Carlos Hathcock, 1942-1999

Carlos Norman Hathcock II fue el mejor francotirador del Cuerpo de Marines de Estados Unidos durante la Guerra de Vietnam. Sus 93 muertes confirmadas y las dificultades y peligros que superó durante sus misiones de combate a través de la jungla le convirtieron en toda una leyenda. Una de estas muertes la consiguió a la increíble distancia de 2.286 metros, todo un record que “Pluma Blanca”, como era apodado Hathcock entre los marines, conservó durante 35 años. Sus éxitos hicieron que el vietcong ofreciera 30.000 dólares por su cabeza, enviando a decenas de francotiradores a su caza, pero Hathcock sobrevivió a todos estos duelos demostrando una habilidad no vista en Occidente desde la Segunda Guerra Mundial. La propaganda norteamericana convirtió a Hathcock en el más admirado Marine de los últimos tiempos, destacando su “impecable comportamiento, su sentido del honor y el compañerismo que demostró siempre”…pero Hathcock no era un superhéroe, era un cazador de hombres.
Hoy en día, su nombre sigue abatiendo enemigos, ya que tras su muerte se creó en su honor una variante del fusil de precisión M21 llamado M25 “White Feather” o “Pluma Blanca”.


Carlos Norman Hathcock II nació el 20 de mayo de 1942 en Geyer Springs, en el estado de Arkansas, EEUU. Tras el divorcio de sus padres, Carlos fue a vivir con su abuela a la Arkansas rural. Allí, viviendo solo, rodeado de bosques y de una naturaleza salvaje, Carlos aprendió a disparar y a cazar desde muy joven, quizás para olvidar a sus padres y como el mejor medio para evitar la soledad. Para sus cacerías, Carlos usaba el fusil que su padre se “había traído” de su participación en la Segunda Guerra Mundial. Según él mismo, cuando estaba en el bosque, Hathcock imaginaba ser un infante de marina combatiendo contra los nazis, a los cuales ponía mucho esmero en abatir.

El 20 de mayo de 1959, a los 17 años, Carlos cumplió su sueño infantil, ya que consiguió alistarse en la Infantería de Marina de EEUU, los celebres “Marines”. Carlos fue destinado al “Campo Pendleton”, para iniciar el periodo de instrucción junto a los demás jóvenes reclutas. Una vez allí, sus instructores se dieron cuenta rápidamente de la gran valía del joven. Carlos era el mejor tirador que habían visto en años y decidieron fomentar su adiestramiento como tirador de élite o “marksman” en inglés. Tras acabar su adiestramiento, Carlos fue asignado a la Compañía E del 2 º Batallón del 4º Regimiento de Marines, con sede en Hawái.

Mientras cumplía su servicio en Hawái, Carlos ganó el campeonato de tiro de la División de Marina del Pacífico, demostrando que, gracias a su entrenamiento, se había convertido en uno de los mejores tiradores de Estados Unidos. Después de su estancia en Hawái, fue destinado a servir en la base de los Marines de Cherry Point, Carolina del Norte, donde realizó una nueva hazaña de tiro, al conseguir con sus disparos 248 puntos de los 250 posibles, una marca que aún no ha sido batida.

El 20 de noviembre de 1962, se casó con Jo Winstead, quien le dio un hijo, que pasará a convertirse en Carlos Norman Hathcock III, el cual también seguiría la tradición familiar y se alistaría en los Marines al cumplir la mayoría de edad.

Tres años después, Carlos conseguiría una nueva alegría, al convertirse en el aplastante ganador de la prestigiosa Copa Wimbledon de Tiro a Larga Distancia, disputada en el Campo Perry, y en la que participaban más de 3.000 soldados. Carlos ganó este torneo con un magnífico disparo que impactó en su objetivo a 1.000 yardas. Sin embargo, la alegría no duraría mucho: ese mismo año comenzaba la intervención norteamericana a gran escala en Vietnam, iniciándose una terrible guerra que marcaría a EEUU de por vida.

