El 30 de junio de 1908, una enorme explosión destruyó un área boscosa de 2.150 km², en las proximidades del río Podkamennaya Tunguska, en Siberia Occidental. Desde entonces, científicos de todo el mundo han tratado de explicar las causas de este evento catastrófico, aportando diversas teorías e hipótesis. Hoy en día, la mayoría de expertos coinciden en que la explosión fue ocasionada por el impacto de un asteroide, de unos 37 metros de ancho, que, tras entrar en la atmósfera terrestre, comenzó a descomponerse hasta detonar sobre el cielo de Tunguska, liberando una energía equivalente a 185 bombas de Hiroshima. Una explicación muy plausible, pero que no convence a todo el mundo: ufólogos, pseudocientíficos, y escritores de ciencia-ficción, como Alexander Kazantsev, han atribuido el evento de Tunguska al accidente de una nave extraterrestre. ¿Qué sucedió realmente?

Árboles derribados por la explosión en Tunguska
Árboles derribados por la explosión en Tunguska

1 – Descubrimiento y teorías científicas.

En la mañana del 30 de junio de 1908, los habitantes de la localidad de Vanavara, en Siberia, vieron pasar una brillante bola de fuego que, posteriormente, explotó a 65 kilómetros de distancia, destruyendo un área boscosa de 2.150 km². La explosión fue tan violenta que derribó a los testigos al suelo, y les produjo leves quemaduras, a pesar de que se encontraban a una gran distancia. En el epicentro de la explosión todo había quedado devastado: los metales se habían fundido, los animales se habían carbonizado, y todos los árboles en un radio de 30 kilómetros habían sido arrancados de raíz envueltos en llamas. Felizmente, al haber ocurrido en un área despoblada no hay constancia de que la explosión provocase la pérdida de vidas humanas.

Los efectos de la explosión de Tunguska fueron vistos y sentidos a más de 1.000 kilómetros de distancia. En toda Europa se registraron ondas sísmicas parecidas a las de un terremoto, así como diversos trastornos en el campo magnético terrestre, y la iluminación de la noche. Sin embargo, y pese a la conmoción por el evento, el incidente, no se investigó inmediatamente, a causa de la lejanía e inaccesibilidad del lugar, y se atribuyó al impacto de un meteorito.

Los efectos de la explosión de Tunguska fueron vistos y sentidos a más de 1.000 kilómetros de distancia. En toda Europa se registraron ondas sísmicas parecidas a las de un terremoto, así como diversos trastornos en el campo magnético terrestre, y la iluminación de la noche. Sin embargo, y pese a la conmoción por el evento, el incidente, no se investigó inmediatamente, a causa de la lejanía e inaccesibilidad del lugar, y se atribuyó al impacto de un meteorito. Tuvieron que pasar casi dos décadas para que se realizase la primera expedición científica al lugar de la explosión.

En 1927, el minerólogo soviético Leonid Kulik (1883-1942) se dirigió a Tunguska en busca de restos del supuesto meteorito caído. Sin embargo, tras comprobar la devastación, en persona, Kulik no halló rastro del cráter que esperaba encontrar, ni ningún fragmento de meteorito, y lo que era aún más curioso; justo en el centro de la explosión los árboles quemados se mantenían aún en pie, siendo los únicos que no habían sido arrancados de raíz en 30 kilómetros a la redonda. Con objeto de arrojar algo de luz a este aparente misterio, Kulik realizó tres nuevas expediciones a la zona, a lo largo de la siguiente década, en busca de fragmentos del presunto meteorito, aunque el resultado fue el mismo: no halló ninguno. Frustrado por la ausencia de restos, en 1938 promovió la realización de un reconocimiento aéreo sobre la zona, que proporcionó a los investigadores unas 1.500 fotografías del terreno. Sin embargo, esta teoría fue puesta en duda, a comienzos de los años 80, por el prestigioso astrónomo Zdenek Sekanina, que aludió a que dichos fragmentos, de un cometa, habrían comenzado a volatilizarse nada más entrar en la atmósfera y, por tanto, carecerían de la energía suficiente para desatar una explosión como la acontecida en Tunguska.

En lugar de un cometa, Zdenek Sekanina propuso que el cuerpo que se destruyó en la atmósfera y provocó la explosión de Tunguska fue un asteroide, una teoría que, a día de hoy, es la más aceptada por el colectivo científico ya que, por un lado, explica la bola de fuego que fue vista por los campesinos y, por otro lado, justifica la ausencia de un cráter. Actualmente, Donald Yeomans, jefe del Programa de Objetos Cercanos a la Tierra, de la NASA, estima que el cuerpo celeste rocoso, que provocó la explosión de Tunguska, debió tener unos 37 metros de diámetro y pesar unas 110.000 toneladas, y entró en nuestro planeta a una velocidad, aproximada, de 53.900 kilómetros por hora. A las 7:17 de la mañana, tras alcanzar una altitud de 8.500 metros, el calor, y la presión acumulada, provocaron la explosión de este cuerpo celeste, liberando una energía equivalente a la de 185 bombas atómicas (como la de Hiroshima) que devastó un área de 2.150 km².

