Los últimos de Filipinas

Los últimos de Filipinas, un nombre mítico que evoca una de las páginas más gloriosas del ejército español. Lo últimos defensores de las últimas posesiones españolas en ultramar, los últimos representantes de la tradición de la infantería española: nunca retroceder, nunca rendirse. Lo últimos defensores del honor español en la mas injusta guerra que ha sufrido España. ¿Pero quiénes eran los últimos de Filipinas? Este artículo pretender dar a conocer la historia de estos héroes anónimos y ponerles nombre y apellidos.

El 23 de Abril de 1898 el presidente de EEUU, Mac Kinley, declaró la guerra a España con objeto de apoderarse de las últimas posesiones españolas en América y del estratégico archipiélago de Filipinas, su excusa fue la explosión del acorazado “Maine” en la bahía de la Habana, explosión provocada por los propios estadounidenses para tener una excusa que les permitiera declarar la guerra a España.

Las islas Filipinas y Cuba se encontraban desde hacia años en guerra para obtener la independencia de España .Los diversos movimientos insurgentes aplaudieron la intervención de EEUU, pensando que obtendrían la independencia tras el conflicto. Pero el conflicto, lejos de darles la independencia, significó únicamente un “cambio de amos”, pasaron de pertenecer a España a pertenecer a EEUU. Tras la rápida y contundente destrucción de su escuadra en Cavite, Cuba, España se vio imposibilitada de continuar la guerra y firmó la paz de París. En este contexto surge la figura de los últimos de Filipinas, los últimos de Filipinas era un destacamento aislado de soldados que no se enteró del fin de la guerra y que siguió combatiendo en su puesto durante casi un año.

El 21 de Agosto de 1896 se inició la revuelta independista en Filipinas, inspirada por el poeta José Rizal y bajo el mando militar de los caudillos Andrés Bonifacio y Emilio Aguinaldo. La campaña se prolongó durante años debido a la tenacidad de los valerosos dirigentes insurgentes y acabó con la debil tregua de Biac-nabac-tó. El 2 de Febrero de 1898 llegó a Baler, población situada a 232 kilómetros al noroeste de Manila, en la costa oriental de Luzón, un destacamento de 50 hombres al mando del teniente Juan Alonso y de Saturnino Martín Cerezo, junto al médico militar Rogelio Vigil Quiñónez, un sanitario y el capitán de Las Morenas como comandante político del distrito. Su misión era revelar a la anterior guarnición y defender el puesto en caso de ruptura de la tregua existente tras la paz de Biac-nabac-tó firmada con los insurgentes.

El 27 de Junio de 1898 se rompió la tregua aprovechando los rebeldes la intervención de EEUU y el destacamento al ver que en Baler se levantaban los campesinos, se atrincheró en la iglesia de piedra del pueblo, con todas las municiones y alimentos que pudo, para defenderse de los ataques de los insurgentes, izando la bandera española en el campanario. A partir de ese momento los españoles serán sitiados por los insurgentes tagalos filipinos.El 30 de ese mismo mes es herido de bala en el talón de un pie el primer español, el cabo Jesús García Quijano.

En Julio, y tras rechazar los acercamientos de los insurgentes, la guarnición se dedicó a mejorar las condiciones de la Iglesia, construyendo un pozo y reforzando las defensas con varias trincheras. Es de destacar los números trucos y engaños que usaron los insurgentes para hacer salir a los españoles, trucos y engaños que harán que cuando las noticias verdaderas del fin de la guerra lleguen no sean creídas.

En Agosto y ante la presión del asedio constante, los asaltos, la humedad y la disentería se producirá la deserción del soldado Jaime Caldentey, que será abatido de un disparo desde el campanario de la Iglesia al ser visto el día siguiente a su deserción. Los españoles aguantan los disparos, los cañonazos y los asaltos de los insurgentes liderados por el coronel Calixto Villacorta, que alterna la acción militar contra los españoles con la guerra psicológica para minar la moral de los soldados y obtener su rendición. Una de estas acciones psicológicas es envían a los párrocos españoles López y Minaya a convencer a los que estaban dentro de que se rindan. Los párrocos quedarán retenidos por orden de Las Morenas. Manila había caído el 7 de agosto en manos del almirante Dewey tras un simulacro defensa por parte del general español Jáudenes.

Tras tener que aguantar los asaltos y la terrible humedad y calor los sitiados se encuentran con otro problema: la enfermedad del beriberi, enfermedad provocada por la falta de vitaminas, que acaba en Octubre con la vida del teniente Juan Alonso Zayas. Ese mismo mes se producen otros 5 muertos entre ellos el capitán Las Morenas, también muerto por beriberi. Los insurgentes continúan su táctica de alternar los asaltos con la guerra psicológica, llegando al punto de llevar mujeres desnudas a la vista de la guarnición para tentarles a que se rindan. Pero los españoles aguantan todo dentro del claustrofóbico ambiente de la iglesia, rodeados de enfermedad, muerte y humedad.

