Pearl Harbor,1941

El ataque a la base militar de Pearl Harbor, el 7 de Diciembre de 1941, fue una obra de arte militar, los japoneses sorprendieron al mundo al destruir en un ataque por sorpresa a la flota estadounidense del Pacífico. Pearl Harbor significó la entrada de EEUU en la Segunda Guerra Mundial, una entrada en la guerra deseada desde hacía tiempo por el presidente Roosevelt, pero que se había visto frenada por la opinión publica de su país, contraria en su mayoría a la guerra. Pearl Harbor consumó los deseos de Roosevelt y los EEUU entraron en guerra contra el Eje, dispuestos a liderar a los aliados hacia la victoria final.

En 1868 comenzaba en Japón la era “meiji”, una época de gobierno ilustrado mediante la cual Japón abandonará el feudalismo samurai en que se encontraba y se modernizará rápidamente, convirtiéndose en pocos años en una potencia expansionista y belicosa. En 1871 Japón se apropia de las islas Kuriles, en 1895 arrebata militarmente la isla de Formosa a China y en 1905 derrota al Imperio Ruso en Port Arthur, arrebatándoles varias posesiones.

Tras la Primera Guerra Mundial (1914-19), Japón y EEUU se alzaron como las dos únicas potencias dominantes en Asia, con lo cual estaban destinadas a enfrentarse para obtener el dominio absoluto de la zona. La exitosa expansión japonesa en Asia había creado un fuerte nacionalismo en el país y a partir de 1932 el ejército y sociedades secretas ultra nacionalistas como la “Tosei-ha” empezaron a tomar el control sobre Japón, desbancando a los partidos políticos. La nueva casta militarista tendrá su máximo representante en Hideki Tojo, general de ejército que había obtenido varios éxitos en la guerra iniciada contra China en 1937 y que era miembro fundador de la “Tosei-ha”. Tojo irá ascendiendo en el gobierno hasta ocupar el cargo de primer ministro dos meses antes del ataque a Pearl Harbor. Tojo y los ultras nacionalistas deseaban crear en Asia una “Esfera de Coprosperidad”, es decir deseaba el dominio total de un Asia libre de extranjeros occidentales, el lema del Japón imperialista era: “Asia para los asiáticos”.

En EEUU gobernaba Franklin Delano Roosevelt, un convencido demócrata que odiaba los totalitarismos y que políticamente intentaba relanzar económica y socialmente al país tras la crisis provocada por la “Gran Depresión”. Al estallar la Segunda Guerra Mundial, Roosevelt se decantó como firme partidario de Inglaterra y Francia en su lucha contra el Eje, pero la ley de neutralidad le impedía actuar abiertamente en apoyo de estas. Roosevelt por tanto apoyó a los aliados sólo con ayudas económicas y envío de material bélico, aunque estaba deseando poder intervenir militarmente. El nacionalismo japonés y sus relaciones con la Alemania nazi y la Italia fascista servirían a la perfección a los planes del presidente para provocar un conflicto que movilizara a su opinión pública, marcadamente aislacionista, a favor de la entrada en la Segunda Guerra Mundial. Roosevelt decidiría provocar un conflicto con Japón que sirviera para frenar el expansionismo japonés y su proyecto de crear un imperio asiático y además como pretexto para poder declarar la guerra a los aliados de Japón: Alemania e Italia. La única condición para entrar en guerra era que EEUU no podía atacar primero, ya que la opinión pública no lo aceptaría. EEUU atacaría primero, pero usando otro tipo de armas: la diplomacia y el bloqueo económico contra Japón.

