La Guerra de Crimea, 1853-1856

La Guerra de Crimea es un dramático conflicto entre el Imperio Zarista y el Imperio Turco, apoyado por Francia e Inglaterra. Una guerra que frenó los deseos expansionistas de la Rusia Imperial hacia el Mediterráneo y Oriente Medio y que permitió sobrevivir al moribundo Imperio Turco. La Guerra de Crimea es también una guerra marcada por batallas sangrientas y por errores militares, como la famosa “Carga de la Brigada Ligera”, durante la Batalla de Balaclava, quizás el más famoso error militar de la historia moderna. Pero, además de eso, es el culmen de la última cruzada que pretendió recuperar los Santos Lugares.

Tradicionalmente el Imperio Ruso se consideraba sucesor del Imperio Bizantino, o Imperio Romano de Oriente, imperio que los zares rusos soñaban con restablecer algún día, avanzando para ello hacia el Mediterráneo y recuperando para la fe ortodoxa los Santos Lugares de Palestina y Jerusalén, que se hallaban desde la Edad Media en poder de los turcos. El Imperio Turco no había sabido adaptarse a la modernidad del siglo XIX y sus vastos territorios eran una codiciada presa para varias potencias, entre ellas Rusia, que bajo el zar Nicolás I tomó la decisión de declarar la guerra a los débiles turcos y capturar el estrecho del Bósforo, liberando también Grecia y los Balcanes.

En 1853 el zar Nicolás I exigió al Sultán turco que le cediera la protección sobre todos los ortodoxos que habitaban el Imperio Otomano. Obviamente el Sultán se negó a aceptar esta desmedida petición y con esta excusa estalló la guerra ruso-turca. Tras romperse las negociaciones el Sultán turco fue el primero en atacar a los ejércitos Rusos en el frente del Danubio, pero los rusos eran tremendamente superiores en entrenamiento y armamento y destrozaron a los turcos, hundiendo su flota en la batalla de Sinop, el 30 de noviembre de 1853. La pérdida de su flota dejaba a Turquía indefensa y permitía a los rusos desembarcar a placer en cualquier lugar de sus costas.

El rápido avance ruso ante los débiles turcos y su fulgurante invasión de Moldavia y Valaquia motivaron la preocupación de las otras potencias europeas, temerosas de que el equilibrio de potencias que gobernaba Europa se rompiera a favor de los rusos con la ocupación por parte de éstos de los vastos territorios del Imperio Turco. Napoleón III de Francia se consideraba “protector” de los cristianos católicos dentro del Imperio Turco y, como tal, pidió a Rusia que retirara sus tropas y entablara negociaciones de paz con Turquía. Francia y el Reino Unido, interesado a su vez en “proteger” al Imperio Otomano, enviaron una flota hacia el estrecho de los Dardanelos para obligar a Rusia a negociar una salida al conflicto. Los representantes de las grandes potencias de Europa se reunieron en Viena para llegar a un acuerdo sobre el conflicto y obligar a Rusia a ceder algo de terreno, impidiendo así la debacle total del Imperio Turco. Es decir, Francia e Inglaterra querían una parte del enorme pastel que conformaban los vastos territorios del Imperio Turco y que trataba de comerse Rusia por si sola. Las propuestas de acuerdo rusas fueron aceptadas por Austria y Prusia, pero rechazadas por Turquía, el Reino Unido y Francia. Una vez rotas las conversaciones sólo quedaba una salida al conflicto: la guerra total

El 25 de Marzo de 1854 la coalición entre Francia, el Reino Unido y el Reino de Piamonte declaran la guerra a Rusia y mandan un cuerpo expedicionario a la península de Gallípoli, en Turquía, para ayudar a los turcos a recuperar los territorios perdidos en el Danubio. Las tropas expedicionarias avanzaran exitosamente hasta Bulgaria, obligando a los rusos a abandonar el sitio de la ciudad de Silistria, pero luego se verán frenados ante la ciudad de Dobrudja, donde la enfermedad de “el cólera” diezmará su ejército.

Viendo que no podían avanzar más en ese frente y buscando un golpe de efecto que obligara a Rusia a firmar la paz, los aliados se lanzaron a la audaz invasión de la península de Crimea, en suelo ruso y defendida por la ciudad-fortaleza de Sebastopol. La colación franco-británica desembarcó un ejercito de 59.000 hombres en Crimea que derrotó a los ejércitos rusos que defendían la península en la “batalla de Alma”, avanzando tras esta victoria hacia Sebastopol, la cual pusieron bajo asedio. Los aliados se habían conformado con la victoria de Alma y ni siquiera intentaron tomar al asalto Sebastopol después de la victoria, limitándose a atrincherarse frente a la ciudad, con lo cual los rusos tuvieron tiempo de sobra para preparar las defensas y organizar fuerzas de rescate encargadas de liberar a la ciudad de su asedio.

El primer intento ruso de romper el asedio de Sebastopol se saldó con la “Batalla de Balaclava”, librada el 25 de Octubre de 1854, batalla en la que se produjo la famosísima “Carga de la Brigada Ligera”, en la que los 600 hombres de la Brigada de Caballería Ligera se equivocaron de dirección en su avance y cargaron por error hacia las posiciones rusas a través de un estrecho valle dominado en sus alturas por las baterías de cañones rusas, las cuales dispararon desde todos lados sobre las tropas británicas, que fueron masacradas, sobreviviendo menos de un centenar de hombres y dejando para la posteridad la famosa frase de “hacia el valle de la muerte cabalgaron los 600”. Pese a este error, la batalla de Balaclava fue favorable a los aliados, ya que los rusos no consiguieron romper el cerco de Sebastopol.