El ejército norteamericano, o “US Army”, entró en la guerra de Vietnam sin un solo francotirador en sus filas y sin fusiles que pudieran usarse para tales fines. Una grave desventaja, teniendo en cuenta que el Vietcong y el Ejército de Vietnam del Norte, seguidores de la doctrina militar soviética, hacían un gran uso de francotiradores armados con los efectivos fusiles de cerrojo Mosin-Nagant y Máuser Kar 98k, armas que, tras aplicárseles miras telescópicas, habían dado muy buenos resultados en la Segunda Guerra Mundial.

La infantería de Marina de EEUU o “Marines”, era un cuerpo aparte, dependiente de la Marina Norteamericana o “US Navy” y, por tanto, seguía sus propias normas militares. Los Marines tenían entre sus filas gente entrenada en el disparo a larga distancia y lo único que necesitaban era encuadrarlos en unidades especiales de francotiradores y fusiles que les permitieran disparar efectivamente a largas distancias.

Para resolver el problema de los fusiles, el alto mando decidió comprar fusiles de caza Winchester M70 del calibre 30, a los que se acoplaba una mira Unertl de 8 aumentos procedente de los excedentes de la Segunda Guerra Mundial. Estos fusiles eran capaces de alcanzar blancos a más de 1.000 metros y eran muy precisos pero, debido a su alto coste, los Marines dejaron de comprarlos y optaron por comprar el Remington 700 de cañón pesado y calibre de 7,62mm, dotado con la mira Redfield de 3 por 9 aumentos, un arma menos potente pero que tenía un gran alcance y su excelente mira soportaba los elevados niveles de humedad de la selva vietnamita sin empañarse. Una vez que se disponían de excelentes armas solo faltaba comprobar si el factor humano estaba a la altura…

En 1966, Hathcock, que comenzó su despliegue en Vietnam como Policía Militar, fue trasladado a una unidad de francotiradores por iniciativa del capitán Edward Jim Land, un hombre empeñado en dotar de francotiradores a cada pelotón de Marines. En poco tiempo, se convirtió en todo un experto francotirador, al que los enemigos denominaban “Long Trang” o “Pluma Blanca”, por la costumbre de Carlos de llevar una pluma blanca en su sombrero mientras se dedicaba a “cazar” enemigos con su Winchester M70.

La 3ª División de Marines, a la que estaba asignada el 4º regimiento de Marines al que pertenecía Hathcock, estaba desplegada en la “Zona Táctica del Cuerpo I”, un área enorme que comprendía el terreno desde la Zona Desmilitarizada en el paralelo 17º, que dividía Vietnam del Norte con Vietnam del Sur, hasta las Provincias Altas Centrales. Esta zona, dominada por la estratégica ciudad de Da Nang y habitada por casi 3 millones de vietnamitas, era la zona de combate más peligrosa para los norteamericanos por su cercanía a la frontera con Vietnam del Norte y a las principales arterias de la “Ruta Ho Chi Min”, ruta de suministros que surcaba Laos llevando suministros y armas al vietcong. Una zona infestada de enemigos, y en la que Carlos ganaría recibiría su bautismo de fuego.

Las ordenes de la 3ª División de Marines eran las de seguir la estrategia impuesta por el general en jefe de EEUU en Vietnam, William C Westmoreland, de “Search and Destroy”: localizar y destruir al enemigo. La primera participación de Hathcock en este tipo de misiones será durante la limpieza de enemigos la zona de arrozales de “Due Pho”, una amplia zona agrícola dominada en solitario por la alta colina “Due Pho”, a la cual tuvo que subir para vigilar los movimientos enemigos y abatir blancos de “oportunidad”.