Sin embargo, y sin llegar a contradecir esta teoría oficial, hay que destacar que, en 2007, un grupo de científicos, de la Universidad de Bolonia, descubrió lo que el desafortunado Leonid Kulik (murió, en 1942, en un campo de prisioneros, tras la invasión nazi) no pudo encontrar: un cráter en Tunguska ocasionado por el impacto de un fragmento de roca de unos 10 metros. Dicho cráter pasó desapercibido, durante todos estos años, porque ha estado cubierto por las aguas de un lago cónico, y de gran profundidad, al que dio origen: el lago Cheko, ubicado a unos 8Km del epicentro de la explosión. Debido a que se trataba de una región despoblada, y al hecho de que la primera expedición acudió al lugar veinte años después del suceso, los científicos no se apercibieron, en su momento, de que dicho lago era de reciente formación, y que había sido creado por el impacto de un fragmento de roca.

2 – Teorías alternativas e hipótesis pseudocientíficas.

En 1973, los científicos de la Universidad de Texas, Albert Jackson y Michael Ryan, desarrollaron la teoría de que la explosión había sido ocasionada por el paso, a través de la tierra, de un “mini agujero negro” que habría entrado por Tunguska y salido por el Atlántico Norte. Como pruebas para desarrollar su teoría se basaron en que ese día los ríos de la zona tenían la corriente cambiada y que los árboles fueron arrancados por algo que los absorbió desde el cielo. Además, se basaban en que en el Atlántico norte habían ocurrido, en la misma época, terremotos submarinos, que habían generado Tsunamis, u olas gigantes, a causa de la salida del mini agujero negro. Esta teoría es bastante original, científicamente hablando, pero, carece de pruebas tangibles, y presenta numerosas carencias a la hora de explicar otros fenómenos asociados a la explosión; como el avistamiento la bola de fuego, que cruzó media Siberia antes de caer y explotar.

La última hipótesis científica defiende que las causas de la explosión fueron debidas a un experimento del genio científico, Nikola Tesla, de transferencia de energía a través de la atmósfera. Los defensores de esta hipótesis se basan en una carta de Tesla (para muchos falsa), en la que dice que va a probar un nuevo experimento en la zona de Siberia, y en los recientes programas HAARP y ROTHR, programas de investigación militar derivados de las teorías de Nikola Tesla y que se basan en el uso de grandes complejos de antenas para controlar los procesos de la ionosfera y provocar grandes descargas electromagnéticas de efectos devastadores.

Dejando a un lado el ámbito científico, y entrando en el plano de la especulación, hay que destacar una de las teorías más famosas, y discutidas, sobre el evento, como es la que planteó, en 1946, el escritor ruso, de ciencia-ficción, Alexander Kazantsev (1906-2002), que planteó que la verdadera causa de la explosión en Tunguska había sido el accidente, en dicha zona, de una nave espacial alienígena propulsada por motores de energía nuclear. En su obra Explosión (1946), Kazantsev desarrolló la hipótesis de que los extraterrestres habrían venido para aprovisionarse de agua dulce en el lago Baikal, pero que, al entrar su nave en la atmósfera, la enorme fricción sobrecalentó, e hizo estallar, sus motores nucleares, produciéndose en el aire una explosión similar a la causada por la bomba de Hiroshima. Según esta teoría, la existencia de una nave alienígena explicaría el por qué, según los testigos presenciales, la bola de fuego que avistaron era capaz de cambiar de dirección.

Siguiendo esta misma línea, en 2004 una expedición científica rusa, llevada a cabo por miembros de la Fundación Fenómeno Espacial de Tunguska, dirigida por Yuri Lavbin, hallaron en la región una supuesta pieza de tecnología “extraterrestre” que fue trasladada a la Universidad de Krasnoyarsk para su estudio. Según el holandés Geert Sassen, un especialista en la exploración espacial, lo que en realidad había encontrado la expedición rusa eran piezas del quinto vuelo de prueba del Vostok, que despegó de Baikonur, en 1960, y se estrelló en la región de Tunguska, cerca del punto de impacto de la explosión. Sassen afirma que la región se encuentra en la trayectoria de las naves que despegan de Baikonur y, por ello, está plagada de fragmentos de cohetes.

3 – Conclusiones.

Como hemos visto en los apartados anteriores, la explosión de Tunguska ha generado una gran cantidad de teorías científicas, y pseudocientíficas, que buscan explicar las causas de este desastre. Aunque hay quien pueda pensar que este episodio actualmente carece de importancia o que no ha tenido trascendencia, sólo hay que pensar una cosa: los devastadores efectos que hubiera tenido la explosión en caso de haber acontecido en una zona poblada. Por ello, y por tratar de evitar que algo similar ocurra en el futuro, el evento de Tunguska es de suma importancia.

Fuentes:

  • El evento de Tunguska – Cien años después. Articulo online, sin firmar por autor, del portal de Ciencia de la NASA. 30 de junio de 2008.
  • Jackson IV, A. A., y Ryan, M. P.: Was the Tungus event due to a black hole. Reino Unido: N. p., 1973. doi:10.1038/245088a0.
  • Lang. B.: The Astapovich-Whipple-Fessenkov (AWF) hypothesis and the mechanism of the Tunguska explosion. Un artículo para el Departamento de Química, de la Universidad de Varsovia (1979) que se encuentra en la base de datos: SAO/NASA Astrophysics Data System, Universidad de Harvard

© 2007 (actualizado 2022). Autor: Marco Antonio Martín García. Todos los derechos reservados. Prohibido el uso comercial y la reproducción total, o parcial, de este texto sin la autorización y el consentimiento previo del autor.
https://senderosdelahistoria.wordpress.com

Anuncio publicitario