Los primeros choques entre ambos países surgieron por el apoyo solapado de EEUU a la china nacionalista de Chiang-Kai-Check en la guerra que sostenía contra Japón, que intentará cortar la ayuda norteamericana por todos los medios diplomáticos sin obtener éxito. El siguiente desencuentro se produjo tras el embargo de metales que impuso EEUU a la industria japonesa tras el pacto de este país con Alemania e Italia. Un paso más en la provocación sería la interrupción del suministro de petróleo a Japón tras la invasión de Indochina por tropas japonesas. EEUU pretendía que Japón abandonara sus conquistas en China e Indochina, evacuara todas sus fuerzas militares y reconociera políticamente el régimen chino de Chiang Kai Chek, además de la firma de varios tratados económicos que beneficiaban claramente a EEUU, de no cumplir estas premisas, EEUU continuaría su asfixiante bloqueo económico contra Japón. Bloqueo al que se sumó la congelación de todos los haberes japoneses existentes en EEUU y Gran Bretaña el 26 de Julio de 1941. Roosevelt y sus consejeros sabían que sus condiciones abocaban a la guerra con toda seguridad, por ello el almirante Stark y el general Marshall mandaron un mensaje de alerta a todas las bases norteamericanas en el Pacífico y el Sudeste Asiático. A esto se unió un aumento de la producción bélica de la industria norteamericana, que crecía agigantadamente, siendo un potente motor económico para el país. El 5 de noviembre de 1941, Hideki Tojo, que había alcanzando el poder en Octubre, reveló a su círculo interno los planes para atacar a EEUU ante la imposibilidad de que las negociaciones llegaran a buen puerto.

El plan japonés para entrar en guerra fue trazado bajo la supervisión el general Suguiyama, el almirante Nagoya y sobre todo del almirante Yamamoto, jefe de la flota japonesa y el mejor estratega japonés. El plan se basaba en destruir la flota de EEUU, invadir los principales países asiáticos suministradores de materias primas y crear un perímetro defensivo aeronaval que fuera inexpugnable y defendiera el imperio japonés. Un plan basado en la defensa y que no ofrecía soluciones para obtener la victoria, un plan que subestimaba la voluntad de lucha de los occidentales y el concepto de guerra total, basado en la eliminación absoluta del contrario, que estos utilizaban. Los japoneses tenían un fuerte sentimiento de superioridad sobre los “débiles occidentales” y estos prejuicios se habían plasmado en un plan totalmente ridículo en mi opinión, un plan que subestimaba a la mayor potencia industrial de la época y la mentalidad ganadora de un país joven como EEUU. El 26 de Noviembre de 1941, los dos países se reunieron para intentar resolver sus diferencias, pero fracasadas las conversaciones diplomáticas, los dos prepararon el camino hacia la guerra. EEUU sabía, gracias a la eficacia de sus servicios de inteligencia, que la base de su flota del Pacífico, situada en la ciudad de Pearl Harbor, Hawai, era un objetivo prioritario en un posible ataque japonés. Ya el 24 de septiembre de 1941, antes de que las negociaciones fracasaran, interceptaron mensajes japoneses que señalaban la base de Pearl Harbor, como objetivo militar. Posteriormente se interceptaron mensajes el 2 de Diciembre que avisaban de una posible declaración de guerra japonesa el día 6 de Diciembre por la tarde. El mismo día 2 de Diciembre, los japoneses mandaron el mensaje: ”Subid al monte Niitaka” al almirante Nagumo, que con los portaviones ”Akagi”,”Kaga”,”Sotyu”,”Kiryu”,”Sokaku” y ”Zuikaku” estaba a 300 kilómetros de Pearl Harbor. El mensaje era la confirmación para el ataque aeronaval contra Pearl Harbor. Curiosamente, el almirante Kimmel, jefe de la flota norteamericana en Pearl Harbor, no fue advertido de estos mensajes, algo que posteriormente fue muy criticado, ya que parece que Roosevelt tenía tantas prisas por entrar en guerra que no quiso hacer nada para evitar o prevenir el ataque.