Desde la colina se podían alcanzar blancos a distancias impresionantes pero, para ello, necesitaba un arma de mayor alcance que su Winchester 70. Por ello, decidió usar como fusil de francotirador una ametralladora Browning M2 del calibre 50, a la que había colocado un visor Unertl y modificado para disparar tiro a tiro en vez de ráfagas automáticas, algo realmente insólito en la época y sumamente efectivo, ya que la M2 tenía efectividad a distancias de más de 2.000 metros. Tan efectivo fue su invento, que promovió el desarrollo de fusiles de francotirador pesados que usaran el calibre 50 como munición antipersonal y antiequipo. Éste fue el origen de los fusiles de francotirador de hoy en día.

Con su M2 y ubicado en un estrecho saliente que dominaba todo el valle, Hathcock era capaz de abatir enemigos a grandes distancias como si fueran patos en un juego de feria. Los vietcong ni siquiera veían de donde provenían los disparos y tuvieron la torpeza táctica de no mandar tropas a ocupar la colina, así que Carlos no tuvo muchos problemas para continuar su cacería.

En su primera misión en esta colina, abatió un correo del vietcong que transportaba en las alforjas de su bicicleta varios AK-47, granadas, y ristras de municiones. Cuando una patrulla de Marines fue a recuperar las armas y a examinar el cadáver, descubrieron que el correo vietcong muerto era un niño de tan solo 12 años, el cual fue enterrado en esa misma zona por unos campesinos.

Carlos, en su descargo, cuenta que cuando estaba a punto de abatirle, observó que el correo vietcong era un niño, así que cambió de opinión y en vez de dispararle al cuerpo disparó a la bicicleta, rompiéndo el cuadro e inmovilizándola. Para su desgracia, el niño vietcong, en vez de marcharse asustado como esperaba Carlos, cogió rápidamente un AK-47 y empezó a dispararle, demostrando una gran práctica y poniéndole en serios apuros. Finalmente, Carlos no tuvo más remedio que abatirle para salvar su vida, un hecho que, según él, le marcó de por vida. Charles Henderson, en su biografía sobre Carlos Hathcock, titulada “Marine Sniper” dice sobre el tema: “los niños en la guerra crecen demasiado rápido y los marines mueren igual de las balas disparadas por niños de 12 años que de las disparadas por hombres maduros”.

Esta versión “oficial” de los hechos no parece sostenerse: por lógica, parece más probable que Hathcock matara al niño en su primer disparo y sin siquiera percatarse de que era un niño. La gruesa bala del calibre 50 pudo ser capaz de atravesar el cuerpo del niño y el metal de la bicicleta al mismo tiempo. Por otro lado, debido al camuflaje usado por Hathcock y a la distancia a la que se encontraba, (mas de 1.000 metros) se hace difícil creer que el niño pudiera siquiera verlo, y más complicado aún que pudiera ponerle en apuros disparándole con un fusil automático, como era el AK-47, cuyo alcance efectivo no supera los 400 metros.

La operación de limpieza de Due Pho continuó hasta finales de febrero de 1967, siendo culminada con una gran operación de cerco y destrucción del vietcong que se saldó con más de 100 enemigos muertos y otros cientos de prisioneros. Para Carlos ese fue un día de “trabajo duro”, a primeras horas de la mañana abatió un par de soldados vietcong que pretendían huir del cerco de los marines.

Al atardecer y como esperaba Hathcock, conocedor de su presa como pocos, otros vietcong intentaron escapar del cerco de los Marines a sus aldeas y túneles. Hathcock vio como uno de estos soldados vietcong fugitivos se detenía a beber agua de bruces en el canal de un arrozal. El vietcong no tuvo tiempo de acabar de beber, pues un formidable disparo de Hathcock le voló la cabeza. El vietcong muerto estaba a una distancia de 2.500 yardas, unos 2.286 metros, y con su muerte, Hathcock consiguió el mayor disparo a larga distancia realizado hasta entonces.

El récord conseguido por este disparo de Hathcock, 2.286 metros, estuvo vigente hasta 2002, cuando fue roto durante la “Operación Anaconda” por el francotirador canadiense Rob Furlong, que abatió a un miliciano talibán a 2.430 metros.

Tras conseguir este récord y con el final de la operación de búsqueda y destrucción en Due Hoc, Hathcock tuvo que devolver su M2 al pelotón de ametralladoras de su batallón y volver a usar el Winchester 70 como fusil de francotirador.

Su siguiente acción de envergadura será en el denominado por los marines como “Valle del Elefante”, un valle situado al noroeste de Da Nang. Para entonces, Carlos ya era sargento y tenía un compañero, el francotirador-observador John Burke, con el que formaba un mini equipo de “Exploradores”. En una patrulla de largo recorrido a lo largo del Valle del Elefante, ambos francotiradores se toparon con toda una compañía de jóvenes soldados norvietnamitas, unos 150 hombres. Según Burke, Carlos exclamó al verlos: “It’ll be goooood hunting”, (será una bueeeena cacería). Acto seguido, ordenó a Burke prepararse para abatir a cuantos enemigos pudiera y tener la radio encendida por si era necesario contactar con la artillería para lanzar un ataque de cobertura. En su primer disparo, Carlos abatió al comandante enemigo que avanzaba a la cabeza de sus tropas. Burke disparó al mismo tiempo su M-14 automático con mira telescópica, matando a otro soldado. Los soldados norvietnamitas no supieron reaccionar, eran incapaces de ver de dónde habían salido los disparos pues, pese a que la pareja de marines estaba a tan solo 100 metros, su perfecto camuflaje les hacía invisibles a los ojos de los novatos. Un tercer disparo acabó con un suboficial que intentaba reorganizar la compañía. Tras esto, los jóvenes soldados emprendieron una apresurada huida en busca de cobertura, mientras los disparos de Carlos y Burke conseguían derribar a varios soldados rezagados.

Después de este primer éxito, Carlos y Burke rechazaron el contraataque de 8 soldados enemigos, los cuales acabaron abatidos mientras cargaban a ciegas contra la pareja de francotiradores. Una vez superado el problema, ambos francotiradores cambiaron de posición, subiéndose a la falda de una montaña cercana para flanquear al resto de sus enemigos y seguir causándoles bajas con un mejor ángulo de tiro. La compañía de soldados enemigos estaba tan asustada que no abandonó su cobertura en todo el día, esperando la noche para escapar, pero Hathcock esperaba este movimiento y con la ayuda de bengalas consiguió descubrirles en su huida y abatir a varios de ellos, obligando al resto a volver a cobijarse. Un segundo intento de los norvietnamitas por escapar acabó igual de mal. Las bengalas disparadas por la artillería de apoyo iluminaron la noche como si fuera un día de verano y permitieron a Hathcock abatirles fácilmente. Después, los soldados enemigos decidieron cargar en masa contra los francotiradores, los cuales no se daban a basto para derribarles. Finalmente, los norvietnamitas detuvieron su carga ante el gran número de bajas y se volvieron a esconder, pasando el resto de la noche a cobijo. La situación, increíblemente, continuó durante 4 días más, con Carlos y Burke acechando a unos 100 norvietnamitas supervivientes que seguían escondidos esperando una oportunidad para escapar.

El quinto día, cuando Hathcock estaba a punto de tirar la toalla y regresar a la base, ya que no tenía comida ni agua, los norvietnamitas intentaron de nuevo emprender la huida a cobijo de la noche. Esta vez lo hicieron mejor, un grupo avanzaba mientras el otro grupo les cubría disparando, Hathcock abatió a unos cuantos, pero el fuego de cobertura creció en intensidad y le obligó a replegarse junto a Burke mientras les perseguían los norvietnamitas. Tras abatir a algunos enemigos más, Hathcock tuvo que solicitar por radio fuego de artillería para poder escapar y alcanzar su base.

