Los Tigres Voladores, 1941-1942

Los Tigres Voladores (Flying Tigers) fueron una unidad de mercenarios estadounidenses que bajo el mando de Claire Lee Chennault combatieron para la China nacionalista de Chiang Kai Chek contra los invasores japoneses, tras el estallido en 1937 de la guerra entre China y Japón. De una unidad de mercenarios legendarios pasaron en 1942 a formar parte de la flota aérea norteamericana influyendo decisivamente en la Segunda Guerra Mundial. Los Tigres fueron una de las mejores unidades de pilotos de la guerra, volando con aviones desfasados y sin apenas repuestos, derrotaron a modernas flotas de aviones japonesas que les superaban en proporciones de 20 a 1 y ayudaron a impedir la caída de China. Nunca antes tan pocos hicieron tanto.


Claire Lee Chennault fue el padre y jefe de los Tigres Voladores, el hombre que organizó una victoriosa flota aérea de la nada y alcanzó fama imperecedera. Chennault nació en Texas en 1890, era descendiente de hugonotes franceses y estaba lejanamente emparentado con grandes figuras como Sam Houston y Robert E. Lee. Chennault creció en Louisiana y como buen sureño odiaba casi tanto a los yanquees del norte como a los enemigos externos de EEUU. De joven Chennault fue profesor de colegio, cazador y pescador, hasta que en 1917 ingresó en el “Cuerpo Aéreo del Ejército” donde hizo una carrera de instructor de vuelo, sin destacar demasiado. Chennault era un especialista en la aviación de caza y un inconformista que estaba en contra de la doctrina enseñada por el Cuerpo Aéreo. Para él los combates individuales entre cazas al estilo de caballeros medievales eran ridículos, Chennault pensaba en que los cazas debían de actuar en grupo, como un equipo, atacando juntos y desapareciendo. Así pues Chennault dedicaba todos sus esfuerzos a modernizar la doctrina de combate de los cazas y desarrollar nuevas tácticas, consiguiendo que sus hombres trabajaran siempre en equipo, sincronizados como un reloj y capaces de realizar espectaculares exhibiciones de acrobacias aéreas nunca vistas antes, como volar con las alas de todos los aviones unidas con cuerdas de 6 metros. Pero en aquella época los cazas estaban en declive en la doctrina de combate norteamericana, la cual daba preferencia a las teorías del bombardeo estratégico desarrolladas en 1919 por el italiano Giulio Douhet y perfeccionadas por el norteamericano Clayton Bisell. Doctrinas que propugnaban el desarrollo de rápidos súper bombarderos que no necesitaran escolta de cazas y pudieran ganar las guerras solo con bombardeos masivos. Así pues Chennault y sus intentos por modernizar la aviación de caza pasaron al olvido en beneficio de los instructores de bombardeo.

En 1937 Chennault estaba en un hospital de Arkansas totalmente acabado en lo físico y lo moral a sus 47 años. Una bronquitis crónica que le había generado sordera parcial y problemas cardiacos le habían obligado a abandonar el servicio activo y a esto se unía una profunda depresión por su fracaso en promover las tácticas de aviación de caza. Pero el destino le daría una nueva oportunidad, los chinos habían oído hablar de él, estaban formando una aviación de guerra y le invitaron a visitarlos. Tras llegar a Chungking, capital de la China nacionalista de Chiang Kai Chek, Chennault se entrevistara con la adorable Mei Ling, la encantadora esposa de Chiang. Cautivado por la señora de Chiang y por el suculento contrato que le ofrecían de mil dólares al mes, con gastos aparte, Chennault se comprometió a organizar la fuerza aérea china. Pocas semanas después de su llegada estallará la guerra contra Japón.

La fuerza aérea china constaba de 500 aviones sobre el papel, pero Chennault encontró únicamente 91 estaban en condiciones de volar. Antes de su llegada, los chinos habían sido instruidos por una misión militar italiana, pero Chennault viendo que los instructores italianos de Mussolini eran unos auténticos inútiles, se libró de ellos acusándoles de sabotaje. Los pilotos chinos que habían entrenado los italianos eran un autentico desastre, ya que la mayoría no sabia despegar o aterrizar bien y destruían numerosos aviones, en un solo día destruyeron 13 cazas en accidentes de ese tipo. Chennault en poco tiempo organizó una fuerza aérea decente, consiguió que se compraran cazas norteamericanos, enseñó nuevas tácticas, y creó una red de alerta por radio y teléfono para saber la llegada de los bombarderos japoneses. Chennault contará también durante unos meses con la cooperación del general Anonov al mando de seis escuadrillas de las Fuerzas Aéreas de la URSS, enviadas por Stalin para ayudar a Chang. Con su simpatía natural y sus buenas relaciones con la familia Chiang, en especial con la esposa del generalísimo chino, Chennault se convertirá en poco tiempo en el jefe de hecho de la Fuerza Aérea China.

