias geológicas que apuntan a que existió una gran inundación, provocada por el desbordamiento del río Amarillo, que ha sido fechada entre los años 2.070 y 1.600 a.C., que es la que sería reflejada en los relatos sobre el Diluvio en la época de Yu el Grande y la primera dinastía china. Por otro lado, este evento catastrófico fue también de carácter local, así que no podemos hablar de un gran Diluvio a escala mundial, sino de múltiples inundaciones catastróficas en el periodo de tiempo que marca el tránsito del Neolítico a la Edad Antigua.

3 – La búsqueda del Arca de Noé.

Otra línea de investigación, sobre el Gran Diluvio, se ha centrado en buscar los restos del Arca de Noé. Por desgracia, esta búsqueda ha estado protagonizada, principalmente, por pseudocientíficos que buscaban su minuto de gloria en los medios de comunicación, o por fanáticos religiosos, que creían que hallando el Arca se podría demostrar la existencia de Dios.

Según la Biblia, el Arca quedó varada en las montañas de Ararat, un lugar que, tradicionalmente, ha sido identificado con la cima del Monte Ararat, un volcán inactivo que constituye el pico más alto de Turquía, con 5.137 metros de altitud, y que, desde comienzos del siglo XX, se convirtió en un foco de atracción para las expediciones que buscaban el Arca.

En 1916, Vladimir Roskovitsky, un aviador ruso que estaba realizando un vuelo de prueba sobre el Monte Ararat, creyó ver los restos del naufragio de una gran embarcación que estaba enterrada bajo el hielo de un glaciar de la montaña, a unos 4.000 m. de altitud. Tras informar de su hallazgo a sus superiores, estos creyeron que habían encontrado el Arca de Noé. Ante esta circunstancia, el zar ruso, Nicolas II (1868-1918), ordenó a dos compañías de soldados de elite realizar una expedición al Monte Ararat para recuperar los restos del Arca. Sin embargo, el estallido de la Revolución Rusa, en 1917, puso fin al proyecto y las supuestas pruebas de la existencia del Arca, que habían hallado los expedicionarios rusos, fueron (convenientemente) destruidas.

Esta inverosímil historia fue dada a conocer por el propio Roskovitsky (que supuestamente vivía exiliado en EE. UU.), varios años después, en 1940, mediante un artículo titulado Noah’s Ark Found, que escribió para el periódico The New Eden. En mi opinión, y dado que no existe prueba alguna de la existencia de una expedición rusa al Monte Ararat, y a que en el artículo se mencionan elementos de la aviación que no existían en 1916, esta historia es absolutamente falsa. Probablemente, fue inventada por algún periodista sensacionalista de EE. UU. para el deleite de un público crédulo. Sin embargo, eso no ha impedido que siga estando vigente hoy en día, y que inspirase la realización de nuevas expediciones en busca del Arca.

En 1956, el alpinista francés Fernand Navarra afirmó haber encontrado restos del Arca de Noé en la cima del Monte Ararat. Estos restos eran unos trozos de madera de roble que un primer análisis fechó en unos 5.000 años de antigüedad, la época en la que supuestamente ocurrió el Diluvio. Sin embargo, estudios posteriores determinaron que estas maderas eran mucho más recientes, de hace unos 1.300 años (700 d. C.) y, por tanto, difícilmente podrían ser del arca.

En 1977, una expedición encabezada por Ron Wyatt (1933-1999), un arqueólogo amateur, investigó el sitio de Durupinar (llamado así en honor a su descubridor, el aviador turco İlhan Durupinar), en el Monte Tendürek, Turquía. Una fotografía aérea, realizada en 1959, había revelado lo que parecía ser una forma de embarcación en dicho monte, sin embargo, no se encontraron restos arqueológicos visibles, y se atribuyó la imagen a una formación geológica natural.

En 1985, David Fasold (1939-1998), un oficial de la marina mercante, colaboró con Wyatt, en una nueva expedición a Durupinar. En esta ocasión, usaron un georradar, y un “generador de frecuencia”, para explorar el interior de la formación rocosa. Según Fasold, descubrieron restos del naufragio de una embarcación de 164 metros de largo (el arca de la biblia medía 300 codos, lo que equivale a 157 metros), que tenía tres cubiertas de madera, de las cuales, solo se conservaba la cubierta superior. Además, la expedición halló, en la cercana aldea de Arzap, cuatro grandes piedras, con un orificio en su parte superior, que identificó con las milenarias anclas del arca de Noé. Sin embargo, estas supuestas anclas parece que son simples estelas religiosas construidas por los pobladores de la zona en la antigüedad. De la misma manera, la supuesta arca no es más que una formación rocosa.