Los norvietnamitas que sobrevivieron al fuego de artillería fueron capturados posteriormente por patrullas de Marines, que comprobaron la gran impresión y el terror que les había causado Carlos Hathcock. Su hazaña de detener a 150 hombres durante cinco días, acabando con más de 60 enemigos en compañía de Burke, le hizo famoso en todo el ejército norteamericano. Como se ha mencionado antes, éste y otros éxitos similares le hicieron ser apodado por sus enemigos “Long Trang” o “Pluma Blanca”, por la pequeña pluma de color blanco que siempre llevaba Hathcock en su sombrero de camuflaje.
El gran número de enemigos que Carlos abatió durante sus incesantes misiones impresionó tanto a los altos mandos del Ejército de Vietnam del Norte, que ofrecieron una recompensa de 30.000 dólares por su cabeza y enviaron a sus mejores francotiradores a cazarlo.

Hathcock no paraba nunca quieto, era tal su pasión por la caza de enemigos que sus superiores le tenían que obligar a la fuerza a descansar en la base. Otra de sus misiones más emblemáticas fue la caza de la “Apache”, una francotiradora vietcong, experta en contrainteligencia, que había causado un tremendo impacto en los marines que defendían la base ubicada en la denominada Colina 55, localizada al sur de Da Nang. Sus certeros disparos, realizados con un fusil Mosin-Nagant con mira PU de 3,5 aumentos habían abatido a varias docenas de marines y soldados survietnamitas.

A esto, se sumaban las crueles torturas que infringía a los prisioneros que capturaba cada noche, torturas espeluznantes, con mutilación y despellejamiento incluidos, que desmoralizaron enormemente a los soldados norteamericanos de la zona. La Apache era tan peligrosa, que, para acabar con ella, fue necesario enviar en su busca a los cinco mejores francotiradores de los Marines: Carlos Hathcock, su compañero, el cabo John Burke, el sargento James Wilson, el sargento Charles Roberts, y el sargento mayor Donald Reinke. Un equipo selecto que estaría comandado por el mismísimo adiestrador de la escuela de francotiradoresde los Marines: el capitán Jim Land.

El plan de Jim Land era sencillo, dividiéndose en grupos de dos, buscarían a la Apache en las zonas donde solía haber concentraciones de vietcongs. Hathcock, como tenía costumbre, exclamó: “será una bonita cacería”. En su primer día de búsqueda tuvieron que enfrentarse a varias patrullas enemigas y a un fuego mortífero de ametralladoras que los cogió por sorpresa mientras cruzaban un río, resultando herido Donald Reinke. El volumen de fuego era tal que les obligó a retirarse a toda velocidad, salvando la vida por los pelos. Al día siguiente la Apache y sus vietcongs volvieron a actuar, emboscando a una patrulla de marines, a la que causaron 4 muertos y dos heridos.

Poco después, Hathcock vio personalmente como la Apache torturaba cruelmente a un prisionero en la distancia, cortándole los genitales. Land prohibió a ninguno de sus hombres ayudar al prisionero, advirtiéndoles de que eso era lo que precisamente quería la Apache, hacerles salir para emboscarlos y causarles nuevas bajas. Hathcock, asqueado por lo visto, grito: “I want Her!” (Es mía).

En la siguiente ocasión, Hathcock y Land consiguieron encontrarla, o mejor dicho, ella les encontró. Viendo que solo eran dos hombres, decidió organizar una operación para capturarlos y montar una emboscada contra las patrullas que fueran en su ayuda. La Apache no sabía que esos dos hombres habían visto sus movimientos…

Al verla a lo lejos, Jim Land pensó que lo mejor sería solicitar un ataque de artillería sobre su posición, sin embargo los impactos de artillería no consiguieron matarla. La Apache entró en pánico al verse rodeada de explosiones y corrió justo directamente hacia la posición donde estaban los francotiradores, pese a las advertencias de sus hombres. Hathcock no desperdició la ocasión: su primera bala la destrozó la espina dorsal y la clavícula, la segunda bala alcanzó sus órganos vitales y acabó con su vida. Hathcock había conseguido vengar a los suyos y había dado un durísimo golpe al vietcong, acabando con una de sus oficiales más competentes y feroces. La leyenda de “Pluma Blanca” creció tanto que pocos soldados vietcong se atrevían a patrullar por la zona donde actuaba Hathcock.

