La Segunda República, 1931-1936

La Segunda República Española, 1931-1939, es uno de los periodos más convulsos y funestos de la historia de España. Tras la desastrosa monarquía de Alfonso XIII el nuevo periodo republicano genero muchas esperanzas en una población cansada de los numerosos problemas que tenia la España de la época. Pero lejos de solucionar los problemas, la Segunda República dividió al país en dos bandos irreconciliables, los cuales acabarían enfrentándose en una sangrienta Guerra Civil. El fracaso de la Segunda República es la principal causa de nuestra Guerra Civil, un fracaso generado por la incapacidad de los partidos de izquierdas y de derechas de gobernar con un mínimo consenso y respeto a las ideas del contrario. La incapacidad para el dialogo de los políticos españoles y la demagogia usada para encender el odio en las masas fue el fin de la esperanza democrática que significaba la Segunda República Española.

Tras el fracaso de la dictadura del general Miguel Primo de Rivera, Alfonso XIII, principal instigador y defensor del gobierno dictatorial, intentó salvar su prestigio volviendo a instaurar el régimen parlamentario. Pero el desgaste sufrido por la desastrosa monarquía del inepto rey Alfonso XIII se puso de manifiesto el 12 de abril de 1931, cuando las elecciones municipales se saldaron con la victoria monárquica en número total de votos pero la victoria republicana en 41 capitales de provincia. Viendo la falta de apoyo que generaba su figura, Alfonso XIII renunció al trono y partió hacia el exilio en Roma “para evitar una guerra civil” entre sus partidarios y detractores.

El 14 de abril, Niceto Alcalá Zamora proclama desde el Ministerio de gobernación en la Puerta del Sol la “Segunda República Española” izándose la bandera tricolor en Madrid y en las principales capitales de provincia. El primer gobierno republicano tendrá un carácter provisional y será encabezado por el presidente Niceto Alcalá Zamora desde el 14 de abril hasta el 14 de octubre de 1931, fecha en la cual Niceto dimitirá de su cargo por no estar de acuerdo con el laicismo que promulgaba la nueva constitución española. El 10 de diciembre de 1931, Niceto volverá a ser elegido presidente de la República por la mayoría de los diputados reunidos en Cortes Generales y se mantendrá en el cargo hasta el triunfo electoral del Frente Popular en 1936.

El nuevo régimen republicano se regirá por una nueva constitución, que será aprobada el 28 de junio de 1931 por las Cortes Constituyentes y que se caracterizará por reconocer la Soberanía Popular, declarando al Estado Español como una “República democrática de trabajadores de todas clases”. Esta constitución suponía un gran cambio respecto a las anteriores constituciones, en las cuales predominaban los poderes del Rey. La constitución de 1931 era toda una novedad en su época, ya que reconocía y promovía gran número de derechos individuales negados hasta la fecha en España y gran parte del mundo. Con la nueva constitución se suprimiría el senado, dejando una sola cámara para el poder legislativo. Además la nueva constitución incluía novedades como el derecho al voto universal para mayores de 23 años, toda una revolución para España ya que se promovía el tantas veces ninguneado voto femenino. Otras novedades de esta ley eran el establecimiento de un estado laico, el reconocimiento del matrimonio civil, el divorcio, la equiparación entre hijos legítimos e ilegítimos y la expropiación forzosa de cualquier tipo de propiedad a cambio de indemnizaciones del estado. Una norma constitucional que daba armas al gobierno para llevar a cabo la tan ansiada reforma agraria.

La primera etapa de gobierno durante la Segunda República estará dominada por los partidos de centro-izquierda y durará desde 1931 a 1933. Este periodo contará con Niceto Alcalá Zamora como presidente de la República y con Manuel Azaña, líder de Acción Republicana, como presidente del gobierno, un gobierno formado por la coalición entre republicanos y socialistas.

Este primer gobierno se dedicará a llevar a cabo un atrevido programa de reformas: reforma del Ejercito, reforma laboral, reforma Agraria, reforma de la Enseñanza, estatuto de autonomía para Cataluña. La reforma del ejército fue emprendida por Manuel Azaña durante los primeros meses de gobierno cuando era Ministro de Guerra durante el gobierno provisional, y proseguida posteriormente desde su cargo de presidente del gobierno. La reforma era necesaria, ya que había un excesivo número de oficiales y mandos superiores, durante las guerras coloniales esos oficiales mandaban tropa indígena, pero tras el fin de la Guerra de Marruecos ya no eran necesarios. Para resolverlo Azaña promovió el retiro voluntario, algo que fue acogido entusiastamente al principio, cerca de la mitad de los oficiales en activo se acogió a esta ley, pero luego los militares se enfurecieron con el gobierno al ver que el gobierno estaba reincorporando en las vacantes que dejaban los retirados a militares expulsados del ejercito durante la monarquía por sus ideas republicanas o separatistas. Azaña usando la excusa del excesivo número de oficiales estaba retirando a los oficiales monárquicos y derechistas para crear un ejército a su medida, un ejército politizado con jefes y oficiales afines al socialismo. Un grave error político, ya que desde entonces se ganó la enemistad de un gran número de militares que al principio habían celebrado esperanzados la entrada del nuevo régimen republicano y que por culpa del caciquismo de Azaña acabarían sublevándose contra la República, encabezados por el prestigioso general Sanjurjo, en 1932 y en 1936.