En 1995, el profesor Porcher Taylor, de la Universidad de Richmond, Virginia, EE. UU, creyó haber hallado el Arca tras analizar varias fotos aéreas del Monte Ararat, que fueron sacadas por aviones espía durante las primeras décadas de la Guerra Fría. Tras obtener imágenes satelitales de la misma zona, se confirmó la existencia de lo que denominaron “anomalía de Ararat”, es decir un aparente objeto con forma de nave. Con objeto de investigar esta anomalía, entre 2008 y 2010, una expedición pseudocientífica, organizada por la asociación Noa’s Ark Ministeries Inernational, compuesta por evangélicos chinos, investigó la zona, declarando posteriormente que habían hallado restos de madera fosilizada del Arca de Noé a unos 4.200 metros de altitud, y que las pruebas de datación, realizadas mediante carbono-14, mostraban una antigüedad de 4.800 años.

La anomalía de Ararat. Fuente Wikimedia Commons.
La anomalía de Ararat. Fuente Wikimedia Commons.

Los supuestos hallazgos de la expedición evangelista china causaron un gran revuelo mediático en la época, despertando un interés renovado por el tema en todo el Mundo. Sin embargo, poco tiempo después, uno de los participantes en la expedición, Randall Price, desveló que los restos del Arca eran en realidad vigas de madera, pertenecientes a una antigua estructura hallada en la zona del Mar Negro, que unos trabajadores kurdos habían colocado en el Monte Ararat. Es decir, todo era un fraude con objeto de ganar dinero, con la venta de merchandising, de videos de la expedición, y de entradas para el parque temático sobre el Arca, que los evangelistas chinos habían construido en Hong Kong.

Antes de las revelaciones de Randall, dos investigadores turcos: Necmi Karul, profesor de prehistoria de la Universidad de Estambul, y Orhan Bingol, profesor de arqueología, habían negado la posibilidad de que existieran restos del Arca en la cima del Monte Ararat, esgrimiendo un argumento irrebatible: el Monte Ararat nunca en su historia ha estado cubierto de agua, con lo que es imposible que un barco llegase hasta su cima. Si en realidad existió alguna vez un arca, está meridianamente claro que hoy en día no quedan restos de ella.

4 – Conclusiones.

Las investigaciones sobre el Gran Diluvio, y el Arca de Noé, tradicionalmente estuvieron condicionadas por una especie de afán religioso por demostrar una premisa: si existía el Diluvio, y el Arca, el relato bíblico era auténtico y, por consiguiente, quedaba demostrada la propia existencia de Dios. Sin embargo, el hecho de que unos determinados relatos mitológicos puedan estar basados en hechos reales, no hace que dichos relatos sean una especie de verdad manifiesta. Es decir: se puede demostrar que existieron grandes inundaciones catastróficas, durante el periodo de formación de las primeras civilizaciones, en Mesopotamia, y en otras partes del Mundo, pero en ningún caso que dichas catástrofes tuviesen un origen divino o sobrenatural.

La enseñanza, con la que nos tenemos que quedar, es que siempre han existido graves catástrofes naturales que ocasionaron la pérdida de numerosas vidas. Catástrofes, que seguirán sucediendo en el futuro, dadas las variaciones climatológicas de la Tierra, y ante las que tenemos que estar adecuadamente preparados. Pese a todas las dificultades que hemos pasado, a lo largo de la Historia, los seres humanos siempre hemos logrado salir adelante, y sobrevivir para construir un mundo nuevo.

Fuentes y Bibliografía:

  • Koehler, J. A.: The Durupinar Site & the Plausibility of its Association with Noah’s Ark: A Critical Review. Project: The Deluge (2022). DOI:10.13140/RG.2.2.20923.28965
  • Pareschi, M.T., Boschi, E., Favalli, M.: Holocene tsunamis from Mount Etna and the fate of Israeli Neolithic communities. Geophysical Research Letters 34(16). (Italia,2007). DOI:10.1029/2007GL030717.
  • Woolley, L. C.: Excavations at Ur. Apollo Edition, 1965. Library of Congress Catalog Card No. 55-6939. Reeditado como ebook de licencia libre por Stephen Hutcheson & the online Distributed Proofreaders Canada team, 2018.

© 2009 (actualizado 2022) – Autor: Marco Antonio Martín García
Todos los derechos reservados. Prohibido el uso comercial y la reproducción total, o parcial, de este texto sin la autorización y el consentimiento previo del autor.
https://senderosdelahistoria.wordpress.com

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4 comentarios

  1. saludos Marco

    Según las interpretaciones de las tablas de arcilla sumerias, el dilubio habría ocurrido producto del desprendimiento de las placas de hielo del polo sur. Además en esa catastrofe habria habido erupciones volcanicas, terremotos, vientos huracanados…todo causado por el campo magnético de un planeta (Nibiru) que orbita el sistema solar pero en sentido distinto a los otros conocidos, y que en aquella epoca habría pasado cerca de marte. El dios Enlil sabía que sucedería esta catastrofe y creyó que era el momento de eliminar a la humanidad, dado a las violaciones a los codigos morales de la epoca de no mezclarse los anunaki con los humanos. Enki, creador del primer hombre, se habría compadecido de sus descendientes humanos directos, debido a ser él uno de los violadores de los codigos al concebir un hijo de una humana. Asi habría dado las instrucciones de crear el arca y salvar ademas de la humana a otras especies de la epoca.
    Undécima tablilla, libro perdido de Enki.

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