Tras acabar con la Apache, Hathcock participó en la “Operación Río Blanco”, cubriendo el avance de sus compañeros en las operaciones de limpieza de la zona cercana a la colina 55. Estas operaciones convencionales no eran del agrado de Hathcock, pero pronto tuvo suerte, fue requerido por el alto mando para una misión especial: matar a un francés que asesoraba al vietcong en labores de inteligencia, y escapar de la zona rápidamente. Hathcock cumplió su objetivo fácilmente, llegó en helicóptero, mató de un único disparo a su objetivo y escapó sin ser visto. Un éxito completo que impresionó al Alto Mando.

Su siguiente gran duelo será contra un francotirador enviado por el alto mando norvietnamita para matarle. El francotirador se anunció con un disparo contra la puerta del dormitorio de Hathcock en la base de los Marines en la Colina 55. Hathcock, en vez de sobresaltarse, se alegró de tener un nuevo rival, pero su alegría duro poco, pues el francotirador enemigo abatió seguidamente a un marine al poco tiempo y durante los siguientes días se convirtió en un grave peligro, al abatir a bastantes marines sobre la colina.

El servicio de inteligencia descubrió que el francotirador en cuestión era uno de los mejores hombres de Vietnam del Norte, un hombre experto en el combate en la jungla, en la cual era capaz de sobrevivir durante días comiendo ratas y serpientes… En poco tiempo las continuas bajas que causaba le hicieron granjearse el apodo de “Phantom Slayer” (asesino fantasma).

El alto mando, que había dejado a Hathcock en la reserva ante el temor de que fuera asesinado y su muerte sirviera propagandísticamente al enemigo, le permitió por fin salir a la caza del “Phantom Slayer”, acompañado de John Burke, que para entonces se había convertido en el segundo mejor francotirador de los Marines. Tras arrastrarse silenciosamente, ambos hombres encontraron la posición del francotirador enemigo, un refugio camuflado con ramas en una colina cercana. Hathcock sospechó de inmediato que el refugio era una trampa, si se aproximaban a él, serían abatidos por el francotirador enemigo, oculto en alguna otra parte. Así que Hathcock localizó una buena posición de disparo y se puso a buscar al enemigo, súbitamente, una bandada de pájaros emprendió el vuelo y Hathcock descubrió debajo al francotirador enemigo, ataviado con un uniforme marrón y empuñando un Mosin-Nagant. Antes de poder dispararle, el hombre cambió de posición, tratando de rodear a Hathcock y Burke y obligándoles a su vez a moverse.

Mientras se desplazaban, el norvietnamita apareció de repente disparando a Burke y escondiéndose de nuevo. Burke se salvó de milagro: la bala impactó en su cantimplora, reventándola. Mientras el norvietnamita se preparaba para realizar un nuevo disparo, Hathcock vio un destello de luz en los arbustos, se giró rápidamente y disparó. Su bala penetró por la mira telescópica del norvietnamita, entrando por el ojo hacia el cerebro del enemigo y matándole en el acto. Un increíble disparo que sólo es explicable porque en aquel momento el norvietnamita estaba apuntándole a él. Si Hathcock hubiera tardado un segundo mas en disparar, él habría sido el muerto. A las felicitaciones de Burke por tan increíble disparo, Hathcock sólo murmuró: “one shot, one kill” (un disparo, un muerto).

