Los Tigres Volantes, 1941-1942

Los «Tigres Volantes», o «Tigres Voladores» (Flying Tigers), fueron una unidad de mercenarios estadounidenses que bajo el mando de Claire Lee Chennault combatieron para la China nacionalista de Chiang Kai-shek contra los invasores japoneses, tras el estallido en 1937 de la guerra entre China y Japón. De una unidad de mercenarios legendarios pasaron en 1942 a formar parte de la flota aérea norteamericana influyendo decisivamente en la Segunda Guerra Mundial. Los Tigres fueron una de las mejores unidades de pilotos de la guerra, volando con aviones desfasados y sin apenas repuestos, derrotaron a modernas flotas de aviones japoneses que les superaban en proporciones de 20 a 1 y ayudaron a impedir la caída de China. Nunca antes tan pocos hicieron tanto.

El piloto R.T. Smith en su P-40 Tomahawk

Claire Lee Chennault fue el padre y jefe de los Tigres Volantes, el hombre que organizó una victoriosa flota aérea de la nada y alcanzó fama imperecedera. Chennault nació en la ciudad de Commerce, Texas, en 1890. Su familia descendía de hugonotes franceses, y estaba lejanamente emparentada con grandes figuras de la historia de los Estados Unidos, como Sam Houston, o Robert E. Lee. Al poco de nacer, la familia de Chennault se desplazó a vivir a la localidad de Gilbert, Louisiana. Allí, el joven Claire sufrió la trágica pérdida de su madre, que falleció cuando él tenía solo cinco años.

Tras varios años de estudio, en varios colegios estatales, y en la Universidad Estatal de Louisiana, Chennault se graduó, en 1910, y se dedicó a ejercer como profesor en la escuela de la localidad de Athens, Louisiana. Un año después de graduarse, el día de Navidad de 1911, se casó con la joven Nell Thompson, con la que tuvo ocho hijos. En aquellos años, Claire era un joven de marcado carácter sureño (lo que le hacía mantener cierta animadversión hacia los yankees del norte), que destacaba por ser un consumado cazador y pescador. Quizás por estas aficiones, o por simple patriotismo, Chennault decidió ingresar en la Escuela de Oficiales, en 1914, obteniendo el grado de primer teniente en la reserva. En 1917, con la entrada de los EE. UU. en la Primera Guerra Mundial (1914-1918), decidió unirse a la División Aérea del Cuerpo de Señales del Ejército, en donde obtuvo el título de instructor de vuelo.

Tras el fin de la Gran Guerra, Chennault continuó en el ejército, sirviendo con la Patrulla Fronteriza entre 1919 y 1923. Posteriormente, fue destinado al Escuadrón de Persecución de Hawai, en donde sirvió desde 1923 a 1926, hasta que, finalmente fue trasladado, en 1930, al Grupo de Persecución, Desarrollo, y Exhibición Aérea de los Estados Unidos. En este último destino, Chennault destacó como especialista en la aviación de caza, y su carácter, innovador e inconformista, le llevó a tener varios desencuentros con sus superiores a causa de la doctrina enseñada por el Cuerpo Aéreo. Para Chennault, los duelos individuales entre aviones de caza eran un anacronismo ridículo, y pasado de moda, más propio de caballeros medievales que de soldados del siglo XX. Por ello, en vez de utilizar tácticas desfasadas, Chennault proponía que los aviones de caza actuasen en grupo, atacando, o defendiendo, conjuntamente y según las circunstancias de cada combate. Con esta idea en mente, Chennault dedicó todos sus esfuerzos a tratar de modernizar la doctrina de combate de los pilotos de caza, y desarrollar nuevas tácticas, mentalizando a sus hombres para que actuasen en equipo, sincronizados como un reloj. Gracias a la aplicación de estas ideas, y a un duro entrenamiento, sus pilotos comenzaron a ser capaces de realizar espectaculares exhibiciones, con acrobacias aéreas nunca vistas antes, como por ejemplo; volar con las alas de todos los aviones unidas con cuerdas de 6 metros.

Sin embargo, y pese a sus esfuerzos, en aquella época los cazas estaban en declive en la doctrina de combate norteamericana, que daba una mayor preferencia a las teorías del bombardeo estratégico, desarrolladas, en 1919, por el italiano Giulio Douhet, y perfeccionadas por el norteamericano Clayton Bissell. Doctrinas que propugnaban el desarrollo de bombarderos super rápidos, que no necesitasen escolta de cazas, y que fuesen capaces de ganar las guerras destruyendo la capacidad de combate enemiga con bombardeos masivos sobre sus ciudades, industrias, y vías de comunicación. Ante esto, los intentos de Chennault de modernizar la aviación de caza pasaron al olvido en beneficio de las nuevas teorías de bombardeo estratégico.

Claire L Chennault
Claire Lee Chennault

En 1937, Chennault estaba en un hospital de Arkansas, considerándose totalmente acabado, en lo físico, y también en lo moral, pese a tener aún solo 47 años. Una bronquitis crónica le había generado sordera parcial y problemas cardíacos, y esto a su vez le impidió continuar en el servicio activo en el Ejército y solicitó el retiro. Este malestar físico se agravó con la aparición de una fuerte depresión, no solo por verse obligado a retirarse, sino por sentirse ninguneado por sus superiores, que no prestaron atención a sus ideas sobre la aviación táctica de caza. Pero, lo que, a todas luces, parecía el fin para Chennault se convirtió en un auténtico renacer, cuando el destino le dió una nueva oportunidad: varios oficiales de alto rango de China habían oído hablar de él, y le ofrecieron un puesto como asesor en una nueva aviación de guerra, que estaban formando para oponerse a la amenaza de Japón .

Tras llegar a Chungking, capital de la China nacionalista de Chiang Kai-shek, Chennault se entrevistó con la adorable Mei Ling, la encantadora esposa de Chiang. Cautivado por la señora, y por el suculento contrato que le ofrecían, de mil dólares al mes con gastos aparte, Chennault se comprometió a organizar la Fuerza Aérea China. Pocas semanas después de su llegada estalló la guerra contra Japón.

La fuerza aérea china constaba de 500 aviones sobre el papel, pero Chennault encontró únicamente 91 estaban en condiciones de volar. Antes de su llegada, los chinos habían sido instruidos por una misión militar italiana, pero Chennault viendo que los instructores italianos de Mussolini eran unos auténticos inútiles, se libró de ellos acusándoles de sabotaje. Los pilotos chinos que habían entrenado los italianos eran un auténtico desastre, ya que la mayoría no sabía despegar o aterrizar bien, y, por ello, dañaban o destruían numerosos aviones. En un solo día, destruyeron 13 cazas en accidentes de ese tipo. Chennault en poco tiempo organizó una fuerza aérea decente, consiguió que se compraran cazas norteamericanos, enseñó nuevas tácticas, y creó una red de alerta por radio y teléfono para saber la llegada de los bombarderos japoneses. Chennault contará también durante unos meses con la cooperación del general Anonov al mando de seis escuadrillas de las Fuerzas Aéreas de la URSS, enviadas por Stalin para ayudar a Chang. Con su simpatía natural y sus buenas relaciones con la familia Chiang, en especial con la esposa del generalísimo chino, Chennault se convertirá en poco tiempo en el jefe de hecho de la Fuerza Aérea China.

La intervención militar de Chennault no pasó desapercibida para los japoneses, que reaccionaron protestando oficialmente ante el gobierno de EEUU. Ante esto, el Departamento de Estado, que no deseaba un conflicto diplomático con Japón,  le pidió que cesara en sus actividades, y regresase a EEUU, o le considerarían un desertor. Pero Chennault, con la ayuda del cónsul estadounidense, se «transformó», oficialmente, en un simple y pacífico “agricultor” que explotaba tierras en China, una farsa que le permitiría continuar con su trabajo sin verse envuelto en problemas legales con su gobierno. Tras resolver esto, Chennault continuó sus esfuerzos militares, tratando de parar lo imparable, al enfrentarse a la eficaz, y muy numerosa, fuerza aérea japonesa, capaz de bombardear diariamente la capital; Chungking, con más de 100 aviones. En 1940, el antiguo capitán jubilado Chennault, reconvertido en “agricultor” y general del ejército chino, viaja a EEUU en busca de ayuda para su causa. Una vez en EEUU se dedica junto al gran diplomático chino T.V.Soong a dar conferencias y buscar apoyos entre la clase empresarial. Estos apoyos le permitirán a Chennault reclutar pilotos del ejército estadounidense. En 1941, tras 8 meses, regresa a China. Su misión ha sido un éxito completo. Chennault regresa a China con 112 pilotos del ejército y la marina y con 100 aviones Curtiss P-40 que unidos formarán el “Grupo de Voluntarios Americano” (AVG en inglés), que será conocido por “Tigres Volantes”(Flying Tigers).