La siguiente reforma polémica fue la reforma educativa, el gobierno promovió la enseñanza pública, creando un programa de construcción de escuelas y contratación de maestros, se pretendía construir más de 6000 escuelas que darían trabajo a 7000 maestros. Pero por otro lado se produjo un grave enfrentamiento con la Iglesia Católica al suprimirse la obligatoriedad de la asignatura de religión y sobre todo al prohibirse a las órdenes religiosas la enseñanza educativa. El conflicto entre el Estado Español y la Iglesia Católica venia de lejos, desde la proclamación de la constitución de 1812 la iglesia había sido un obstáculo para el progreso que querían impulsar los gobiernos liberales, ya que no quería perder sus enormes propiedades y sus antiguos privilegios medievales.

Gracias a la protección de la monarquía, la Iglesia había conseguido mantener un gran número de propiedades y privilegios fiscales, que la República quería anular. El anticlericalismo del nuevo gobierno republicano había generado un fuerte malestar social en todo el país desde los primeros meses. El cardenal Segura se había opuesto desde el primer día a la instauración de la República, alentando a sus fieles a la desobediencia civil. El largo conflicto Iglesia-Estado, había generado también un gran resentimiento popular hacia las instituciones eclesiásticas, resentimiento que fue aprovechado por los partidos radicales de tendencias comunistas y anarquistas el 11 de Mayo de 1931 para organizar tumultos y asaltar impunemente conventos y colegios religiosos, quemando y destruyendo varios de ellos. El gobierno de Azaña no hizo nada para evitar estos actos vandálicos, incluso los fomento desde las sombras. Estos hechos, unidos al destierro del cardenal Segura, la ley de nacionalización de los bienes de las órdenes religiosas que desobedecieran al Estado, la disolución de la Compañía de Jesús y la prohibición de los cementerios religiosos creó un gran malestar en los católicos de todo el país, los cuales acumularon un gran odio y recelo contra el presidente de gobierno Manuel Azaña. (En mi opinión el catolicismo y la religión islámica han sido históricamente causantes del atraso científico, económico y social de los países donde más fervientemente se profesaban esas religiones, pero eso no justifica en ninguna manera el salvaje ataque que se realizó en esta primera época republicana a la Iglesia y sus propiedades. La democracia para ser justa debe proteger a todos, incluidos a los que no son demócratas).

Además de los conflictos señalados, este primer gobierno tuvo que hacer frente al proyecto de Estatuto Vasco, promovido por los carlistas y los nacionalistas del PNV. El proyecto de Estatuto no agradó a la clase política ya que vulneraba la constitución y fue rechazado por las Cortes. La situación de inestabilidad política y la división del país alentaron al general Sanjurjo a dar un golpe de estado contra el gobierno el 10 de agosto de 1932. El golpe fracaso y Sanjurjo, fue condenado a muerte, siéndole conmutada la pena por el Presidente de la República, Niceto Alcalá Zamora a cadena perpetúa.

El gobierno de Azaña contestó al golpe con una mayor radicalización, aprobando el 9 de septiembre de 1932 el controvertido “Estatuto Catalán”, y aprobando el 18 de Mayo de 1933 la “ley de Congregaciones Religiosas”, medida que convertía en propiedades publicas todos los bienes de la iglesia, muebles e inmuebles. Pero la mayor batalla de este primer gobierno seria la producida por la reforma más ambiciosa y más necesaria para el país, la Reforma Agraria. Una reforma que hacia más de un siglo que era extremadamente necesaria en el terreno económico y sobre todo en el terreno social. Cientos de miles de jornaleros malvivían en la mitad sur de España trabajando tierras que no eran suyas. La Ley de Reforma Agraria promulgada por el gobierno de Azaña en 1932 permitía al I.R.A (Instituto de Reforma Agraria) la expropiación forzosa de latifundios mal explotados o sin explotar. Esas tierras expropiadas se repartirían a los jornaleros que tanto las necesitaban. Pero la Reforma Agraria no tuvo éxito, debido a la oposición de los grandes propietarios a ser expropiados y a la falta de presupuesto para las compensaciones económicas que se debían otorgar a los expropiados.

El fracaso de la Reforma Agraria provocó el levantamiento de los aparceros, sobre todo de los aparceros anarquistas de la FAI (Federación Anarquista Ibérica) y de la CNT (Confederación Nacional del Trabajo) dando lugar a los sangrientos disturbios de 1933 en Castilblanco en Badajoz y Casas Viejas en Cádiz.

Estos trágicos disturbios fueron el fin para el polémico gobierno de Azaña, el cual fue destituido por el Presidente de la Republica, Niceto Alcalá Zamora, el 8 de septiembre de 1933. Alcalá Zamora también disolvió las Cortes y convocó nuevas elecciones para el 19 de noviembre de 1933. Las elecciones generales de noviembre de 1933 fueron las primeras que contaron con sufragio femenino y se saldaron con una rotunda victoria de los partidos de derechas agrupados en la CEDA presidida por José María Gil Robles. Esta victoria era normal, ya que los partidos de derecha supieron aprovechar el estado de ánimo de una población cansada de los conflictos políticos, religiosos y sociales provocados por el poco acierto del anterior gobierno.

El nuevo gobierno será presidido por el veterano republicano Alejandro Lerroux, antiguamente aliado con el gobierno de izquierdas, del cual fue Ministro de Estado y desde 1933 aliado con la derecha de la CEDA. Lerroux se dedicará a iniciar una especie de “contrarreforma” de derechas, frente a las reformas del gobierno anterior. El nuevo gobierno paralizó la reforma agraria, expulsando a los jornaleros de las tierras que habían ocupado y devolviéndoselas a sus antiguos dueños.

Paralizó también la reforma militar y designó para los puestos clave del ejército a generales afines a los partidos de derecha. Además el gobierno amnistió al general Sanjurjo, protagonista del golpe de estado de 1932. Otra medida del nuevo gobierno fue la “Conciliación con la Iglesia Católica”, comprometiéndose el gobierno a respetar las propiedades y derechos de la Iglesia y volviendo al “status quo” anterior al gobierno de Azaña. Por otro lado la reforma educativa también fue paralizada, anulándose la enseñanza mixta impuesta por el anterior gobierno y volviendo a introducir la asignatura de religión como materia obligatoria. Por último el gobierno de derechas frenó en seco el nuevo proyecto de Estatuto de Autonomía vasco, presentado por el PNV y quiso acabar con el Estatuto otorgado a Cataluña, provocando una radicalización del enfrentamiento político.

Dentro de este contexto de contrarreforma de derechas, la izquierda de los partidos políticos: PSOE (partido Socialista Obrero Español) y PCE (Partido Comunista Español) y los sindicatos UGT (Unión General de Trabajadores) y CNT(Confederación Nacional del Trabajo) se radicalizó enormemente y llamó el 7 de Octubre de 1934 a una huelga revolucionaria general contra el gobierno.

El seguimiento de esta huelga fue muy desigual, en Madrid la huelga revolucionaria que pretendía tomar el poder por la fuerza fracasó ante la contundente respuesta de las fuerzas del orden, que detuvieron a los principales cabecillas y dispersaron a los huelguistas. En Barcelona, el presidente de la Generalitat, Companys dirigió una insurrección contra el gobierno de carácter independentista, la revuelta fue rápidamente reprimida por el Ejército, acabando Companys detenido. En Aragón, Extremadura y Andalucía la huelga no fue seguida, debido a que los campesinos estaban cansados de enfrentamientos y estaban desilusionados con la izquierda por el fracaso de la Reforma Agraria.

Fue en la zona minera de Asturias donde la huelga general triunfó y degeneró en una violenta revolución organizada por la UGT y la CNT. Ante los acontecimientos y viendo que las fuerzas del orden eran incapaces de volver a instaurar el orden, el gobierno optó por la mano dura y encomendó a las tropas de élite de “La Legión “, dirigidas por el general Franco, héroe de la Guerra de África, reprimir a los mineros. La revolución asturiana acabó en un baño de sangre terrible.

El ejército, acostumbrado a combatir en las duras campañas africanas, ejerció demasiada fuerza para aplacar a los mineros, generando una condena internacional por el elevado número de mineros muertos. El gobierno de Lerroux tuvo que trasladar al comandante Doval de la Guardia Civil, acusado de varios cargos de tortura. Pero el caso que más indignó al país fue el asesinato del periodista Luís Sirval, asesinado por un oficial de la Legión, por atreverse a denunciar las atrocidades que estaban cometiendo las tropas sobre la población civil inocente, entre esos casos destacaba el asesinato de inocentes niños.

La “Revolución de Octubre de 1934”, destinada a dar un Golpe de Estado popular y cambiar el gobierno se saldó con mas de 1.300 muertos y 30.000 detenidos, entre ellos Companys y los principales dirigentes del PSOE que habían impulsado esta anti democrática revolución de izquierdas. La política revanchista del gobierno de la derecha y la inconsciencia y radicalismo de una izquierda cada vez más cercana al Komitern y a Moscú habían generado un baño de sangre entre la población española.

El gobierno de Lerroux, quedó muy tocado por la Revolución de 1934, pero su caída definitiva fue ocasionada por un escándalo de corrupción denominado el “Escándalo del Estraperlo”, que afectó al propio Lerroux y a otros altos cargos gubernamentales. Este escándalo precipitó el fin de la legislatura y la convocatoria de nuevas elecciones en febrero de 1936.

El 16 de Febrero de 1936, el “Frente Popular”, agrupación que aglutinaba a los partidos de izquierdas, se alzó con la victoria en las elecciones nacionales, siendo nombrado de nuevo Azaña como Presidente del Gobierno. Posteriormente, Alcalá Zamora es destituido de su cargo y Azaña pasara a ser Presidente de la República. Un grave error de los partidos de izquierda, ya que Alcalá Zamora era una figura respetada por todos los partidos, en cambio Azaña era odiado por una gran parte de los partidos de derechas y la población del país que recordaba su funesto primer gobierno.

El nuevo gobierno será presidido por el republicano gallego Santiago Casares Quiroga, el cual otorgó a Galicia un estatuto de autonomía, similar a los que gozaban el País Vasco y Cataluña. Este nuevo gobierno de izquierdas comenzó poseído de cierto espíritu revanchista, ya que una de las primeras medidas que se tomaron fue la amnistía a los implicados en la Revolución de 1934. Las tensiones políticas habían inflamado los ánimos en la población civil de izquierdas, la cual se lanzó a una masiva persecución de la Iglesia ante la pasividad del gobierno, siendo destruidas entre los meses de febrero y junio 160 iglesias. En las calles los pistoleros de izquierdas y derechas protagonizaban constantes enfrentamientos que se saldaron con 269 muertos y más de 1000 heridos.Finalmente los enfrentamientos se saldaron con el asesinato de Calvo Sotelo, un brillante político que había sido ministro de hacienda y jefe político de los monárquicos, asesinado por policías de la Guardia de Asalto Republicana, en represalia por la muerte de uno de sus compañeros, el teniente Castillo, a manos de pistoleros de derechas. Calvo Sotelo se convertirá a partir de entonces en mártir de la derecha española y en su nombre gran parte de los generales del Ejército y la Guardia Civil, apoyados por milicias de Falange Española y milicias carlistas, se sublevaran contra la República el 18 de julio de 1936. El golpe de estado no triunfó en toda España, ante la tenaz defensa de las milicias ciudadanas que se lanzaron a la defensa del estado democrático, estallando en consecuencia una terrible Guerra Civil entre los leales al gobierno republicano y los sublevados de derechas.

La Guerra Civil ponía el fin a la República, media España quedaría en manos de los militares sublevados y en la otra media controlaría el poder el gobierno democráticamente elegido del Frente Popular. Ante el estallido de la guerra, el Estado republicano se desmorona y el poder real pasa a distintas facciones políticas, como son los anarquistas de la CNT y FAI en Cataluña, el Partido Socialista, y el Partido Comunista, el cual contaba con militantes organizados y muy disciplinados que rápidamente formaron milicias encargadas de defender la República contra los sublevados. El problema fue que los comunistas aprovecharían el peso político de sus organizadas milicias y su contribución en la guerra para iniciar su “revolución”, contando con el apoyo de “consejeros” soviéticos, los cuales pretendían crear en España un nueva república soviética de corte stalinista. Por su parte Hitler y Musolini apoyaron a Franco, esperando crear un nuevo régimen fascista que se uniera al EJE y sirviera de contrapeso a las democracias europeas. Es una pena que durante la contienda, fascistas y comunistas desplazaran a las fuerzas democráticas republicanas de la escena política.

Resumiendo podemos decir que el 18 de julio de 1936 murió la democracia en España, asesinada por los políticos de derechas y de izquierdas. Los cuales estaban más preocupados en pelearse entre ellos e imponer sus ideas a los demás, que en escuchar al pueblo y sus verdaderas necesidades. El resultado de la Guerra Civil siempre habría sido el mismo, independientemente de que bando hubiera ganado: la dictadura y la anti democracia, ya que ambos bandos solo sabían imponer sus ideas por la fuerza en vez de por la palabra inteligente.

© 2007 – Autor: Marco Antonio Martín García
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