La última misión de envergadura de Hathcock fue otra misión especial, encargada directamente por el Alto Mando: el asesinato de un general del Ejército Norvietnamita en una peligrosa zona cerca de la frontera con Vietnam del Norte. Hathcock sólo se enteró de su objetivo cuando el helicóptero le dejó en la zona de operaciones. Después de cuatro días buscando a su presa, escondiéndose de las patrullas enemigas, por fin tuvo una oportunidad y nuevamente de un solo disparo acabó con el general enemigo. Tras escapar de los soldados que salieron en su busca, pudo huir del lugar en helicóptero.

Acabada esta peligrosa misión, Hathcock regresó a los Estados Unidos a principios de 1968. Sin embargo, añoraba estar en la jungla, los combates y la subida de adrenalina así que, en 1969, regresó a Vietnam para tomar el mando de un pelotón de francotiradores. Pero esta vez no tuvo suerte, su carrera acabó antes de empezar. Mientras viajaba hacía Khe Sanh, el vehículo en el que se trasladaba chocó contra una mina antitanque. Hathcock sobrevivió al impacto y, de inmediato, se puso a rescatar al resto de sus compañeros atrapados en el interior. Consiguió sacar del vehículo a siete marines, pero en su último viaje de rescate acabó envuelto en llamas, sufriendo graves quemaduras en el 46% de su cuerpo.

Esta valiente acción fue recompensada con la “Estrella de Plata”, la medalla al valor, y con el “Corazón Purpura”, la medalla que reciben los heridos al servicio de la patria. Sin embargo, quedó malherido y tardó mucho tiempo en recuperarse. Tras recuperarse de sus heridas, se dedicó a enseñar sus tácticas en la Escuela de Francotiradores de los Marines en Quantico, Virginia.

En 1975, sufrió un duro golpe, se le diagnosticó esclerosis múltiple, una enfermedad incurable y degenerativa que fue menguando su salud progresivamente. En 1979, debió abandonar los Marines, cuando tan solo le faltaban tres meses para los 20 años que le permitirían cobrar una pensión de jubilación completa.

Un duro golpe propinado por los burócratas que le sumió en una profunda depresión, agravada por su refugio en el alcohol. Tras superar su depresión, Hathcock trabajó desde los años 80 entrenando a los francotiradores de los SWAT o fuerzas especiales de la policía de Virginia.

El 23 de febrero de 1999 Hathcock perdió su guerra contra la esclerosis, falleciendo en su casa de Virginia. Con su muerte moría el hombre y nacía el mito de Pluma Blanca. El libro, “Marine Sniper”, de Charles Henderson, en el que se narra la biografía de Hathcock y sus principales hazañas en Vietnam, recibió una inusitada demanda tras la muerte del famoso francotirador, alcanzando el medio millón de ejemplares vendidos. Ese mismo libro ha sido mi principal fuente a la hora de escribir este artículo.

Para finalizar me quedo con el párrafo preferido de Carlos Hathcock, escrito por Ernest Hemingway: “Certainly there is no hunting like the hunting of man, and those who have hunted armed men long enough and like it, never really care for anything else thereafter.” (“Ciertamente no hay caza como la caza del hombre, y aquellos que han cazado hombres armados el tiempo suficiente y lo han disfrutado, nunca se preocuparán por nada más.”).

© 2009 – Autor: Marco Antonio Martín García
Todos los derechos reservados.

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Categorías: Biografías: Guerreros y Militares | 3 comentarios

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3 pensamientos en “Carlos Hathcock, 1942-1999

  1. blas

    maravilloso…

    no sera como el de la peli de tom berenger…

    creo que este estuvo en el repitor en navidad…

    Me gusta

  2. Pingback: Historia de los Francotiradores « SENDEROS DE LA HISTORIA

  3. Hathcock fue un tipo que no conocía el miedo, un verdadero “son of a gun”. Quizá la única que le hizo preocupar un poco fue esa mujer vietcong, “La Apache”. Una mujer que mata a tantos hombres y se hace temer de tal manera, merece mi respeto. ¡Vaya que me hubiera encantado conocer a esa “Apache” y tener relaciones íntimas con ella!

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