El plan de ataque japonés contra Pearl Harbor fue diseñado por el contralmirante Lusaka y por el almirante Yamamoto. El plan se basaba en atacar por sorpresa la flota norteamericana del Pacifico, que estaba casi en su totalidad anclada en la bahía de Pearl Harbor. Para ello se usarían aviones torpederos y mini submarinos desplegados desde una pequeña flota, basada en 6 portaviones, una flota que pudiera pasar inadvertida en su larga singladura hasta su objetivo y con el suficiente poder aeronaval para arrasar los barcos enemigos. Todo el plan se basaba en la sorpresa, si la flota era descubierta por los norteamericanos estos podrían destruirla fácilmente, desplegando a sus acorazados y cruceros bajo la protección de los aviones de los aeródromos de Hawai. El plan japonés dependía pues de un hilo, pero contaba con la ventaja de tener la mejor flota del mundo en esa fecha. Los japoneses habían entendido rápidamente que el portaviones era el barco fundamental en la guerra moderna, ya que permitía atacar blancos muy distantes sin arriesgar el barco en un duelo a cañonazos. Para los japoneses el arma preferida en un conflicto naval era el torpedo, y eran maestros en el uso de estos, diseñando incluso aletas de madera que impedían el hundimiento normal de un torpedo y hacían su recorrido más breve, para poder así usar torpedos en la bahía de Pearl Harbor.

Los aviones japoneses despegaron a las 6 de la mañana del domingo 7 de Diciembre de 1941 para hundir la flota norteamericana anclada en Pearl Harbor. Antes de llegar a su objetivo, a las 6:35, el buque norteamericano “Ward”, hundió un mini submarino que intentaba infiltrarse en el puerto de Pearl Harbor, pero su mensaje de radio no llegó a tiempo de avisar a la base. Tampoco fue de mucha utilidad la estación de radar, ya que confundió la primera oleada de aviones japoneses con unos B-17 que tenían prevista su llegada ese día.

La Flota norteamericana del Pacífico se componía de 127 buques, de los cuales 94 estaban anclados en Pearl Harbor, entre ellos ocho potentes acorazados: “Pennsylvania”, “Arizona”, “Nevada”, “Oklahoma”, “Tennessee”, “California”, “Maryland”, “West Virginia”; y ocho cruceros: “New Orleáns”, “San Francisco”, “Raleigh”, “Detroit”, “Phoenix”, “Honolulu”, “St. Louis” y “Helena”. Los modernos portaaviones “Lexington”, “Enterprise” y “Saratoga”, joyas de la flota del Pacifico, se hallaban en alta mar con rumbo a diferentes destinos en las bases de la isla de Wake y en Midway. La base de Pearl Harbor disponía de 31 baterías antiaéreas y de aviones en aeródromos cercanos para defenderse de ataques aéreos, pero al no esperar un ataque ese día, solo cuatro baterías antiaéreas de las 31 estaban en posición y además sólo la cuarta parte de los ciento ochenta cañones antiaéreos de la Flota disponían de su dotación.

La primera oleada de aviones japoneses se componía de 183 aparatos, al mando del capitán de fragata Fuchida. La segunda oleada despegó a las 7:15 de la mañana y se componía de 170 aparatos. La sorpresa fue total y los aviones japoneses bombardearon y torpedearon la base y la flota a placer, sin apenas resistencia. En el primer ataque el acorazado “Arizona” recibió el impacto de varias bombas de 800 kilos y segundos después se partía en dos, el acorazado “Oklahoma” recibió el impacto de tres torpedos y se hundió también en segundos con 415 hombres atrapados dentro. Bombas y torpedos llovían sobre todos los barcos norteamericanos, incendiando y dañando gravemente a la mayoría.

La primera oleada de aviones que participó en el ataque sólo había sufrido la pérdida de 9 aparatos de los 183 que la componían, la segunda oleada, en cambio, sufrió la pérdida de 20 aviones, al no contar con el elemento sorpresa, 12 de estos 20 aviones japoneses perdidos en este segundo ataque, fueron derribados por 7 cazas norteamericanos, que fueron los únicos aparatos estadounidenses de la isla que lograron despegar antes de ser destruidos en tierra. El aumento de bajas hizo que el almirante Nagumo descartara enviar una tercera oleada, temeroso de perder demasiados aviones y encontrarse en desventaja con los portaviones americanos que se habían librado del ataque. Además de los 29 aviones perdidos, los 5 mini submarinos que intentaron atacar el puerto fueron hundidos fácilmente, demostrando ser completamente ineficaces. En total los japoneses sufrieron 55 bajas entre muertos y prisioneros.