Los esfuerzos de Chennault no pasaron desapercibidos a los japoneses quienes protestaron ante el gobierno de EEUU. El Departamento de Estado le pidió que cesara en sus actividades y regresara a EEUU o le considerarían un desertor. Pero Chennault con la ayuda del cónsul estadounidense se convirtió en un pacífico “agricultor” que explotaba tierras en China. Así pues Chennault se dedicó a parar lo imparable, a enfrentarse a la eficaz y muy numerosa fuerza aérea japonesa, capaz de bombardear diariamente la capital; Chungking, con más de 100 aviones. En 1940, el antiguo capitán jubilado Chennault convertido en “agricultor” y general del ejercito chino, viaja a EEUU en busca de ayuda para su causa. Una vez en EEUU se dedica junto al gran diplomático chino T.V.Soong a dar conferencias y buscar apoyos entre la clase empresarial. Estos apoyos le permitirán a Chennault reclutar pilotos del ejército estadounidense. En 1941, tras 8 meses, regresa a China. Su misión ha sido un éxito completo. Chennault regresa a China con 112 pilotos del ejército y la marina y con 100 aviones Curtiss P-40 que unidos formarán el “Grupo de Voluntarios Americano” (AVG en inglés), que será conocido por “Tigres Voladores” (Flying Tigers).

Los Tigres disponían de un avión algo desfasado y que había fracasado en manos británicas al enfrentarse a cazas alemanes. El P-40 era un avión lento y muy blindado, lo cual le hacia muy torpe a la hora de maniobrar, muy lento al ascender y muy rápido en el picado. Chennault ideó nuevas tácticas para que sus hombres se enfrentaran a los cazas japoneses, extremadamente maniobrables pero mal blindados. Les ordenó siempre atacar en parejas y desbandarse, para volver a unirse y atacar el mismo objetivo. Además Chennault prohibió a sus hombres realizar duelos de “uno contra uno” contra los pilotos japoneses, ya que llevarían las de perder siempre. Así pues la táctica de Chennault era unirse en parejas, atacar el mismo blanco, separase en distintas direcciones para hacer dudar a sus posibles perseguidores y vuelta a empezar.

Los Tigres se dividían en tres escuadrones:”Ángeles del Infierno”, “Adanes y Evas” y “Osos Pandas”, todos los pilotos llevaban pintado en el fuselaje de su avión un Tigre diseñado por un dibujante de la compañía Disney, el dibujo de la escuadra correspondiente y además pintaban dientes de tiburón debajo del morro del avión, lo cual daba gran espectacularidad a sus aviones.

Los pilotos de Chennault eran también bastante peculiares, todos tenían diversas tapaderas para disimular su verdadero oficio de pilotos, pero la mayoría eran “vendedores de jabón”. Casi todos cobraban entre 600 y 750 dólares mensuales más un prima de 500 por cada avión derribado, pero casi todos estaban allí por el afán de aventura y para combatir, para sentir la adrenalina en sus venas. Una peculiaridad de la unidad es que no existía disciplina alguna, cada uno vestía como quería, normalmente llevaban botas de vaquero, sombreros de todo tipo….Los Tigres siempre eran famosos por las tremendas juergas nocturnas y locuras que montaban. Un día y tras una tremenda borrachera convencieron a un piloto de un avión de carga C-47 para hacer un “raid” nocturno sobre Hanoi, ciudad ocupada por los japoneses. Con todo tipo de antiguas bombas y granadas y con varias cajas de bebida se fueron a bombardear Hanoi, tirando las bombas “a patadas” (literalmente) desde el C-47. Otra costumbre que tenían era jugar al poker con su jefe, Chennault, que casi siempre les ganaba.

Pese a su aparente falta de disciplina, los Tigres Voladores eran el terror para los japoneses. Los japoneses ya no podían bombardear Chungking ni actuar en China impunemente. El éxito de los Tigres ocasionó que Tokio les amenazara como considerarlos como bandidos si les capturaba, es decir cualquier piloto voluntario capturado sería ejecutado. Además, Tokio lanzó varias ofensivas terrestres en China para destruir las bases y aeródromos de los Tigres, situados en la provincia de Kunming y en la zona de Yunan.

Por otro lado, además de ayudar a defender China, Chennault mandó aviones a Rangún para ayudar a los británicos a defender la India y Birmania de la invasión japonesa. El 25 de febrero de 1942 los japoneses lanzan 160 aviones para bombardear Rangún, para impedirlo despegarán 9 Tigres Volantes, los cuales derribaron 24 aviones japoneses y solo perdieron 3 aparatos. Al día siguiente los japoneses lanzaron 200 aviones, los 6 tigres restantes despegaron de nuevo y derribaron 18 aviones japoneses sin perder ni uno propio. Tras este éxito los pilotos decorarían sus aviones con varias banderitas japonesas en miniatura, una por cada avión derribado. Sus continuas salidas en apoyo de los británicos en Birmania impidieron un desastre total y permitieron que los británicos pudiesen escapar a la India. A partir de entonces los británicos no volverían a mirarles con el desdén que mostraron al llegar los Tigres a Rangún. Además los Tigres ametrallaron y bombardearon con bombas caseras los accesos del río Salween, logrando detener ellos solos el avance japonés hacia China desde la frontera birmana.

Pero los éxitos de los Tigres Voladores serán mal vistos por los militares norteamericanos destinados al frente CBI (China, Birmania, India). Una vez que EEUU entró en la Segunda Guerra Mundial se destinaron varios militares para preparar desde China futuros ataques contra Japón y para entrenar ejércitos chinos que les sirvieran de “carne de cañón” en la liberación de Birmania. Chennault, siempre crítico, se opuso a Joe “Vinagre” Stilwell, general de infantería y jefe del CBI, que quería usar los ejércitos chinos como si fuesen propios y que despreciaba a Chiang Kai Chek, al cual insultaba en todo momento. Stilwell no tenía tacto para tratar con orientales y odiaba a Chennault, así que trató por todos los medios de someterle, tras varias presiones ante Washington, Chennault y sus Tigres serán obligados a formar parte del ejército regular, a cambio de que China reciba mas ayudas económicas para su esfuerzo bélico. El 4 de julio de 1942 los Tigres Voladores se convertirán en el “Destacamento Especial Aéreo de China”, bajo el mando de Chennault, ascendido a general de brigada. Pero la libertad absoluta de Chennault para montar su propio espectáculo se acabará al depender su grupo de la 10ª Fuerza Aérea, con base en la India y al mando de un viejo enemigo de Chennault, Bisell, máximo defensor de la doctrina del bombardeo estratégico.

Los Tigres Voladores habían derribado en 7 meses 299 aviones enemigos confirmados y 135 más que no estaban confirmados pero que eran probables. Habían sufrido solo 4 muertos en combate aéreo, muriendo muchos más por accidentes o fuego terrestre. Un éxito sin precedentes si se tiene en cuenta que los Tigres se enfrentaban a proporciones de 6 a 1 en sus combates, además de enfrentarse a buenos pilotos montados en aviones más modernos. Los Tigres además apenas tenían suministros ni recambios y los mecánicos debían improvisar para reparar los aviones dañados. Día y noche los ayudantes chinos buscaban restos de aviones derribados de los dos bandos para conseguir piezas en buen estado que sirvieran de recambios. De esta improvisación de los mecánicos surgieron técnicas muy útiles, como frotar el fuselaje de los aviones con cera, lo cual les hacia aumentar en 15 Km. por hora la velocidad de los aviones. O usar goma de mascar para tapar agujeros pequeños en los depósitos del avión.

Una vez dentro del ejército regular, los Tigres siguieron cumpliendo con su cometido, defendiendo China de los japoneses y ayudando a los británicos en sus ofensivas en Birmania. Chennault seguía “en guerra“ contra Vinagre Stilwell, su superior en teoría, y un hombre que como decía Chennault “Desconfiaba de todo artefacto que fuera más complejo que un fusil”. Chennault tenía el apoyo personal de Roosevelt, con el que se llevaba bien tras conocerle en una entrevista bilateral. Pero Stilwell contaba con el apoyo del Pentágono. Al final la batalla la ganó Chennault y Stilwell fue reemplazado por petición directa de Chiang Kai Chek, harto de ser insultado por Stilwell y dispuesto incluso a pactar con los japoneses si no sustituían a Joe “Vinagre”.

Claire Lee Chennault había triunfado, había defendido China y había conseguido que EEUU tratara con respeto a sus aliados, incluyendo a Chiang en el club de los grandes, con Churchill, Roosevelt y Stalin. Oponiéndose a las voces de Churchill y de varios generales americanos que querían que China se desgastase al máximo para poder obtener suculentos tratados comerciales y conseguir subordinarla a Occidente tras el fin de la guerra.

Los Tigres Voladores habían hecho historia, nunca tan pocos habían hecho tanto, no solo defendiendo China sino salvando a las tropas británicas de Birmania. Al final de la contienda habían derribado 1200 aviones japoneses confirmados y 700 más probables, perdiendo a su vez 573 aviones, muchos de ellos en accidentes y por fuego terrestre. Los Tigres habían demostrado una gran profesionalidad y disciplina en combate y habían creado nuevas tácticas de combate. Habían demostrado que unos mercenarios juerguistas eran capaces de humillar al ejército más disciplinado del momento usando la improvisación y la mente frente a las doctrinas fijas y la falta de imaginación. El cerebro y la imaginación derrotaban al número y a las reglas estáticas.

© 2007 – Autor: Marco Antonio Martín García

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2 pensamientos en “Los Tigres Voladores, 1941-1942

  1. Pingback: Los "tigres voladores" de Chennault

  2. Este hombre hizo historia y lo admiro como a sus hombres como me hubiese gustado estar y vivir lo que vivieron esos hombres la adrenalina de volar por honor . Todo un romanticismo para estos tiempos jugando con la muerte en cada momento honor y gloria a todos esos hombres que pelearon en defensa de China 🙂 🙂

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