Los Tigres disponían de un avión algo desfasado y que había fracasado en manos británicas al enfrentarse a cazas alemanes. El P-40 era un avión lento y muy blindado, lo cual, le hacía muy torpe a la hora de maniobrar, muy lento al ascender y muy rápido en el picado. Chennault ideó nuevas tácticas para que sus hombres se enfrentasen exitosamente a los cazas japoneses, extremadamente maniobrables pero mal blindados. Les ordenó siempre atacar en parejas y desbandarse, para volver a unirse y atacar el mismo objetivo. Además Chennault prohibió a sus hombres realizar duelos de “uno contra uno” contra los pilotos japoneses, ya que llevarían las de perder siempre. Así pues la táctica de Chennault era unirse en parejas, atacar el mismo blanco, separarse en distintas direcciones para hacer dudar a sus posibles perseguidores y vuelta a empezar.

Los Tigres se dividían en tres escuadrones: ”Ángeles del Infierno”, “Adanes y Evas” y “Osos Pandas”, todos los pilotos llevaban pintado en el fuselaje de su avión un Tigre diseñado por un dibujante de la compañía Disney, el dibujo de la escuadra correspondiente y además pintaban dientes de tiburón debajo del morro del avión, lo cual daba gran espectacularidad a sus aviones.

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Escuadrón Ángeles del Infierno (Hell’s Angels) de los Tigres Volantes

Los pilotos de Chennault eran también bastante peculiares, todos tenían diversas tapaderas para disimular su verdadero oficio de pilotos, pero la mayoría eran “vendedores de jabón”. Casi todos cobraban entre 600 y 750 dólares mensuales más un prima de 500 por cada avión derribado, pero casi todos estaban allí por el afán de aventura y para combatir, para sentir la adrenalina en sus venas. Una peculiaridad de la unidad es que no existía disciplina alguna, cada uno vestía como quería, normalmente llevaban botas de vaquero, sombreros de todo tipo….Los Tigres siempre eran famosos por las tremendas juergas nocturnas y locuras que montaban. Un día y tras una tremenda borrachera convencieron a un piloto de un avión de carga C-47 para hacer un “raid” nocturno sobre Hanoi, ciudad ocupada por los japoneses. Con todo tipo de antiguas bombas y granadas y con varias cajas de bebida se fueron a bombardear Hanoi, tirando las bombas “a patadas” (literalmente) desde el C-47. Otra costumbre que tenían era jugar al poker con su jefe, Chennault, que casi siempre les ganaba.

Pese a su aparente falta de disciplina, los Tigres Volantes eran el terror para los japoneses. Los japoneses ya no podían bombardear Chungking ni actuar en China impunemente. El éxito de los Tigres ocasionó que Tokio les amenazara como considerarlos como bandidos si les capturaba, es decir cualquier piloto voluntario capturado sería ejecutado. Además, Tokio lanzó varias ofensivas terrestres en China para destruir las bases y aeródromos de los Tigres, situados en la provincia de Kunming y en la zona de Yunnan.

Por otro lado, además de ayudar a defender China, Chennault mandó aviones a Rangún para ayudar a los británicos a defender la India y Birmania de la invasión japonesa. El 25 de febrero de 1942 los japoneses lanzan 160 aviones para bombardear Rangún, para impedirlo despegarán 9 Tigres Volantes, los cuales derribaron 24 aviones japoneses y solo perdieron 3 aparatos. Al día siguiente los japoneses lanzaron 200 aviones, los 6 tigres restantes despegaron de nuevo y derribaron 18 aviones japoneses sin perder ni uno propio. Tras este éxito, los pilotos decorarán sus aviones con varias banderitas japonesas en miniatura, una por cada avión derribado. Sus continuas salidas en apoyo de los británicos en Birmania impidieron un desastre total y permitieron que los británicos pudiesen escapar a la India. A partir de entonces los británicos no volverían a mirarles con el desdén que mostraron al llegar los Tigres a Rangún. Además los Tigres ametrallaron y bombardearon con bombas caseras los accesos del río Salween, logrando detener ellos solos el avance japonés hacia China desde la frontera birmana.

Pero los éxitos de los Tigres Volantes serán mal vistos por los militares norteamericanos destinados al frente CBI (China, Birmania, India). Una vez que EEUU entró en la Segunda Guerra Mundial se destinaron varios militares para preparar desde China futuros ataques contra Japón y para entrenar ejércitos chinos que les sirvieran de “carne de cañón” en la liberación de Birmania. Chennault, siempre crítico, se opuso a Joe “Vinagre” Stilwell, general de infantería y jefe del CBI, que quería usar los ejércitos chinos como si fuesen propios y que despreciaba a Chiang Kai Chek, al cual insultaba en todo momento. Stilwell no tenía tacto para tratar con orientales y odiaba a Chennault, así que trató por todos los medios de someterle, tras varias presiones ante Washington, Chennault y sus Tigres serán obligados a formar parte del ejército regular, a cambio de que China reciba mas ayudas económicas para su esfuerzo bélico. El 4 de julio de 1942 los Tigres Volantes se convertirán en el “Destacamento Especial Aéreo de China”, bajo el mando de Chennault, ascendido a general de brigada. Pero la libertad absoluta de Chennault para montar su propio espectáculo se acabará al depender su grupo de la 10ª Fuerza Aérea, con base en la India y al mando de un viejo enemigo de Chennault, Bisell, máximo defensor de la doctrina del bombardeo estratégico.

Los Tigres Volantes habían derribado en 7 meses 299 aviones enemigos confirmados y 135 más que no estaban confirmados pero que eran probables. Habían sufrido solo 4 muertos en combate aéreo, muriendo muchos más por accidentes o fuego terrestre. Un éxito sin precedentes, si se tiene en cuenta que los Tigres se enfrentaban a proporciones de 6 a 1 en sus combates, además de enfrentarse a buenos pilotos montados en aviones más modernos. Los Tigres además apenas tenían suministros ni recambios y los mecánicos debían improvisar para reparar los aviones dañados. Día y noche los ayudantes chinos buscaban restos de aviones derribados de los dos bandos para conseguir piezas en buen estado que sirvieran de recambios. De esta improvisación de los mecánicos surgieron técnicas muy útiles, como frotar el fuselaje de los aviones con cera, lo cual les hacía aumentar en 15 Km. por hora la velocidad de los aviones. O usar goma de mascar para tapar agujeros pequeños en los depósitos del avión.

Una vez dentro del ejército regular, los Tigres siguieron cumpliendo con su cometido, defendiendo China de los japoneses y ayudando a los británicos en sus ofensivas en Birmania. Chennault seguía “en guerra“ contra Vinagre Stilwell, su superior en teoría, y un hombre que como decía Chennault “Desconfiaba de todo artefacto que fuera más complejo que un fusil”. Chennault tenía el apoyo personal de Roosevelt, con el que se llevaba bien tras conocerle en una entrevista bilateral. Pero Stilwell contaba con el apoyo del Pentágono. Al final la batalla la ganó Chennault y Stilwell fue reemplazado por petición directa de Chiang Kai Chek, harto de ser insultado por Stilwell, y dispuesto incluso a pactar con los japoneses si no sustituían a Joe “Vinagre”.

Claire Lee Chennault había triunfado, había defendido China y había conseguido que EEUU tratase con respeto a sus aliados, incluyendo a Chiang en el club de los grandes, con Churchill, Roosevelt y Stalin. Oponiéndose a las voces de Churchill y de varios generales americanos que querían que China se desgastase al máximo para poder obtener suculentos tratados comerciales, y así, conseguir «subordinarla a Occidente» tras el fin de la guerra.

Los Tigres Volantes habían hecho historia, nunca tan pocos habían hecho tanto, no solo defendiendo China, sino salvando a las tropas británicas de Birmania. Al final de la contienda habían derribado 1200 aviones japoneses confirmados y 700 más probables, perdiendo a su vez 573 aviones, muchos de ellos en accidentes y por fuego terrestre. Los Tigres habían demostrado una gran profesionalidad y disciplina en combate y habían creado nuevas tácticas de combate. Habían demostrado que unos mercenarios juerguistas eran capaces de humillar al ejército más disciplinado del momento usando la improvisación y la mente frente a las doctrinas fijas y la falta de imaginación. El cerebro y la imaginación derrotaban al número y a las reglas estáticas.

© 2007 – Autor: Marco Antonio Martín García
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la reproducción parcial o total de este texto sin consentimiento
previo del autor.
https://senderosdelahistoria.wordpress.com

2 comentarios

  1. Este hombre hizo historia y lo admiro como a sus hombres como me hubiese gustado estar y vivir lo que vivieron esos hombres la adrenalina de volar por honor . Todo un romanticismo para estos tiempos jugando con la muerte en cada momento honor y gloria a todos esos hombres que pelearon en defensa de China 🙂 🙂

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