El 12 de Diciembre de 1898 se firma la paz de París, en la que España reconoce su derrota y vende el archipiélago de las Filipinas a los EEUU por 20 millones de dólares. Pero nadie se acuerda de los sitiados en Baler, que sin saber que su patria les ha olvidado y que están luchando en una guerra perdida siguen esperando la llegada de un destacamento que les libere del sitio a que están sometidos. Para estas fechas las enfermedades han hecho presa en al mayoría de los soldados, que aguantan como pueden. La suma por muertos de beriberi asciende ya a 11 y la comida se les acaba.

A mediados de Diciembre el cabo Olivares y 14 soldados, realizan una exitosa salida en la que hacen arder medio pueblo para distraer la atención de los sitiadores y conseguir así víveres de una huerta cercana a la iglesia, comida que incluye la tan necesaria fruta para vencer al beriberi.

El día de Navidad los insurgentes mandan a un capitán español que había sido prisionero de guerra y a un fraile para convencer a los de dentro de que la guerra ha terminado y que deben salir. Pero los sitiados piensan que es un nuevo truco de los tagalos y no se lo creen. Otro intento de los insurgentes para convencer a los españoles de que se rindan es llevarles periódicos de Manila y de España, pero los sitiados creen que son periódicos falsificados.

En febrero se produce un nuevo intento de convencer a los sitiados de que abandonen la lucha con la llegada de el capitán Olmedo, amigo del difunto Las Morenas, pero el Teniente Martín Cerezo, enamorado de su papel de héroe homérico, no se lo cree. Ese mismo mes se produce otro intento de deserción por parte de dos soldados que son encarcelados en el batipsterio de la pequeña iglesia. La siguiente tentativa de hacerles rendirse la llevará a cabo el buque estadounidense Yorktown, pero nuevamente fracasará. Al ver que no entraban en razón, los tagalos lanzaron furiosos y durísimos ataques contra la iglesia que fueron rechazados valientemente por los españoles.

Otro nuevo intento de hacerles desistir en una lucha inútil, ya que la guerra se perdió hace mucho, lo lleva a cabo el teniente coronel Aguilar, pero los de dentro imbuidos en plena psicosis tras meses de un infernal encierro en la pequeña iglesia se piensan nuevamente que es un engaño, pese a que Aguilar les deja unos periódicos del Imparcial de Madrid.

A finales de Junio los de dentro ya no albergan esperanzas de ser rescatados por algún regimiento español y deciden hacer una salida para abrirse paso a sangre y fuego hasta llegar a Manila o morir dignamente en el campo de batalla, victoria o muerte, no ven más solución. Antes de partir, el teniente Martín Cerezo ordena fusilar a los desertores encarcelados en el batipsterio. Pero antes de partir el teniente Cerezo observa que en “el Imparcial” viene una noticia sobre un conocido suyo que sabe que no puede ser falsificada y en ese instante “ve la luz”. Martín Cerezo capitula ante la inutilidad de continuar resistiendo, ya que la guerra terminó hace meses. El teniente y los 33 supervivientes abandonan libremente la iglesia. Llegando a España meses después y convirtiéndose en “Los últimos de Filipinas”, la última muestra del orgullo español, la terquedad, el valor y sobre todo el honor de un pueblo, prefiriendo morir a rendirse. Soldados que vivieron un autentico infierno, atacados por cientos de rebeldes, soportando cañonazos, enfermedades, hambre y sobre todo el clima claustrofóbico de la pequeña iglesia. Un sacrificio que en la práctica no valió de nada, pero que sirvió para lavar el honor perdido en la desastrosa guerra contra los Estados Unidos.

Los que más perdieron fueron los filipinos, soñaban con la libertad y llevaban años muriendo por ella, pero su sueño se convirtió en pesadilla al ver que simplemente habían cambiado un amo por otro más poderoso y contra el que nada podía hacer militarmente. La independencia de Filipinas tendría que esperar largos años. Para los españoles “Los últimos de Filipinas” es una de las páginas más gloriosas de nuestra historia, pues representan a la gente que es fiel a un ideal y lo defiende hasta el fin, gente que elige el duro camino del honor cueste lo que cueste, gente que no se rinde.

© 2007 – Autor: Marco Antonio Martín García

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Categorías: Grandes Batallas de la Historia, Historia Moderna y Contemporánea | Etiquetas: , , | Deja un comentario

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