España en guerra contra Perú y Chile, 1866

Un episodio de la historia de España desconocido para la mayoría es la guerra de España contra Perú y Chile a mediados del siglo XIX. Un conflicto que España emprendió para demostrar su poderío y lavar su honor tras la perdida de las colonias de América, un conflicto absurdo como pocos, una guerra desatada por orgullo y por honor que no reportó beneficios a ningún bando. Una autentica pelea entre honorables caballeros que se acabó una vez se satisfizo el honor de los dos bandos. Una guerra olvidada, ya que nadie la perdió y nadie la ganó, pero que merece la pena recordar y aprender de ella.

El reinado de Isabel II (1843-1868) fue un reinado muy convulso en política interior y en que internacionalmente se buscó devolver a España al círculo de las grandes potencias. Para lograr volver a ser una potencia España recompuso su marina de guerra comprando varios buques modernos y poderosos y además modernizó el ejército. Tras estas reformas Isabel II buscó conflictos donde sacar beneficio político y económico de este nuevo poderío naval y militar. Estos conflictos neo-colonialistas se mantuvieron con Marruecos principalmente, al cual se venció en 1860, obteniendo varias compensaciones económicas y beneficios territoriales. Además de Marruecos, España participó en las campañas francesas en Indochina y en México y se anexionó Santo Domingo. La siguiente etapa de este neo-colonialismo que pretendía devolver la gloria pasada a España era Sudamérica, donde había “cuentas que ajustar” con las antiguas colonias.En 1862, Isabel II aprobó el envío a Sudamérica de una expedición de estudio “científico” formada por tres navíos de guerra bajo las órdenes del vicealmirante Luís Hernández Pinzón, descendiente de los Pinzón, contralmirantes de Colón en el descubrimiento de América. Pero tras la “expedición científica” se ocultaba una operación encaminada a conseguir tratados comerciales y servir de apoyo a varias reclamaciones de empresarios españoles que residían en Sudamérica. El 18 de abril de 1863, la expedición española arribó al puerto de Valparaíso, en Chile, iniciando un periplo por Chile y que continuó en Perú en julio de ese año, visita durante la que empezaron a surgir conflictos. España no mantenía relaciones diplomáticas con Perú ni había reconocido su independencia, pero las relaciones entre ambos países no eran de enfrentamiento. El 2 de agosto de 1863, se desató un incidente en la hacienda peruana de Talambo entre inmigrantes vascos y agricultores peruanos, como resultado del cual un ciudadano español resultó muerto y otros cuatro quedaron heridos. Enterado de estos sucesos, el vicealmirante Pinzón, que se encontraba camino de EEUU, regresó al Perú a toda maquina. Una vez de vuelta en Perú, el almirante aprovechó el incidente para presentar exigencias al gobierno de Perú y pedir compensaciones por el mismo.

El gobierno de Perú, comunicó al vicealmirante que el asesinato era un asunto interno, que seria resuelto por la justicia. Pero el gobierno español aprovechó el incidente para presentar otras reclamaciones, como la exigencia del pago de deudas originadas en las guerras de independencia entre España y sus colonias de América. Además el gobierno español se permitió el insulto de mandar a un comisario (funcionario colonial) a negociar y no a un embajador como correspondía a negociaciones entre dos países soberanos.

Las negociaciones entre ambos países se interrumpieron y el 14 de abril de 1864 la flota española como medida de presión se apoderó de las islas “Chincha”, donde se encuentran los importantísimos depósitos de guano; la principal riquezas de Perú en la época. España utilizaría las islas como elemento de presión para tratar de conseguir sus demandas, aunque también se estudió la posibilidad de canjeárselas a los británicos por Gibraltar. Además de ocupar las islas el almirante Pinzón también impuso un bloqueo en el Callao, principal puerto de Perú, para aumentar la presión sobre el país. Viendo que la “extorsión” al gobierno peruano (por que no se de que otra forma denominar a la actuación de España) estaba dando frutos, Narváez, al cargo del gobierno de la época, envió cuatro barcos más para reforzar la flota española de Pinzón y además mandó al vicealmirante Juan Manuel Pareja, hijo de un oficial realista muerto en la guerra de la independencia de Perú, para que tomara el mando, un hombre que odiaba a muerte a los culpables de la muerte de su padre.

El almirante Pareja tras arduas negociaciones con el general peruano Vivanco, consiguió la firma el 27 de febrero de 1865 del Tratado Vivanco-Pareja, por el cual se satisfacían las demandas españolas. El acuerdo sin embargo, no fue aprobado por el Congreso y exaltó los ánimos patrióticos de la gente surgiendo una revolución nacionalista en Arequipa. España para reforzar mas aún su posición el Pacifico envió a la zona a la fragata Numancia, al mando de Méndez Núñez, uno de los barcos más poderosos de la época.

El conflicto de España con Perú había alarmado a los otros países de la zona, Bolivia, Ecuador y Chile, que temían un neo-colonialismo, un intento de restaurar el antiguo imperio español en la región. La afluencia de voluntarios chilenos a Perú para combatir en un posible conflicto y la negativa de Chile a abastecer de carbón a la flota española ocasionó un nuevo conflicto diplomático entre España y Chile. El almirante Pareja partió con cuatro fragatas hacia Valparaíso en Chile para pedir explicaciones, mientras la Numancia y otra fragata continuaban bloqueando el Callao en Perú. El almirante Pareja llegó a Valparaíso el 17 de septiembre de 1865, a bordo de su buque insignia, el “Villa de Madrid”, para empezar a entablar negociaciones y según el almirante para reestablecer el honor español, exigió que el pabellón español fuera saludado con una salva de honor 21 cañonazos. Los orgullosos chilenos se negaron a tan absurda condición de saludar la bandera y una semana después estalló la guerra.