El siguiente intento de romper el asedio fue en la “Batalla de Inkerman” el 5 de Noviembre de 1854, una sangrienta batalla caracterizada por confusos enfrentamientos a la bayoneta entre la densa niebla de Crimea que causaron miles de bajas y que se saldó con la derrota de los ejércitos rusos, que tuvieron que abandonar Sebastopol a su suerte, incapaces de romper el cerco aliado. Tras esta nueva victoria aliada llegó el invierno de 1854-55 y la detención de las combates a campo abierto, reanudándose de nuevo la guerra de asedio. Con la llegada de la primavera de 1855 se reanudaron lo combates para tomar la ciudad de Sebastopol y los aliados, después de una dura batalla, consiguieron tomar las fortificaciones del “Cerro Verde”, en los intentos de tomar los fuertes de la “Gran Torre Malakov” y el “Gran Redan”.

Pasado un año de asedio, de durísimos combates y asaltos, y de soportar enfermedades y un durísimo clima, el 8 de Septiembre de 1855 se produjo un asalto final que produjo la caída de Sebastopol, los aliados fueron rechazados “in extremis” por los soldados rusos, pero el gobernador de Sebastopol vio que era imposible seguir resistiendo y ordenó quemar la ciudad y retirarse por el puerto. La guerra de Crimea finalizó tras la ocupación de Kinburn y de Orchacov en Octubre de 1855. Rusia había sido derrotada y frenada en sus aspiraciones imperialistas, sufriendo unas 50.000 bajas en el conflicto, entre muertos, heridos y bajas por enfermedad. Los aliados por su parte habían ganado, pero a un altísimo precio, ya que entre Francia y Gran Bretaña sumaban unas 75.000 bajas entre muertos, heridos y bajas por enfermedad y las bajas de Turquía superaban las 80.000.

Con esta derrota y la pérdida de Crimea, Rusia se avino a firmar el Tratado de París el 25 de Febrero de 1856, tratado por el cual perdió sus posesiones en el Danubio y Besarabia. Por su parte Napoleón III puso a Francia como la potencia hegemónica en el continente y Gran Bretaña detuvo el avance ruso hacia sus intereses en el Mediterráneo y Oriente Medio. Pero la gran perdedora del conflicto fue Turquía, que tuvo inmensas pérdidas durante el conflicto y pasó a depender de la “protección” y la ayuda económica de Francia y Gran Bretaña. El Imperio Turco se convirtió en un “muerto viviente”, un imperio que subsistía por la intervención de potencias extranjeras y que tras la Primera Guerra Mundial se rompería en mil pedazos, dando lugar al surgimiento de nuevos países y a la Turquía moderna. La guerra de Turquía fue una guerra de ambiciones, una partida de ajedrez entre las potencias europeas, una apuesta en la que miles de hombres murieron para satisfacer el desmedido orgullo y ambición de sus gobernantes. Entre tanta tragedia y muerte, lo único a destacar es la actuación de Florence Nightingale, quien ayudó a desarrollar la enfermería moderna con las innovaciones que descubrió atendiendo como enfermera a los heridos de la Guerra de Crimea.

Fuentes:
The Crimean War, del autor John Sweetman, editorial Osprey

Mapa:
Inkerman, 1854, del autor Patrick Mercer, editorial Osprey

© 2007 – Autor: Marco Antonio Martín García

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Categorías: Historia Militar y Grandes Batallas | 16 comentarios

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16 pensamientos en “La Guerra de Crimea, 1853-1856

  1. flaite2.0

    muy bueno el articulo, felicitaciones para el autor

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  2. Hugo Magallan

    Bueno el articulo, aunque creo que para estos temas, y para los que queremos saber los detalles mas a fondo, debieron incluirse algunos mapas, en este caso en particular, de la guerra de Crimea, para ubicar bien y con detalles tanto los avances y las disposiciones de los bandos beligerantes, como de los lugares exactos de las principales batallas, sobre todo la de Sebastopol y la de la muy famosa batalla de balatlava.
    Felicitaciones al autor.

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  3. lstmar

    El articulo esta muy bien pero le falta algo más.

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  8. En primer lugar, felicitarte por la excelente síntesis y por todos los interesantísimos artículos que escribiste, los iré leyendo de a poco. Quería consultarte si entre las fuentes que consultaste pudiste hallar algún mapa o descripción física de la Fortaleza de Sebastopol en sí al tiempo de la Guerra de Crimea (puesto que sabemos que luego la posición sería nuevamente objetivo militar en la revolución rusa y durante la Segunda Guerra Mundial).

    Me interesaría mucho conocer del sistema defensivo de Sebastopol en 1854 (trincheras, artillería, construcciones militares, etc.).

    Cordiales saludos !

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  12. “La guerra de Turquía fue una guerra de ambiciones, una partida de ajedrez entre las potencias europeas, una apuesta en la que miles de hombres murieron para satisfacer el desmedido orgullo y ambición de sus gobernantes.” Donde pone Turquía se pueden poner tantas cosas…

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