Los americanos habían sufrido en el ataque 2403 muertos, 1778 heridos y la pérdida de varios barcos de la flota, los acorazados: “Arizona”, “Oklahoma”, “West Virginia” y “California” habían sido hundidos y los otros 4 acorazados se encontraban severamente dañados. También fueron hundidos 3 destructores, 3 fueron dañados gravemente, 3 cruceros fueron severamente dañados y varios buques menores se fueron a pique durante el ataque. A esto se sumaba la pérdida de 183 aviones destruidos y 63 dañados.

Pero el ataque de Nagumo, pese a ser un éxito y toda una innovación en la guerra naval, no obtuvo todos los buenos resultados que hubiera podido obtener, ya que al no lanzar nuevas oleadas de aviones permitió que 70 buques norteamericanos se salvaran y sobre todo que los importantísimos depósitos de combustible, que abastecían a toda la flota del Pacifico, resultaran indemnes. Lo peor para Nagumo y los japoneses era que los 3 portaviones se habían salvado y que varios de los buques hundidos serían reflotados en los meses posteriores y participarían activamente en la guerra. La falta de improvisación japonesa y el miedo de Nagumo a perder más pilotos habían convertido lo que debería haber sido un golpe mortal a la flota del Pacífico en una simple herida.

A Pearl Harbor siguieron los ataques japoneses a las principales bases de EEUU en la isla de Wake, Guam, Filipinas… y a las bases británicas, francesas y holandesas del sudeste asiático. Una auténtica marea que seguía eficazmente los planes de conquista de los territorios vitales para abastecer de materias primas a la industria nipona y montar su tan deseado perímetro defensivo. Pero la miopía japonesa había despertado a un gigante, EEUU se alzó como un solo hombre en marcha hacia la venganza. El ataque “por sorpresa” y sin previa declaración de guerra, había indignado al pueblo norteamericano sobremanera. El 7 de Diciembre de 1941 sería a partir de entonces conocido por “El día de la infamia”, el odio hacia Japón se extendería y Roosevelt tendría por fin su ansiada entrada en la guerra, se convertiría en un cruzado de la Democracia en la lucha contra los totalitarismos. Pero hoy en día la objetividad de los nuevos historiadores deja la figura de Roosevelt un poco tocada, ya que se da por hecho que conocía los planes japoneses para atacar Pearl Harbor y no quiso hacer nada por impedir el ataque a la base y evitar la inútil muerte de tantos jóvenes marinos y soldados. La cruzada de Roosevelt necesitaba mártires para reforzar la moral del pueblo norteamericano en el camino hacia la guerra, por ello todos los medios de comunicación y Hollywood se pusieron manos a la obra para crear “El día de la infamia” e inflamar de odio y ganas de venganza a los anteriormente apáticos ciudadanos. Finalmente Japón se convirtió en la palanca para que EEUU entrara en una guerra que en un día pasó de ser europea a mundial. Los japoneses estaban cegados por su orgullo y su complejo de superioridad, eso les impidió juzgar adecuadamente las intenciones de EEUU y se metieron por ello en la boca del lobo. Una vez en guerra su plan de perímetro defensivo demostró ser una quimera. Una y otra vez los estrictos planes japoneses, su falta de improvisación e imaginación y su fanatismo militar les llevaron de derrota en derrota hasta que el trágico y criminal lanzamiento de las bombas atómicas de Hiroshima y Nagasaki puso fin a la Segunda Guerra Mundial y cambió el mundo para siempre.

© 2007 – Autor: Marco Antonio Martín García

Anuncios
Categorías: Grandes Batallas de la Historia | Deja un comentario

Navegador de artículos

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Crea un blog o un sitio web gratuitos con WordPress.com.

A %d blogueros les gusta esto: