El Fin de la Historia

En 1988, el ensayo del analista político Francis Fukuyama titulado “El fin de la Historia”, promulgaba el triunfo mundial del Liberalismo Económico y Político, y el fin de la Historia, concebida como lucha de ideas. Fukuyama anunció en plena “Guerra Fría” la derrota del comunismo como sistema alternativo y la expansión del Liberalismo Económico y la Cultura Occidental por todo el mundo.
Fukuyama fue todo un visionario en su tiempo y su figura saltaría a la fama al demostrarse sus teorías con el nacimiento de la Globalización.

Según Fukuyama el triunfo de “Occidente” estaría demostrado por el agotamiento y el fracaso de las alternativas viables al Liberalismo Económico. El fracaso del Comunismo y la propagación mundial del “consumismo” occidental representan no el fin de un periodo como seria la “Guerra Fría”, sino el fin de la historia como tal, habiéndose alcanzado el culmen de la evolución ideológica al establecerse universalmente la Democracia Liberal como la mejor forma de gobierno humano.
Para Fukuyama el triunfo global de la Democracia Liberal de momento seria un triunfo ideológico, pero que a la larga se impondría inevitablemente en el mundo material.

La idea de “Fin de la Historia” es una idea antigua, promulgada ya por el gran filosofo Hegel y que continuaría a su manera Karl Marx, el cual pensaba que el triunfo universal de la utopía comunista acabaría con las contradicciones humanas y significaría por tanto el fin de la historia como lucha de ideas. Pero la contienda entre Liberalismo y Comunismo se saldaría con la victoria del primero tras el desmoronamiento de la URSS. El estado que según Fukuyama emerge del fin de la historia es un estado liberal, que reconoce y protege mediante leyes el derecho universal a la libertad y un estado democrático elegido por el consenso de sus gobernados.

En su ensayo, Fukuyama critica la perdida del idealismo y la imposición forzada del materialismo como doctrina económica y política, una doctrina que ve al hombre como un “individuo racional y maximizador del lucro”, es decir el hombre en libertad siempre busca su máximo beneficio. Fukuyama reivindica que el hombre es algo más, no solo le importan las cosas materiales, sino que muchas veces actúa motivado por su cultura ideológica y sus creencias y no por obtener el máximo beneficio material.

A lo largo del siglo XX, el liberalismo ha luchado y vencido a los remanentes del absolutismo (Primera Guerra Mundial), al fascismo (Segunda Guerra Mundial) y por último al comunismo (Guerra Fría). El fascismo aprovechó las contradicciones del materialismo económico y la falta de valores políticos y sociales para ganar adeptos, pero su derrota material y sobre todo ideológica en la Segunda Guerra Mundial lo convirtió en una ideología aberrada por la mayoría de la población mundial. El comunismo fue, según Fukuyama, un enemigo ideológico mucho más difícil de vencer, al exponer un problema real de la sociedad occidental; la lucha de clases, la brecha entre ricos y pobres. Para Fukuyama la desigualdad social no es consecuencia del modelo económico del liberalismo, sino consecuencia de factores culturales y sociales del materialismo económico.

El comunismo acierta en la critica, pero fracasa en dar una alternativa, sobre todo en los países occidentales, en los cuales esta muy arraigado el individualismo y la libertad personal. El triunfo del comunismo en Asia estaría explicado por la ausencia de cultura liberal, asimismo, según Fukuyama, el liberalismo y democracia implantados en Japón tras la Segunda Guerra Mundial estarían “adaptados” a la cultura asiática. El fracaso del comunismo como ideología estaría ocasionado por su fracaso como idea económica viable y por las contradicciones internas de las sociedades comunistas. La supervivencia del comunismo en China estaría ocasionada por la apertura de China a la economía de mercado y la falta de tradición liberal en ese país, no obstante la expansión del consumismo y el aumento del nivel de vida en el país, generará a la larga el triunfo en China del liberalismo político. Lo importante del caso chino, es que al ser un modelo de comunismo “maoísta”, no deja de ser un modelo regional, es decir no es exportable al resto del mundo como alternativa ideológica.

Fukuyama era todo un visionario, pregonando en plena Guerra Fría el hundimiento de la URSS y el fin del comunismo. Mas si el fascismo y el comunismo han sido derrotados ideológicamente, ¿qué retos y que nuevos enemigos afrontará el Liberalismo en el siglo XXI?
Según Fukuyama los únicos dos enemigos que le quedan al Liberalismo son por un lado el fundamentalismo religioso, ya sea en cualquiera de sus variantes, Cristiana, Judía y Musulmana y el nacionalismo exacerbado.
La pérdida de los valores ideológicos y el vacío que siente la sociedad moderna, esta haciendo renacer la religiosidad en varias partes del mundo. Como alternativa política al Liberalismo, algunos estados musulmanes tienen el Estado Teocrático, estados gobernados por la ley Islámica. Pero estas alternativas aunque viables al igual que el modelo chino no son “exportables” a nivel mundial, son modelos ideológicos regionales.
Además del modelo religioso, la otra alternativa al liberalismo es la defendida por el nacionalismo étnico, religioso o racial que domina sobre muchos países del Tercer Mundo. El nacionalismo por su propia naturaleza se opone a la globalización ideológica y cultural del Liberalismo político y económico. La confrontación entre el nacionalismo y la globalización será causa constante de conflictos en el Tercer Mundo. Pero ante la falta de alternativas validas la victoria del liberalismo en el Tercer Mundo será cuestión de tiempo.

En definitiva el triunfo del liberalismo ideológico no significa el fin de los conflictos en corto plazo, pero a largo plazo la democracia liberal se impondrá a nivel mundial, siendo el fin de los conflictos ideológicos.

Dejando a un lado la hoy en día demostrada teoría de Fukuyama, en mi opinión personal la globalización permitirá al Tercer Mundo salir progresivamente de su atraso político, económico, social y cultural, creando un mundo más homogéneo y democrático.
Por otro lado habría que recordar que el triunfo del Liberalismo es un triunfo “ideológico” global, lo cual no significa el triunfo material de un país determinado, por ejemplo EEUU, sobre el resto de países mundiales, ya que eso seria Imperialismo, no Liberalismo, dos términos opuestos. La tan temida Unipolaridad del Mundo, o sea el mundo dirigido por una sola potencia, que presagian muchos intelectuales de segunda, a raíz de acontecimientos tan conocidos como el 11-S, y la ocupación militar de países como Afganistán e Irak, es imposible debido precisamente al triunfo del Liberalismo, la extensión de los ideales de democracia y libertad a nivel mundial permitirán defender la democracia mundial de una manera mas fuerte. Además de eso, los grandes beneficios que permite el libre intercambio económico han acabado con la debilidad endémica de grandes potencias como China e India, permitiéndolas consolidarse y hacer oír su voz con más fuerza a nivel mundial. Por otro lado el resurgimiento militar de la Federación Rusa, la cual invierte sus enormes beneficios de la venta de armas mundial en potenciar sus fuerzas armadas y su sistema de misiles estratégicos y la potencia económica de la Unión Europea, descartan que sea posible la existencia futura de un mundo unipolar y más bien predicen un mundo futuro basado en el “equilibrio de potencias”, entre EEUU, Unión Europea, China, India y la Federación Rusa.
En mi opinión el mayor peligro para el mundo no seria la instauración de un mundo unipolar, sino el intento de las distintas potencias de asegurarse los recursos energéticos que necesitan por cualquier medio, ante el temor de que otra potencia los acapare. Esto degeneraría en el surgimiento de un nuevo imperialismo agresivo, similar al existente en el siglo XIX y que generó un férreo enfrentamiento de potencias que desembocaría en la Primera Guerra Mundial. Solo las herramientas democráticas pueden detener un futuro así de funesto, por tanto es obligación de los ciudadanos del mundo concienciarse en los valores liberales y democráticos, retornar a la ideología antes de que el consumismo y el materialismo se impongan aun más. El ciudadano debe recordar que en democracia es él quien escoge su gobierno y solo reforzando la división de poderes y la fiscalización de los gobiernos se puede detener las tendencias imperialistas y militaristas mundiales.

El fin de la Historia significa el triunfo ideológico de la libertad y la democracia, las cuales tarde o temprano acabarán imponiéndose en todo el mundo si nosotros las imponemos primero en nuestro corazón.

© 2007 – Autor: Marco Antonio Martín García

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