Pareja no contaba con tropas suficientes como para intentar un desembarco y se dedicó a imponer un devastador bloqueo económico en los principales puertos chilenos que arruinó a muchos empresarios chilenos y neutrales. El 26 de noviembre de 1865 llegó al poder en Perú el líder del movimiento nacionalista, el general Mariano Ignacio Prado. El cual lo primero que hizo fue declarar su solidaridad con Chile y declarar la guerra a España. Mientras acontecía esto en Perú, el almirante Pareja había sufrido varios reverses en su bloqueo de los puertos. El almirante estaba muy presionado, era consciente de que se había extralimitado en sus funciones al provocar una contienda con Chile no prevista por el gobierno español. A estos reveses en la efectividad del bloqueo se unió la perdida de la corbeta “Virgen de Covadonga”, apresada en una brillante acción por la corbeta chilena “Esmeralda”. Al día siguiente de conocer la noticia el almirante Pareja se vistió con el uniforme de gala y se pegó un tiro en la cabeza en su camarote. La muerte del almirante Pareja supuso el ascenso del formidable marino Méndez Núñez a contralmirante, asumiendo el mando de la flota.

Perú y Chile, tras firmar un tratado de alianza frente a España juntaron sus escuadras para formar una flota común que pusieron al mando del chileno Manuel Blanco Encalada. Chile además tenía varios barcos en construcción en Gran Bretaña con los que contaba para atacar el tráfico mercante español, ya que estaban a punto de ser acabados.

La intención del flamante contralmirante Méndez Núñez era hundir a la flota aliada cuanto antes aprovechando la supremacía de sus naves. Gran parte de la flota aliada se estaba concentrando en el astillero de Abtao. Descubiertos por los españoles, Méndez Núñez mandó dos naves españolas, la “Reina Blanca” y la “Villa de Madrid” el 16 de enero de 1866, con la misión de hundir todas las naves enemigas posibles. Tras un infructuoso cañoneo la refriega acabó en empate al no poder destruir los españoles a la flota aliada, ya que estaba en aguas poco profundas, y asimismo tampoco poder destruir los aliados a los barcos españoles. Tras esto y al no poder contar con tropas de desembarco, Méndez Núñez intentó de nuevo forzar un combate en mar abierto con la flota aliada pero no tuvo éxito, ya que la flota aliada se había refugiado en el fondeadero de Huito, al que no podían acceder los barcos españoles. Además del fracaso en destruir la flota conjunta la armada española se encontraba con el peligro de los dos barcos chilenos fabricados en Europa que apresaban o hundían cualquier barco español que aparecía a su vista.

Tras no poder destruir a la escuadra enemiga el almirante Méndez Núñez optó por bombardear los principales puertos enemigos: “Valparaíso” en Chile y “El Callao” en Perú. Los comandantes de las naves de países neutrales en aguas chilenas, al enterarse de la decisión española de arrasar la ciudad de Valparaíso intentaron mediar en el conflicto, ya que era una ciudad indefensa al no disponer de defensas costeras. Inclusive el general Kirkpatrick, representante norteamericano y ex-general de caballería de la guerra de Secesión exigió al comodoro Rodgers, que estaba anclado con su escuadra en Valparaíso que atacase a la fragata Numancia para equilibrar la contienda. Sin embargo Rodgers se opuso a ejecutar cualquier acción que pudiera desencadenar una guerra entre su país y España. Cuando Méndez Núñez se enteró de las intenciones de Kirkpatrick, manifestó a Rodgers que si por algún motivo movía sus naves para proteger Valparaíso: “Me veré obligado a hundirlos, porque inclusive así me quede un barco procederé con el bombardeo. España, la Reina y yo preferimos el honor sin barcos que barcos sin honor”.

El 31 de marzo de 1866, la flota española tomo posición frente a Valparaíso y abrió fuego con un total de 138 cañones. La ciudad fue bombardeada sin misericordia, durante tres horas interminables el escuadrón español descargó 2,600 proyectiles, destruyendo almacenes, un viejo fuerte, la estación de ferrocarril y otros edificios públicos. Los daños a Valparaíso ascendieron a 14 millones de pesos, la mitad de los cuales correspondía a propiedades de países neutrales.

Tras esto la flota española, emprendió rumbo a Perú con la intención de bombardear el Callao, la plaza costera más fortificada de la zona. Todo el mundo pensaba que atacarlo era una locura y aguardaban expectantes, convencidos de la derrota española,ya que “El Callao” contaba con 96 cañones de gran calibre. Tras seis horas de duelo artillero la flota española consiguió una victoria completa. Cuando terminó el combate, sólo tres piezas peruanas seguían disparando, la torre blindada de defensa había sido destruida y el ministro de guerra peruano había muerto. En el bando español sufrieron daños casi todas las naves, murieron 43 marinos y 157 resultaron heridos, entre ellos el propio Méndez Núñez. Tras este bombardeo inútil la flota española partió el 10 de mayo hacia Filipinas y no hubo más combates, acabando la contienda España de forma unilateral una vez satisfecho su honor con el bombardeo de los dos puertos, bombardeo que demostraba que España era de nuevo potencia, aunque de segunda fila. Perú y Chile planearon un tiempo vengarse y atacar la Península Ibérica, contratando a un antiguo almirante estadounidense de la flota sudista, pero numerosas desavenencias impidieron que esos planes fraguaran y al final la cosa se quedo como estaba, en un absurdo conflicto que todos ganaron y ninguno perdió. Un intercambio de golpes que la historia se encargaría de olvidar.

© 2007 – Autor: Marco Antonio Martín García

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Categorías: Historia Militar y Grandes Batallas | Etiquetas: , | Deja un comentario

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